    
    
  HIELO Y FUEGO
    
    
    
    
 DIANA PALMER
    
      
      
    
    
Como si se tratara de una de las heronas de sus libros, la autora de best sellers Margie Silver estaba dispuesta a aceptar el reto que le planteaba Cal Van Dyne, un arrogante millonario que se opona a que su hermano pequeo se casara con la hermana de Margie. sta, por el contrario, estaba convencida de que esa boda deba celebrarse; lo que no esperaba era el cnico juego de amor en el que el empresario iba a intentar envolverla al llegar a su lujosa finca de Florida. De pronto Margie estaba jugndose el futuro de su hermana... y el suyo frente a un apasionado oponente acostumbrado a obedecer nicamente sus propias reglas. Esta vez, sin embargo, haba encontrado una adversaria a su medida.




(c) 1983 Diana Palmer. Todos los derechos reservados.
HIELO Y FUEGO, N 44 - 1.1.05
Ttulo original: Fire and Ice

Uno
    
    
    
    
    
    Margie Silver saba muy bien que iba a atraer las miradas de los comensales masculinos que cenaban en aquel restaurante tan selecto de Atlanta en el que se hallaba sentada, esperando. El color de su vestido de seda, un verde muy vivo, era de por s llamativo, pero lo verdaderamente imponente era el corte: de manga larga, ceido y con un escote muy pronunciado, en pico, que bajaba casi hasta la cintura, rodeada por un ancho cinturn. Unido a la melena negra y a los ojos verdes de Margie, el efecto de aquel vestido era explosivo. La falda tena una abertura lateral que suba hasta encima de la rodilla y dejaba entrever las piernas, largas, cubiertas por unas medias muy finas que enfundaban tambin los pies, pequeos y calzados con zapatos negros de tacn alto, muy sexys.
    Bebi un sorbo de su ginger ale. Los dedos de Margie, que en ese momento sujetaban el vaso, eran largos, de pianista. Llevaba las uas pintadas de rosa. Aunque tena el aspecto de una modelo de alta costura, en realidad se ganaba la vida escribiendo novelas romnticas de tipo histrico bajo el seudnimo de Silver McPherson, una autora muy famosa. No le estaba permitido mencionarlo esa noche, porque semejante revelacin caera como un jarro de agua fra sobre el nuevo amor de su hermana Jan. Margie tena el presentimiento de que aquella invitacin a cenar tan de ltima hora encubra un cara a cara con el futuro cuado de Jan, el ricachn, y haba elegido ese vestido tan llamativo con el deseo expreso de provocar.
    Frunci los labios, irritada. Cuando Jan la haba llamado esa tarde, estaba escribiendo y se hallaba en medio de una escena especialmente difcil. Su hermana le haba rogado que estuviera en el restaurante a las siete; eran las siete y media y no haba ni rastro de Jan. Estaba furiosa.
    Cambi de postura y se mir el vestido de seda con expresin divertida. Jan iba a quedarse horrorizada: le haba explicado que los Van Dyne eran muy conservadores en cuanto a las formas, y tambin lo que pensaba el hermano mayor de las mujeres llamativas y estridentes. Haba advertido a su hermana mayor que se mostrara comedida, y le haba sugerido que se vistiera como una monja. As que Margie, naturalmente, como detestaba que le dieran rdenes, haba sacado del armario el vestido ms llamativo y se haba maquillado como una vedette.
    Le brillaban los ojos slo con imaginarse cmo reaccionara Jan, para no hablar de Andrew Van Dyne y su hermano mayor. Si lo que Jan haba pretendido era crear un encuentro improvisado entre ellos, se iba a divertir de lo lindo.
    "Por favor, Margie, comprtate como una adulta", deca Jan, refunfuando, cada vez que le daba por hacer una de sus extravagancias, como colocar una estatua de Venus, completamente desnuda, delante de su casa, cuando saba que la pobre seora James, su vecina, pasaba un apuro tremendo cada tarde al cruzar por all para ir a regar sus propias plantas. Por lo menos en la foto de la solapa de su ltima novela, Ardiente pasin, apareca slo su cara. Haba amenazado a Jan con fotografiarse en salto de cama, y su hermana le haba asegurado que, si se atreva a hacer tal cosa, emigrara y se marchara a vivir a otro pas.
    Pero ella seguira viviendo como le apeteciera y urdiendo nuevas maneras de escandalizar a Jan. Su matrimonio, que haba sido muy breve, estaba en el origen de aquel modo de comportarse suyo tan alocado. Las extravagancias eran su manera de protegerse del mundo y encubrir su vulnerabilidad. Su marido haba muerto en accidente dos meses despus de la boda, y para ella haba sido casi un alivio, pues ya para entonces haba perdido toda sus ilusiones en lo que se refiere a la intimidad con un hombre y al matrimonio. Haba aprendido la leccin: uno no conoce de verdad al otro hasta que no convive con l, y tena buenas razones para recordarlo.
    En aquella poca, con apenas veinte aos, crea realmente que estaba enamorada de Larry Silver. l era joven y, aparentemente, tena un carcter agradable, y una prometedora carrera de abogado. Haban salido unas cuantas veces, luego se casaron y pronto descubrieron que eran incompatibles. Larry muri al cabo de dos meses en un accidente de avin, y ella, ms que destrozada, se senta culpable. Haban transcurrido cinco aos y desde entonces Margie no se tomaba nada demasiado en serio. Tomarse las cosas en serio era un suicidio mental, sola decirle a Jan, aunque a menudo pensaba que su hermana menor no se dejaba engaar por su aparente superficialidad.
    Dio otro sorbo a su ginger ale y suspir. Si Jan y Andy no aparecan en los diez minutos siguientes, se marchara. Faltaba apenas un mes para la fecha lmite que le haba marcado su editor, no tena tiempo para andar saliendo a cenar con desconocidos. A pesar de que saba que su hermana estaba cada vez ms encariada con Andy, no tena el menor de deseo de conocer al hermano de ste.
    Mir a su alrededor, se senta como si hubiera cado en una trampa. Saba que "el ricachn", como lo haba apodado, desaprobaba la relacin de su hermano con Jan. Jan era secretaria de un despacho de abogados. El millonario, claro, quera que su hermano se emparejara con la hija de alguno de sus poderosos amigos de Chicago, no con una insignificante secretaria de Atlanta. Los padres de esas jovencitas controlaban el mercado de la confeccin, y los Van Dyne eran grandes fabricantes de ese mismo sector. Para el hermano de Andrew, sera una unin de ensueo.
    Sinti un hormigueo en la nuca, como si alguien la estuviera mirando. Gir la cabeza y se encontr mirando fijamente a un hombre ceudo de ojos oscuros que acababa de entrar. La impresin hizo que el vaso casi se le cayera de la mano. Nunca haba visto unos ojos semejantes, ni una cara parecida. El recin llegado era alto, grande, y tena un rostro duro, como tallado en madera de teca. La miraba con hostilidad y Margie sinti que aquellos ojos la fascinaban. Por qu ese completo desconocido la miraba con tanto antagonismo?
    La desaprobacin que lea en su rostro la diverta y, sin pensarlo, frunci los labios y form el inconfundible perfil de un beso, al tiempo que parpadeaba con coquetera. Luego esboz una sonrisa seductora y se gir de nuevo.
    Dej el vaso en la mesa y se llev la mano a la cara para disimular un ataque de risa. La cara que haba puesto aquel hombre era digna de verse. Un poco de diversin la ayudara a disipar el aburrimiento y la irritacin que senta. Jan se escandalizara cuando se enterara de cmo pasaba el rato su hermana mayor.
    Vio una sombra a su lado, levant la vista y descubri al desconocido junto a ella. Su expresin era tan severa que habra servido para detener el trfico.
    -Cualquiera dira que es la sombra del mismsimo monte Rushmore -murmur Margie con una sonrisa traviesa. Se gir hacia un lado y apoy el brazo en el respaldo de su asiento mientras lo miraba de arriba abajo-. Sintate, encanto, y tmate una copa conmigo.
    l no sonri. Ms an, pareca como si nunca en su vida hubiera sonredo. Sus ojos miraban a Margie con creciente desaprobacin.
    -No, gracias. Tengo una cita con una joven -enfatiz esa ltima palabra, como si quisiera insinuar que el termino no era aplicable a Margie.
    A sta le gust su voz de inmediato. Era profunda y algo spera, muy masculina, propia de una persona educada.
    -Una cita a ciegas? -Margie se ri.
    l neg con la cabeza.
    -Un compromiso -lo dijo como si le desagradara-. La joven en cuestin se llama Janet Bannon.
    Margie parpade.
    -Es mi hermana -anunci sin pensar, y se sent muy derecha. Volvi a escrutarlo y vio que l le devolva una mirada cargada de hostilidad-. Qu quiere de mi hermana?
    En lugar de responder, l retir una silla y se sent como si aquella mesa fuera suya. Hizo una seal al camarero ms cercano.
    -Un whisky con hielo -pidi-. Y un... Tom Collins para la seora -aadi al ver el vaso alargado en la mano de Margie.
    -Muy bien -dijo el camarero educadamente, y se march.
    -Y retiro la ltima palabra de la frase anterior -dijo el hombre a Margie cuando volvi a hablar-. Una seora no va por los restaurantes insinundose de esa manera a un desconocido.
    Los ojos de Margie echaban chispas.
    -Se equivoca, caballero -dijo con su mejor acento de Georgia-. Cuando yo me insino a un hombre, primero me quito la ropa.
    l alz una ceja y recorri con la mirada la franja de piel que aquel escote tan pronunciado dejaba a la vista.
    -No me parece que eso vaya a darle demasiada ventaja -se limit a responder l.
    Margie siempre haba sido consciente de sus medidas. Lo mir fijamente.
    -Es siempre tan directo?
    -El que juega con fuego, se quema -replic. Sus ojos oscuros se clavaron en los de Margie-. No me gustan las mujeres liberales que se visten como una tarta. Ni las que se emborrachan y se comportan como busconas.
    -Cmo se atreve...! -empez a decir ella. Era una frase trillada, pero se haba quedado sin palabras.
    -Calla -orden l, con tanta autoridad que nadie, ni siquiera una autora de novela rosa refunfuona, se habra atrevido a desobedecer.
    Esper hasta que el camarero dej sobre la mesa las bebidas y la cuenta. Cuando se hubo alejado, levant la cabeza, cubierta por una mata de pelo negro, y la mir.
    -Tengo entendido que mi hermano quiere casarse con tu hermana. Por encima de mi cadver.
    Ella le ech una rpida ojeada.
    -Eres el hermano mayor de Andrew? -pregunt educadamente-. El que se dedica a hacer braguitas para seoras? -aadi con una sonrisa pcara.
    Si lo que esperaba era incomodarlo, no lo logr. l se apoy en el respaldo de su asiento y dio un sorbo a su whisky mientras la miraba fijamente, sin parpadear.
    -Fabricamos lencera muy sofisticada -replic. Su mirada volvi a recaer en el escote de Margie-. Nuestra coleccin de este ao incluye un sujetador con un poco de relleno que te sentara de maravilla.
    El ginger ale le salpic la servilleta y algunas gotas cayeron sobre el mantel. Por primera vez en cinco aos, Margie se sonroj.
    -Tendrs que perdonar a la madre Naturaleza; no tuvo tiempo para los detalles, me hizo entre dos guerras -gru.
    l se encogi de hombros. Los tena muy anchos, y ella se fij por primera vez en lo elegante que era su traje, y en cunto lo favorecan el blanco de la camisa y el negro de la chaqueta. Iba hecho un pincel. No era ni muy guapo ni muy joven, pero tampoco demasiado mayor. Margie le echaba unos cuarenta, tal vez un poco menos. Las arrugas de su rostro no eran producto de la edad sino de la tensin. Su aspecto era el de una apisonadora.
    -Por qu no ha venido tu hermana? -pregunt framente.
    Margie tambin se recost en el respaldo de su silla y clav en l su mirada.
    -No me ha dado explicaciones. Me pidi que me encontrara aqu con ella a las siete y colg. Ests tan informado como yo. Probablemente ms -aadi con picarda-. Parece que cada maana le dices a tu hermano cmo debe vestirse. Le dices tambin con qu chicas debe salir?
    l inclin la cabeza levemente hacia un lado y entrecerr los ojos.
    -Quieres que hable con franqueza? -inquiri con calma-. Tu hermana encajara en mi familia como un ratoncito en un congreso de gatos. Mi mundo, y el de Andrew, es un crculo social en estado de guerra permanente por medios civilizados. Tu hermana, por lo que he podido ver, ni siquiera podra salir airosa de una simple pelea domstica.
    -Uy, no s -replic Margie, pensativa-. De pequea siempre era la encargada de placar cuando jugbamos al ftbol, y todava sigue dicindome lo que debo y no debo hacer.
    -S, quiz te vendran bien algunos consejos -contest l. Segua mirando fijamente el escote de Margie con una despreocupacin absoluta.
    -Este vestido es de diseo -afirm ella.
    -Seguro que le queda mejor a quien lo ha diseado.
    -Es un hombre.
    -Por eso.
    Ella respir hondo y sus ojos brillaron.
    -Bueno, seor Amo de la Lencera, va a tener que perdonarme. Est bastante claro que Jan me ha trado aqu para que te conociera, y ahora que he tenido ese dudoso placer, me marcho a mi casa.
    Hizo ademn de ponerse de pie, pero una mano de hierro la agarr por la mueca y la oblig a sentarse de nuevo. No sabra decir qu la impresionaba ms, si aquel gesto inesperado o el estremecimiento de placer que le recorri el brazo cuando l la toc.
    -Todava no -dijo l en voz baja-. Mi hermano no va a casarse con tu hermana. Voy a encargarme de eso. Puedes estar segura.
    -Nada me complacera ms -replic con nfasis-, porque tampoco yo deseo que mi familia se contamine.
    -Cuidado, encanto. Puedo morder -la previno l.
    -En el cuello? -pregunt Margie con una sonrisa malvola.
    -Andy y yo vamos a ir a Florida a visitar a mi madre y nos quedaremos all unas semanas -dijo pensativamente-. Espero que as las cosas entre ellos se enfren un poco. Y creo que no existe el peligro de que tu hermana se presente por all.
    -Por qu? -quiso saber Margie-. Acaso porque crees que una simple secretaria con una cuenta corriente bajo mnimos no puede permitirse semejante dispendio?
    -Algo parecido.
    -Para tu informacin -anunci tranquilamente-, yo no tendra ningn problema en fletarle un avin para que vaya a Florida, si eso es lo que quiere. Y lo har gustosa. No es que Andy me parezca el cuado ideal, entindeme -aadi-, pero no me gusta que un ricachn estirado le diga a ningn miembro de mi familia lo que tiene que hacer.
    l le dirigi una mirada calculadora.
    -Fijando los frentes de batalla? -pregunt con calma-. Nunca he perdido una pelea, seorita Bannon.
    -Mi apellido no es Bannon -lo corrigi-, es Silver.
    l alz una ceja y ech una ojeada a la mano izquierda de Margie, desnuda, sin alianza matrimonial.
    -Mi ms sentido psame a tu marido, aunque apostara a que estis separados -se ri al ver que ella se ruborizaba-. He dado en el clavo, verdad? -se inclin hacia delante y apoy los codos en la mesa. Sus ojos eran amenazadores-. No permitir que Andy se case con tu hermana, independientemente de cunto dinero pueda tener. Ese matrimonio no funcionara y no quiero otro divorcio en la familia. Mi madre ya tiene bastantes preocupaciones.
    Margie se fij en que l tampoco llevaba alianza de casado en la mano izquierda y sonri.
    -No me digas..., tu mujer y t estis separados? -pregunt con falsa inocencia.
    l endureci su expresin, si era que semejante cosa fuera posible.
    -Ojal no hubiera encargado a Andrew la direccin de nuestra delegacin en Atlanta -se limit a responder, y se puso de pie-, pero afortunadamente es un problema que tiene fcil solucin. No se meta en esto, seora Silver. No permitir ninguna intromisin.
    -Y qu har, seor Van Dyne? Me ests amenazando con una azotaina, encanto? -pregunt al tiempo que esbozaba una sonrisa-. Por qu no recoges tu atillo y te vuelves a tu querido Norte?
    l alz una ceja.
    -Si vas a recurrir a historias tan antiguas, ser mejor que te recuerde que esa guerra la ganamos nosotros. Ciao -y se alej sin pagar la cuenta.
    
    

Dos
    
    
    
    
    
    -Y adems me dej la cuenta y tuve que pagar yo -se quej cuando Jan volvi a casa. Las dos hermanas vivan juntas en una casa de estilo Victoriano-. Me puso verde, amenaz con haceros romper a Andy y a ti..., pero qu clase de persona es ese hombre?
    -Slo obedece sus propias leyes -Jan suspir y se dej caer en el sof-. Ay, Margie, yo tena la esperanza de que si Andy y yo no aparecamos por all, tal vez Cannon y t harais buenas migas...
    -Cannon? -inquiri Margie arqueando las cejas.
    -Es su nombre, aunque casi todo el mundo lo llama Cal -dijo Jan con aire compungido-. Lo siento, de verdad. Mira, Andy quiere que vaya con l a pasar un par de semanas en la casa que su familia tiene en la playa, en Florida, y a m me encantara. As conocer a su madre, que vive all, pero Cannon no quiere ni or hablar del asunto. Se opone totalmente a que nos casemos y yo pensaba que... -ech una mirada a Margie e hizo una mueca- pensaba que si te conoca, tal vez cambiara de idea. T eres capaz de conquistar a cualquiera cuando te lo propones. No se me haba ocurrido pensar que ibas a vestirte como una buscona -aadi con pesar.
    Margie ensay un gesto afectado.
    -Debo de estar convirtindome en muy buena actriz -sonri-. Seguro que he convencido a tu futuro cuado de que tengo mala reputacin.
    -Margie! -se quej Jan.
    -Ests segura de querer casarte con Andy? -pregunt Margie, verdaderamente preocupada-. Piensa que entonces vas a tener que lidiar con ese energmeno para el resto de tu vida.
    -No tendremos que ver a Cannon muy a menudo -asegur Jan-. Vive en Chicago, ya te lo he dicho.
    Margie se alej y se puso a juguetear con una figurilla que haba sobre la repisa de la chimenea.
    -Casado? -pregunt con naturalidad.
    -Ya no. Su mujer se dedicaba a pasar el rato con cualquiera que llevara pantalones. Se divorci, y Andy dice que ahora el nico tipo de relacin que mantiene con las mujeres es..., en fin, mejor no hablar de ello.
    -No puedo creer que una mujer est tan desesperada como para acostarse con l -replic Margie con ojos centelleantes.
    -Pues dicen que en Chicago es un hombre muy codiciado -respondi Jan pensativamente, muy interesada en observar cul era la reaccin de su hermana ante esa informacin.
    -Bueno, pues en Atlanta no tendra tanto xito -refunfu Margie-. Desde luego, conmigo no.
    Jan mene la cabeza y frunci el entrecejo. Margie se pareca a Cannon Van Dyne en muchas cosas, pens, aunque lo ms probable era que no hubiera reparado en ello. Su hermana esconda sus sentimientos, disfrazaba su personalidad haciendo payasadas, pero las cosas le importaban ms de lo que poda parecer. El da de la muerte de Lawrence Silver en ese accidente areo, Margie le haba revelado lo infeliz que haba sido su matrimonio y, desde entonces, no haba querido saber nada de hombres. Para ella slo contaban como amigos. No permita que nadie se acercara a su corazn, no quera que la hirieran de nuevo.
    Pero con Cannon, pareca que reaccionaba de un modo desacostumbrado. Normalmente, Margie no se mostraba hostil, pero cuando mencionaba el nombre del hermano de Andy, los ojos de su hermana echaban chispas. Era la emocin ms violenta que haba mostrado en los ltimos cinco aos.
    -Cannon es un hombre atractivo -murmur Jan.
    -Ese pedazo de muro? -Margie se alej an ms-. No quiero ni hablar de l. Se bebe un whisky, me pide a m una bebida que ni siquiera he tocado y encima se marcha y me deja a m que pague. Tendra que haber sumergido la cuenta en un bloque de cemento y habrselo mandado por correo urgente, pero a franquear en destino -los ojos verdes de Margie centelleaban-. Me pregunt cmo podra hacerlo...
    Jan no pudo reprimir una sonrisa. Margie era incorregible.
    El timbre del telfono irrumpi en la conversacin. Jan se apresur a contestar y sus ojos brillaron.
    -Es Andy -murmur a Margie, la cual asinti y sali de la habitacin para que su hermana pudiera hablar con libertad.
    Atraves el gran vestbulo y, de camino a su dormitorio, sus ojos repararon en el paragero de madera que Larry y ella haban comprado al poco de casarse. Recordaba perfectamente cmo lo haban encontrado. Haban ido a echar un vistazo a una tienda de antigedades, aunque l encontraba inexplicable e irritante la aficin de Margie al pasado y haba protestado por tener que ir hasta all. Recordaba tambin el momento en que sus ojos se haban posado en aquella reliquia de madera tallada. Lo haba comprado a pesar de que Larry se opona porque era caro. Ella arguy que lo pagara de su bolsillo. Su abuela, por el lado de los McPherson, le haba dejado algo de dinero. Larry sali de la tienda muy enojado y la dej negociar sola la compra.
    Por la noche, tuvieron una violenta pelea y luego l la viol. No era la primera vez. Estaba muy asustada, dolorida y con algunas heridas. A la maana siguiente, Larry se levant y se prepar para tomar aquel ltimo avin mientras ella lo observaba con mirada atormentada. Vio cmo se marchaba con el corazn atenazado por un dolor indescriptible. Se preguntaba qu haba ocurrido con su matrimonio y anhelaba librarse de su marido.
    Los recuerdos la hicieron estremecerse mientras contemplaba airadamente aquel paragero. Por qu lo haba dejado all, en una casa que no guardaba ningn rastro de Larry, ni siquiera una foto? Quiz subconscientemente, se dijo, lo haba dejado all para mantener vivo el sentimiento de culpa que nunca haba desaparecido del todo. Ella quera librarse de l y Larry haba muerto. En cierto modo, se senta responsable del accidente, aunque por supuesto no hubiera tenido nada que ver en todo aquello.
    Se qued con la vista clavada en ese objeto de coleccionista. Tal vez se lo diera a la seora James, la vecina de al lado. Cuando entr en su dormitorio, decorado en azul y blanco, tena una sonrisa en el rostro. La seora James era un encanto, a pesar de su lado puritano y estricto. Desaprobaba fervientemente a su famosa vecina y Margie, por razones que nunca se haba parado a analizar, alentaba su desaprobacin. En realidad no era la persona desinhibida que sus lectores crean que era. Bajo la flamante apariencia se ocultaba una mujer vulnerable que padeca una dolorosa soledad. Pero su matrimonio le haba enseado una cosa: que no haba que confiar en las apariencias. Nunca querra otro hombre dominante en su vida, y mientras pensaba aquello surgi en su mente la imagen de Cannon Van Dyne. Se estremeci. Era como Larry, pens Margie, arrogante, mandn..., el tipo de hombre que deseaba una mujer sumisa y obediente sin independencia ni ideas propias. La asfixiara...
    La puerta del dormitorio se abri de golpe justo cuando Margie se estaba poniendo el camisn, de color verde menta. Se gir y sonri a Jan, cuya cara traduca claramente la emocin que senta. Su hermana pequea raramente se mostraba tan entusiasta. Era una chica tmida, gentil.
    -Margie, tenemos otra oportunidad! -dijo mirando a su hermana mayor con cautela.
    -Tenemos? -repiti Margie enarcando las cejas. Estir el camisn a la altura de las caderas y dej las manos all-. Est bien, renacuajo, en qu me has metido esta vez?
    Jan se sent en la cama. Se pasaba la mano por el cabello, corto.
    -Margie, t me quieres, verdad?
    Margie se derriti al or su voz joven llena de nervios.
    -Claro que s, cielo, lo sabes muy bien -se apresur a responder. Se sent al lado de su hermana y la abraz cariosamente-. Eres lo nico que tengo en el mundo. Es que no sabes lo que significas para m?
    Jan se mordi el labio y le devolvi el abrazo.
    -Espero que sepas que yo siento lo mismo por ti -murmur-. Si no te hubiera tenido a ti, no s cmo habra sobrevivido. Mam, muerta; pap, alcoholizado y provocando siempre escndalos; la abuela McPherson, luchando para quedarse con nosotras... -levant la vista-. La abuela fue muy buena con nosotras, pero no era cariosa. Slo recuerdo haber recibido afecto y cario de ti.
    Margie suspiro.
    -Lo mismo digo.
    -Nunca olvidar cmo me trajiste contigo cuando la abuela muri, a pesar de que Larry se opona.
    A ella nunca le haba gustado Larry, siempre la haca sentirse como una intrusa. No tena dnde ir. Margie era su nica familia, no tenan parientes. Tampoco podan pagar un internado, era muy caro, as que Margie haba rogado e implorado hasta que Larry cedi y acept que Jan fuera a vivir con ellos. Pero nunca le gust la situacin, y lo haba expresado con crueldad en varias ocasiones.
    Jan nunca se haba inmiscuido en el matrimonio de Margie, y ante los dems, sta mostraba una cara muy convincente, pero a ella no la engaaba. Era imposible vivir con dos personas en la misma casa y no notar las tiranteces y los desacuerdos soterrados.
    -No debera haberme casado con l -admiti Margie al recordarlo-. Pero pareca tan diferente de cmo luego era en realidad... Nos casamos demasiado pronto. Tres semanas no es tiempo suficiente para meditar una decisin tan importante.
    Jan le toc el hombro con suavidad.
    -Estbamos casi en la indigencia, ya no nos quedaba nada del patrimonio de la abuela -record Jan tranquilamente-. Seguro que nuestra situacin econmica te influy. Larry pareca muy capaz de mantenerte... Bueno, de mantenernos -entorn los prpados-. Yo creaba mucha tensin en tu vida matrimonial, verdad?
    -No -se apresur a responder Margie con vehemencia-. No, la tensin estuvo ah desde el principio. Y adems, qu esperaba, que te dejara en la calle? Eres mi hermana. Te quiero.
    -Yo tambin te quiero -dijo Jan, apoyndose en el hombro de Margie.
    -Adems, pareca realmente un buen hombre. No saba que le gustaba tanto beber y salir todas las noches. Antes de que nos casramos nunca vi que abusara de la bebida.
    -Y t preferas salir a dar caminatas por los bosques o reclamar medidas conservacionistas al gobierno de turno -Jan se ri-. Pero Margie, no todos los hombres son como Larry.
    La expresin de Margie era melanclica.
    -Cmo puedes estar segura de un hombre antes de empezar a vivir con l? Ya no confo en mi propio juicio.
    Los ojos de Jan mostraban una ligera preocupacin mientras estudiaba a su hermana. Pocas personas tenan la posibilidad de ver as a Margie, sin la mscara tras la que se ocultaba, mostrando sus inseguridades. Le dola mucho pensar que aquella angustia era el resultado de su fallido matrimonio. Como la mayora de los enamorados, Jan quera que todo el mundo fuera tan feliz como lo era ella, pero no saba cmo ayudar a su hermana.
    -Nos hemos desviado del tema -murmur Margie, otra vez con la sonrisa en la boca, como por arte de magia-. Por qu estabas tan emocionada?, es que hay alguna posibilidad de que el monte Rushmore cambie de opinin?
    Jan parpade.
    -El monte Rushmore?
    -Cannon Van Dyne.
    -Ah, s, claro -haba preocupacin en sus ojos tras la conversacin que haban mantenido, y vacil-. Andy ha reservado una mesa para cuatro en Louis Dane's para maana por la noche.
    Margie se puso tensa y fue hacia las cortinas, con la espalda tan tiesa como la de la abuela McPherson.
    -Para cuatro?
    Jan asinti.
    -T, yo, Andy...
    -Y?
    Jan trag saliva.
    -Cannon Van Dyne.
    

Tres
    
    
    
    
    
    Los ojos verdes de Margie adquirieron un brillo peculiar mientras contestaba a su hermana.
    -No! Ni hablar!
    -Los dos habis tenido un mal comienzo -le record Jan-. Y t has contribuido a ello, y lo sabes muy bien, con ese vestido tan espantoso. No es que te haya abandonado ante el peligro, es que pensaba que si os dejaba a los dos solos... -gimi-. Lo he echado todo a perder al no explicarte por qu quera que fueras a ese restaurante. Pero, Margie, no te imaginas lo importante que es que Cannon nos d su aprobacin. No puedo pedirle a Andy que renuncie a su familia y a la herencia que le corresponde slo por m. No puedo! -dirigi a Margie una mirada implorante-. Y yo, sola, soy incapaz de plantar batalla a Cannon; no soy lo bastante fuerte. Ni siquiera tendra un oportunidad frente a l.
    -Y crees que yo s? -pregunt Margie.
    -S, porque t no le tienes miedo -dijo Jan-. He visto cmo conquistas a la gente. Cuando sonres de ese modo y te comportas como t misma, los hombres bailan en la palma de tu mano.
    Margie pareca alterada.
    -Si crees que voy a hacer que esa apisonadora me...
    -Nunca te pedira tal cosa -se apresur a decir Jan-. Nunca te hara algo semejante. Pero tienes un don para conseguir que la gente te escuche y para trabar conversacin. Podras convencer a Cannon de que no soy tan joven, tonta y pusilnime como cree para convertirme en una Van Dyne! -sigui diciendo, imperturbable.
    -No estoy segura de querer que te conviertas en una Van Dyne -contest Margie con un destello de resentimiento por la encerrona que su hermana le haba preparado esa tarde-. Sabes muy bien lo que pienso del esnobismo y de esos grupitos de privilegiados. Y por cierto, no te parece que ya es hora de que le cuentes a Andy el problema de pap con la bebida? No puedes ocultarle tu pasado indefinidamente.
    Jan asinti con la cabeza y, por un instante, pareci que se senta culpable.
    -Ya lo s. Pensaba contrselo cuando estuviramos en Florida. Es que venimos de ambientes tan distintos... Y Cannon cree que no puedo adaptarme a su estilo de vida ni hacer feliz a Andy.
    -Pues claro que puedes -sostuvo Margie-. Eres elegante y tienes unos modales refinados. Y has aprendido a organizar fiestas para tu jefe con la ayuda de su mujer...
    -Ves? -sonri Jan-. T ya ests convencida de que puedo estar a la altura. Todo lo que te pido es que me vendas delante de Cannon.
    -La esclavitud est abolida desde la poca de Lincoln -seal.
    -Margie!
    -El ricachn no me escuchar -fue la hosca respuesta-. Es uno de esos prepotentes que va con la tarjeta de crdito por delante, dndose aires de grandeza. Es un arrogante. Imagnate, un tipo que se dedica a hacer ropa interior! -la cara de Margie se contrajo y le entr la risa floja-. Jan, qu tal si convences a Andy para me traiga un conjunto de lencera con encajes para mi estatua de Venus? Imagnate la cara que pondra la seora James!
    Jan no pudo evitarlo y se ech a rer. Cuando Margie empezaba as, era tronchante.
    -Est bien, lo intentar, pero vendrs a cenar con nosotros maana por la noche? Tal vez t puedas conseguir que me inviten a Florida.
    Margie suspir.
    -No se te ha ocurrido pensar que mi presencia puede perjudicarte en vez de favorecerte? Deberan azotarme por haber tratado de darle una falsa impresin esta noche. Ni siquiera s por qu he hecho semejante tontera -dijo con voz quejumbrosa mientras se echaba hacia atrs su melena larga y enredada-. Es esa dichosa fecha de entrega que tengo que cumplir, slo me queda un mes y el libro no quiere arrancar -sus ojos se encontraron con los de Jan-. Cario, lo siento. Intentar rectificar las cosas maana, as tenga que pasar toda la cena mordindome la lengua, en serio. Y de un modo u otro, conseguiremos que vayas a Florida.
    -Saba que poda contar contigo -dijo Jan emocionada, y dio un fuerte abrazo a su hermana-. Todo va salir bien, ya lo veras.
    
    *       *       *
    
    La tarde siguiente mientras se vesta y se miraba en el espejo, llena de dudas, Margie no estaba en absoluto convencida de que la confianza de Jan fuera fundada.
    Se haba puesto un vestido sencillo: negro, de gasa, con escote en pico adornado con chorreras. Su melena negra, siempre tan rebelde, estaba recogida en un moo alto, del cual escapaban algunos mechones que le enmarcaban el rostro y le daban un aire estudiadamente relajado. Se mostr parca con el maquillaje y eligi un perfume floral ligero. Su aspecto era tan distinto al de la vampiresa de la noche anterior que se le ocurri que Cannon Van Dyne tal vez no la reconociera.
    Cuando Jan vio a su irreprochable hermana, tuvo que disimular una carcajada.
    -Cielo santo, qu diferencia -dijo-. Me recuerdas a la abuela McPherson.
    -Bueno, sta es su casa. O al menos lo era -suspir-. Supongo que algo de ella se me habr pegado. Espero que este vestido no le chocar al carcamal de tu futuro cuado.
    -Quieres apostar? -Jan sonri.
    Margie suspir y contempl lo guapa que estaba Jan con su vestido de tubo de color verde plido y los accesorios correspondientes a juego: bolso, zapatos... Estaba tan radiante, tan obviamente enamorada de su Andy... A ella tambin le gustaba Andy, pens Margie. Era abierto y cordial.
    -Bueno, bajamos?
    -S, mejor -contest Jan-. Llegarn enseguida.
    Margie baj las escaleras, entr con su hermana en el saln y se sent en el borde del sof.
    -Quieres relajarte? -brome Jan-. Soy yo la que debera estar nerviosa. Nunca he estado con Cannon ms tiempo del que lleva decir hola.
    De repente, son el timbre de la puerta y Margie se puso en pie de un salto.
    Jan se qued mirndola con incredulidad. Nunca haba visto a su hermana tan inquieta.
    -Tranquila -trat de calmarla y le puso una mano en el hombro antes de dirigirse a la puerta principal.
    Margie se qued de pie, intentando controlar sus nervios. No permitira que Cannon volviera a hacerla callar. No se saldra con la suya.
    Oy voces. La de Andy, agradable y cordial, y otra ms profunda y spera. Apret con fuerza el bolso entre los dedos mientras Andy entraba en el saln, seguido por Cannon.
    Andy era casi tan alto como su hermano mayor, pero no tan corpulento y musculoso. Tena el pelo castao claro y los ojos marrones, y una cara que transmita fortaleza y ternura al mismo tiempo. Era atractivo, pero evidentemente Jan crea que era el hombre ms guapo sobre la faz de la tierra, a juzgar por la expresin de arrobo que haba en su rostro mientras lo miraba. Andy le rode los hombros protectoramente y se inclin para besarla suavemente, a pesar de la mirada de desaprobacin de Cannon.
    -Mi madre en persona te ha invitado a Florida... -susurr Andy en la oreja de Jan antes de levantar la cabeza-. Buenas tardes, Margie -aadi en voz ms alta.
    -Buenas tardes -respondi ella con calma, al tiempo que su mirada agitada se posaba en Cannon. ste contemplaba su aspecto con ojos llenos de incredulidad y pareca no haberse percatado de las palabras que Andy y Jan haban intercambiado.
    Estaba ms atractivo an que la noche anterior. El traje oscuro acentuaba su aire masculino hasta volverlo casi amenazador. Cuando se mova, los msculos se marcaban bajo la tela de aquel traje tan caro. A pesar de ser muy alto, se mova con agilidad y ligereza. Tena unas manos grandes, morenas, bonitas a su manera. Llevaba un solo anillo, con un sello, y en la mueca, sobre el vello oscuro que la cubra, un reloj de oro fabulosamente caro pero muy discreto. Margie se preguntaba si el resto de su cuerpo estara tambin cubierto por ese vello oscuro, y dio un respingo cuando se dio cuenta de hasta dnde la haba llevado su imaginacin.
    A la luz de la lmpara del saln, el pelo de Cannon, abundante y oscuro, pareca casi negro. Miraba fijamente a Margie con sus ojos marrones oscuros.
    -Nos vamos? -pregunt bruscamente-. Me gustara acabar temprano.
    -Dios nos libre de retenerlo, seor Van Dyne -dijo Margie con dulzura mientras tomaba su chal y se lo echaba por los hombros.
    -Tranquila, eso no va a pasar -respondi Cannon con calma sin dejar de mirarla-. No me la imaginaba en una casa victoriana, seora Silver.
    Margie enarc una ceja.
    -Me imagino qu clase de casa me haba adjudicado -esboz una leve sonrisa-. Siento haberlo escandalizado.
    -Le har falta algo ms que su casa para convencerme de que mi primera impresin no era ms acertada -replic Cannon.
    -Por qu, seor Van Dyne? -murmur Margie batiendo sus largas pestaas-, en qu se basa?
    -Ser mejor que nos marchemos -respondi, y se hizo a un lado para dejarla salir por la puerta-, antes de que pierda la poca paciencia que me queda.
    Jan lanz a Margie una mirada preocupada, pero sta no la vio. Estaba traspasando el umbral de la puerta que Cannon sujetaba. Tena la sensacin difusa de que a l le habra gustado darle con aquella puerta en las narices.
    
    

Cuatro
    
    
    
    
    
    El restaurante estaba bastante lleno, pero Cannon atrajo inmediatamente la atencin del matre, que los acomod en la mesa reservada a su nombre, junto a una cascada artificial rodeada de plantas.
    -Dios mo, la selva -murmur Andy despus de que Cannon pidiera el vino al sumiller.
    Margie sonri.
    -Te has acordado de traer el mosquitero? -brome.
    -Quiz podamos conseguir una de esas tiras adhesivas donde se quedan pegados los bichos...
    -Nios, os importara comportaros bien en pblico? -terci Cannon, mirando primero a Andy y luego a Margie.
    -S, pap -respondi esta ltima con afectada modestia mientras entornaba los prpados.
    Cannon herva de indignacin. Entonces lleg el camarero con el vino y le sirvi un poco. Dio un sorbo y asinti. Esper a que todos tuvieran sus copas llenas y les hubieran entregado la carta antes de hablar.
    -Puede que a vosotros dos no os entusiasme la naturaleza -coment con brusquedad, y Margie casi se ech a rer ante aquella deduccin tan errnea-, pero podrais por lo menos apreciar la maquinaria que ha logrado crear esta cascada.
    Margie no se atreva a mirar a Andy; el efecto habra sido desastroso. En lugar de hacer tal cosa, enterr la nariz en la carta.
    -Es muy bonito -concedi con cara seria-. Si se olvidan de traer el agua, siempre puede uno beber un poco.
    -Margie... -gimi Jan al tiempo que ocultaba el rostro entre la manos.
    Andy emiti un sonido estrangulado antes de que pudiera llevarse la servilleta a la boca y fingir una tos.
    Las manos grandes de Cannon estrujaron los bordes de la carta.
    -Si a alguno de vosotros dos se os ocurre pedir alcohol, me marcho y os dejo aqu plantados -dijo a Andy y a Margie-. Dios santo, es que ya se os ha subido el vino a la cabeza?
    Margie levant su semblante tranquilo y lo mir airadamente.
    -Margie -dijo Jan con voz aguda-, me prometiste...
    Ella asinti y empuj su copa hacia Cannon.
    -Tienes razn, te lo promet. Por esta vez, no me meter en la fuente -aadi.
    Cannon la mir con el entrecejo fruncido.
    -Cuntos aos decas que tenas, doce?
    Ella alz las cejas.
    -No ests siendo justo -respondi-. Se supone que esta cena es para que aprendamos a llevarnos bien.
    -Se necesitar ms que una cena para lograr tal cosa -afirm con rotundidad l.
    -Eso es verdad -reconoci Margie-. Tengo hambre y te rogara que no me arruinaras la cena. Me he saltado el desayuno y la comida.
    -Escribir te va a matar -murmur Jan, y se interrumpi justo a tiempo. Haba rogado a Margie que no mencionara todava cul era su profesin, a qu se dedicaba. El hermano de Andy tena ya bastantes cosas en contra de ella, no quera darle an ms armas.
    -Escribir? -Cannon haba captado la palabra al vuelo y miraba fijamente a Margie.
    sta puso a funcionar su mente a toda velocidad.
    -Escribo una columna de opinin para un peridico semanal del condado -aclar.
    -Y te lleva tanto tiempo como para tener que saltarte las comidas? -pregunt l con suspicacia.
    -La columna es semanal -replic-, pero escribo con dos semanas de adelanto, as me siento libre para irme de vacaciones cuando quiera o para marcharme unos das a Bermudas con el novio de turno.
    -Dios ayude a tu pobre marido -dijo l refunfuando.
    -Mi marido muri en un accidente areo hace cinco aos -dijo con calma; de pronto pareca muy seria-. Si no te importa, preferira no volver a hablar del tema. Me resulta muy doloroso.
    Cannon pareca incmodo y estudi el rostro de Margie todava un rato antes de volver a clavar la mirada en la carta.
    Ella hizo lo propio. Aun cuando poda darse el lujo de acudir a restaurantes incluso mejores que aqul, los precios le parecan exorbitantes. No haba nada que costara menos de veinte dlares y el plato ms econmico era una simple pechuga de pollo rellena de jamn y queso. No le gustaba demasiado el pollo, pero no tena la menor intencin de sentirse en deuda con Cannon Van Dyne; ni siquiera por una cena.
    -Quieres que te lo traduzca? -se ofreci Cannon con forzada educacin cuando el camarero regres para tomar nota.
    Margie sonri con dulzura estudiada.
    -Eres muy amable -murmur con gazmoera-, pero creo que puedo arreglrmelas yo sola -levant la vista hacia el camarero-. Je prends la poule cordon bleu, s'il vous plait -dijo en un francs intachable-, avec des pommes de terre Louis et des choux de Bruxelles.
    El camarero sonri y apunt lo que le peda.
    -Avec plaisir, madame. Monsieur? -se dirigi a Cannon.
    Este lanz a Margie una mirada airada mientras peda para l un filete con patatas al horno y un ensalada verde. Lo dijo en ingls, comindose casi las palabras, y volvi a mirarla cuando el camarero se acerc a Andy.
    -No est mal -dijo framente mientras la estudiaba-. Tu francs es bastante bueno. Hablas otros idiomas?
    -Espaol -confirm ella-, italiano, un poco de rabe y algo de hebreo. Me encantan los idiomas. Era lo que ms me gustaba cuando iba la universidad.
    -Qu estudiaste?
    -Periodismo -respondi-. Pero slo hice dos aos.
    l frunci el entrecejo.
    -Por qu lo dejaste?
    El rostro de Margie se oscureci.
    -Me cas.
    -Margie es una cocinera de primera -inform Jan a Cannon cuando el camarero se hubo marchado y el silencio se prolong demasiado-. Se le da muy bien.
    -Ah, s? -respondi Cannon, y mir a Margie-. Cul es tu especialidad?
    -El ganso asado -contest, y sus ojos brillaron un instante.
    Un resplandor ilumin brevemente los ojos de Cannon.
    -Acaso ests pensando en m? -murmur l-. Olvdalo, encanto, ya lo han intentado manos ms expertas.
    Los ojos verdes de Margie centellearon.
    -Tambin me sale bastante bien con setas venenosas y belladona -aadi-, claro que probablemente a ti te sentara de maravilla semejante alimentacin.
    -Margie! -gimi Jan.
    -No te preocupes -Cannon tranquiliz a la hermana menor-. Margie puede arreglrselas muy bien sola, y yo tambin -se apoy en el respaldo de la silla. Los ojos le brillaban y una de sus manos sujetaba con desenfado la copa de vino-. No me molestan las conversaciones animadas a la hora de cenar. Resulta estimulante.
    -Por qu? -se interes Margie con dulzura-. Es que normalmente la gente se esconde debajo de la mesa cuando no est de acuerdo contigo?
    l movi la cabeza arriba y abajo.
    -Es ms seguro -murmur.
    -Por cierto -intervino Andy, entrando en materia-, he llamado a mam hace un rato para decirle que Jan va a venir con nosotros a Panama City.
    Cannon arque una ceja. Andy haba dicho aquello sin vacilar en ningn instante.
    -Eso me ha contado. Yo tambin la he llamado, y creo que no ser mala idea que Jan venga con nosotros, despus de todo. En realidad, he sugerido que tal vez la seora Silver quiera acompaar a su hermana.
    Los tres se quedaron mirndolo sorprendidos. Jan y Andy estaban encantados; Margie, horrorizada.
    -No viajo mucho, seor Van Dyne -dijo por fin en voz baja-. Tengo ciertas... obligaciones.
    -Puedes llevarte all el ordenador -se apresur a proponer Jan con ojos implorantes. Esperaba que Margie no desbaratara sus planes.
    Cannon alz las cejas.
    -Es un nuevo tipo de fetichismo?
    -Ms bien no -respondi Margie, tensa-. Sencillamente, me tomo en serio mis responsabilidades. El peridico necesita mi columna...
    -Entonces puedes llevarte el ordenador -contest l.
    -As podrs ensearla a hacer surf -brome Andy con una sonrisa.
    Margie sonri tambin.
    -Todava estoy tratando de ensearle el alfabeto -replic mientras guiaba un ojo a Jan.
    -Por lo menos, promteme que lo pensars -rog sta, y Margie asinti con la cabeza.
    Cannon no deca nada, pero la miraba. Aquel escrutinio minucioso la pona nerviosa. Contra su voluntad, Margie levant la vista y los ojos de ambos se encontraron. Una sensacin vaga empez a florecer en su interior, como un cosquilleo, un temblor, una emocin que nunca antes haba sentido. Era como si entre sus miradas fluyera una energa invisible y tuvo que apartar la vista antes de que aquello explotara.
    Levant el cuchillo y casi se le cay de la mano. Cannon la perturbaba ms de lo que crea, se dijo a s misma.
    Despus de cenar, cruzaron la calle y entraron en una discoteca. Cuando Jan y Andy se alejaron para bailar al son de una msica vibrante y ensordecedora, Margie se encontr a solas con Cannon.
    l encendi un cigarrillo con pulso firme y dio un sorbo al caf que haba pedido. Ambos parecan fuera de lugar en un sito como se. Ella habra regresado con gusto a sentarse junto a la cascada; en realidad, slo se haba burlado de la decoracin del restaurante para hacerlo rabiar.
    -Te ests divirtiendo, encanto? -pregunt l en tono burln.
    Ella le dirigi una sonrisa dulce.
    -Tanto como usted, seor Van Dyne -replic levantando la voz para que l la oyera-. No es divino este garito?
    l la mir y dio otro sorbo de caf. Al parecer le gustaba solo, no haba tocado la jarrita de la leche. No resultaba sorprendente, corresponda muy bien a su imagen.
    -Dios mo, voy a quedarme sordo! -dijo Cannon al cabo de un minuto apartando la taza. Tena voz de actor, aterciopelada, profunda, incluso cuando hablaba ms alto-. Termnate el caf y vmonos de aqu.
    Lo obedeci slo porque el ruido la estaba dejando sorda a ella tambin. l fue a decir algo a Andy y luego regres y la escolt hasta la puerta. Los envolvi el aire clido de la noche. Margie se apart para rehuir los dedos firmes de Cannon. No le agradaban las sensaciones que provocaban en la piel desnuda de su brazo.
    -Adnde vamos? -pregunt levantando la vista hacia l. Ella era ms alta que la media, pero aun as haba una diferencia de estatura notable entre los dos. Cannon era corpulento, lo bastante como para espantar a cualquier ladrn, y eso haca que Margie se sintiera a salvo a su lado. Era una sensacin extraa.
    l alz una ceja y la mir con una sonrisa vaga en los labios.
    -Ni lo pienses -murmur, pensando equivocadamente que ella intentaba flirtear y que su pregunta era una insinuacin-. No eres mi tipo. Demasiado delgada.
    Los ojos de Margie casi se salieron de sus rbitas.
    -Caballero, no slo resulta usted insultante sino que, adems, es insufrible.
    -Qu ha ocurrido con la dulce belleza surea que he recogido esta noche en tu casa? -inquiri l.
    -Acaba de disparar el can del puerto de Charleston. Y, al contrario que hace dos siglos, esta vez el Sur ganar al Norte. Yo nunca pierdo.
    Los ojos de Cannon centelleaban mientras la miraba.
    -Yo tampoco.
    -Siempre hay una primera vez.
    l se ri entre dientes mientras la acompaaba al coche, un Lincoln enorme. Abri la puerta del acompaante para que Margie entrara y l se sent al volante.
    -Adonde vamos? -volvi a preguntar.
    -A ninguna parte. Le he dicho a Andy que fueran terminado y que nos encontrramos aqu -extendi con naturalidad el brazo derecho sobre el respaldo del asiento y se qued mirndola fijamente hasta que un leve rubor cubri las mejillas de Margie.
    -Los dientes son todos de verdad, nada de fundas -dijo ella-. Y a pesar de lo que puedas pensar, no estoy operada de nada. Todo lo que ves es autntico.
    -No pareces la misma de anoche -seal l, y observ cmo brillaban los ojos de Margie mientras lo miraba-. Qu has hecho con la otra?
    -La he vuelto a guardar en el bal de los disfraces -murmur, y se encogi de hombros-. Anoche Jan me dijo que me pusiera algo convencional y que fuera corriendo al restaurante. Yo estaba en medio de... de algo y no me apeteca que me sacaran de casa de ese modo.
    -Y te pusiste ese vestido para hacerla rabiar? -quiso saber l.
    -Tena la corazonada de que Andy y t tambin irais -admiti Margie con una sonrisa pcara-. En alguna ocasin me haba comentado que t eras muy conservador y que, cuando nos presentara, deba portarme bien.
    -Conservador -pareca que rumiara el trmino que Jan le haba aplicado. Una leve sonrisa suaviz momentneamente la lneas duras de su rostro-. Me han llamado muchas cosas, pero me parece que lo de "conservador" es nuevo.
    -Te vistes de modo muy tradicional y tienes un coche elegante -seal ella.
    -As mis rivales se sienten cmodos y bajan la guardia -murmur l.
    Margie estaba empezando a darse cuenta de algo: Cannon era un rompecabezas preocupante. Ninguna de las piezas que ella haba pensado que lo componan encajaba con las dems.
    -Es usted un retorcido, seor Van Dyne -dijo.
    -Soy prudente, seora Silver -replic l-. Si cometo un fallo, mucha gente perder su puesto de trabajo. Doy la imagen que la empresa necesita que d... en pblico.
    Margie estudi las lneas inflexibles de su cuerpo.
    -Y en privado? -pregunt, ausente.
    l se gir hacia ella en el asiento y la mir directamente a los ojos.
    -Siempre flirteas con desconocidos? -pregunt sin responder a la pregunta.
    -La verdad es que no -respondi ella con sinceridad-. Desde el primer momento te mostraste hostil conmigo, me desaprobaste. Y eso me sac de mis casillas.
    -No ests acostumbrada a que la gente te muestre su desaprobacin.
    -nicamente la seora James.
    l parpade.
    -Cmo dices?
    -Es la vecina de al lado -explic con una sonrisa traviesa-. Muy mojigata, como mi abuela McPherson, la que nos cri a Jan y a m. Le ofende mucho la estatua de Venus desnuda que tengo en el jardn.
    l alz las cejas.
    -Una Venus desnuda... No me extraa -se ri entre dientes-, cuadra perfectamente con la imagen que me estoy haciendo de ti.
    Que era completamente equivocada, se dijo Margie, pero no tena intencin de admitirlo. Que pensara que era sensual, atrevida y extravagante. Eso lo mantendra a distancia.
    -Vendes mucha... ropa interior?
    l volvi a sentarse mirando el volante. Intimidaba, era fro y calculador..., y pareca levemente divertido.
    -Ser mejor que dejes ese tema, encanto. Se puede volver contra ti. Soy catorce aos mayor que t y apostara a que he vivido muchas ms cosas.
    -No me asustas -replic ella.
    -Te creo. En realidad, eso te hace ms interesante de lo que haba pensado en un principio. La liberacin sexual estar muy de moda, pero a m me espanta que me persigan y se me insinen.
    Margie se qued estudiando un rato la cara de Cannon.
    -Las mujeres te persiguen, verdad? -pregunt muy seria-. Porque tienes dinero e influencia, y algunas haran lo que fuera con tal de formar parte de tu mundo.
    Pareca como si lo hubiera sorprendido, y no era un hombre habituado a las sorpresas.
    -S -se limit a contestar.
    -Por eso se cas contigo tu mujer? -pregunt con voz tranquila.
    Los ojos de Cannon llameaban peligrosamente.
    -No hablo de ese tema.
    -Lo siento, no tena intencin de entrometerme. Yo tambin soy una persona bastante reservada -admiti. Le resultaba sorprendentemente fcil hablar con l.
    Cannon se qued mirndola, escrutndola, durante un buen rato. La haca sentirse incmoda, la desconcertaba. Nunca un hombre la haba alterado de aquel modo.
    -Enigma -murmur l, ausente-. No eres del tipo habitual.
    -El tipo de mujer que suplica que la lleves a la cama? -aventur-. O ests pensando en otro tipo?
    -Si pretendes escandalizarme hablando de ese modo, lamento decirte que no lo has conseguido -respondi l con calma-. Ests muy a la defensiva conmigo, por qu?
    A ella no le gustaba el giro que estaba tomando la conversacin.
    -En todo caso, una dama no habla de esas cosas -dijo, arrastrando las palabras.
    -Baja la guardia, Margie -gru l-. Estoy cansado de esa pose. Ese acento del sur ya est durando mucho.
    Los ojos de Margie centellearon.
    -Yo tambin me estoy cansando de usted, Don Ricachn. No me gusta que me acorralen y empiecen a analizarme. Y, por cierto, a m tu acento del norte tambin me parece de lo ms irritante, yanqui!
    -Te tranquilizara saber que una de mis abuelas era de Charleston?
    -No mucho, no -respondi Margie. Estaba perdiendo aquel duelo verbal y no le gustaba. No era eso lo que haba esperado.
    -Qu es lo que pasa, encanto?, ya no quieres hechizarme?
    Ella lo mir fijamente.
    -Sera ms fcil intentar hechizar a una batata -coment.
    l solt una carcajada.
    -Puedes apostar lo que quieras -de pronto se ech hacia delante, la agarr por el hombro y la atrajo hacia s mientras inclinaba la cabeza hacia delante y apuntaba a la cara de Margie con la nariz.
    -Aunque no lo sepas an, vas a venir a Panama City. Y si tratas de nuevo de seducirme, haras mejor en recordar que he estado casado y que en mi cama no faltan mujeres. No soy un amante tierno, Margie.
    -Como si a m me importara -consigui responder.
    -He conocido a otras mujeres como t -dijo l sin dejar de mirarla-. Flirtean y provocan con descaro, pero a la primera seal de pasin, se dan media vuelta y salen corriendo. Me ha costado un poco darme cuenta, pero ahora que te conozco, haras mejor en tener cuidado. Una insinuacin ms en Panama City y te har el amor en esa dichosa playa.
    La amenaza la traspas hasta llegar a los dedos de los pies. l la dej libre, se retir a su asiento y encendi otro cigarrillo, tan tranquilo como si hubiera salido a dar un paseo.
    -Y para tu informacin, todo esto no va a ayudar a tu hermana. No va a casarse con Andy. De ninguna manera -enfatiz, y sus ojos oscuros echaban chispas- dar mi aprobacin a ese matrimonio.
    -Entonces por qu nos invitas a Panama City?, para practicar el tiro al blanco?
    -Tengo mis razones -contest enigmticamente.
    -No vas a darle ni siquiera una oportunidad, verdad? -lo acus.
    -No me atrevo -replic con severidad-. Yo s cules son las dificultades; t, no. Tu modo de vida y el mo son tan diferentes como pueden serlo Nueva York y un pantano.
    -Maldito yanqui sanguinario! -le espet ella. La furia la embelleca. Sus ojos refulgan, tena las mejillas arrebatadas... El moo se le haba deshecho y el pelo le caa por los hombros.
    -Se acabaron los miramientos, Silver? -la provoc, y aspir una calada.
    -Como si yo quisiera que mi hermana entrara a formar parte de una familia a la que pertenece alguien como t -grit-. Preferira que muriera soltera!
    Pareca como si l se fuera a ahogar de tanto aguantar la risa.
    "Es una sabandija", pens ella furiosa.
    -Clmate, encanto.
    Margie tena ganas de estrangularlo, de ponerle las manos encima y darle una paliza. Era la primera vez en su vida que senta una rabia tan fsica.
    l tambin se haba dado cuenta. Sus ojos brillaban con regocijo.
    -Quiero irme a casa -gru ella. Apart los ojos de Cannon y contempl el aparcamiento desierto. Not que las lgrimas le humedecan las pestaas y lo odi por ser capaz de hacerla llorar.
    -Te rindes? -volvi a provocarla.
    Ella dej escapar un suspiro largo y estremecido.
    Lo raro fue que en ese instante Cannon arroj el cigarrillo al cenicero y la tom entre sus brazos. Margie se puso rgida, estaba alucinada, pero l la atrajo hacia s y empez a acariciarla con suavidad. Ella dej que sus msculos se fueran relajando poco a poco hasta que not que el pecho clido de Cannon presionaba la suave curva de sus senos.
    -No voy a ir a Panama City -susurr. Saba que Jan necesitaba su apoyo, pero l la asustaba demasiado como para arriesgarse.
    -Claro que vas a venir -replic con suavidad, hablndole al odo para que ella notara el aliento clido de su respiracin en la piel-. Vas a venir porque yo quiero que vengas... y en el fondo, t tambin -murmur en tono misterioso.
    Ella le puso las manos en el pecho y lo empuj. Le entr un miedo cerval cuando se dio cuenta de que no poda librarse de l.
    -No, no! -suplic inmediatamente, y lo empujo con ms fuerza. Tena los ojos muy abiertos-. Por favor, no se te ocurra hacer eso...
    l la dejo libre al instante y observ cmo Margie trataba de recuperar la compostura.
    -Es slo conmigo o te comportas as con todos los hombres? -pregunt con voz pausada.
    -No soporto que me agarren o me retengan contra mi voluntad -admiti ella-. Me aterroriza.
    l ech un vistazo a la calle a travs del parabrisas y distingui las figuras de Jan y Andy, que se dirigan hacia ellos tomados de la mano. Solt una palabrota para sus adentros.
    -Algn da -la amenaz con dulzura- me vas a contar por qu.
    -Yo que t, no contara con ello -advirti Margie, que haba recuperado su carcter habitual al mismo tiempo que la calma-. Si voy a Panama City, espero poder verte lo menos posible.
    l esboz una sonrisa peligrosa.
    -As que vas a venir... Estupendo. Si hace falta te llevar a rastras.
    -Eso se llama secuestro -lo inform ella-. Es un delito.
    -Yo decido lo que es legal e ilegal, tengo mis propias leyes, no lo sabas? -manifest con arrogancia-. Si me empeo en algo, lo consigo.
    -Esta vez no.
    -Especialmente esta vez -replic.
    Su mirada busc la de Margie y, durante un instante, sta sinti como si el mundo desapareciera en la profundidad de los ojos marrones de Cannon. Era como si unos dedos estuvieran recorriendo su piel desnuda, eso era lo que senta al mirarlo. El tiempo pareci detenerse mientras ella luchaba contra una atraccin que no haba sentido nunca antes. Cannon no era como se lo haba imaginado. Era un rebelde, un proscrito, un pirata al que slo le faltaba el parche en el ojo. Era la mayor amenaza que haba afrontado en toda su vida, y una parte de ella quera salir del coche y echar a correr. Pero otra, la ms testaruda, estaba intrigada por la curiosidad creciente que senta por l.
    Cannon acerc un dedo a la boca de Margie y toc delicadamente sus labios; la caricia fue como un suspiro, increblemente sensual. El dedo se desliz apenas entre los labios y toc la blancura de perla de sus dientes.
    Ella se ech hacia atrs y dej escapar un extrao jadeo.
    La boca ancha y sensual de Cannon se curv en una sonrisa burlona.
    -Dime que vendrs a Panama City, Margie -murmur mientras la pareja formada por Jan y Andy se aproximaba al coche-. O prohibir a Andy que traiga a tu hermana.
    -Seras capaz! -lo acus.
    -Muy capaz. Vienes o no? Ya!
    -S, ir, ir -gimi Margie, y apart la vista.
    Andy abri la puerta y Jan y l subieron al asiento trasero. Ambos sonrean y parecan sentirse en la gloria.
    -Y ahora adnde vamos, hermanito? -dijo Andy entre risas.
    -A casa -respondi ste, y puso el coche en marcha.
    Al cabo de un rato, el Lincoln se detuvo delante de la casa de Margie y Jan y Cannon apag el motor. Cuando el grupo lleg a la puerta de entrada, Cannon se volvi hacia Margie mientras Andy y Jan se despedan cariosamente a unos cuantos pasos.
    -Pasar a recogeros a las dos el viernes por la maana, a las seis -dijo con voz pausada.
    -Si me dices el nombre de la compaa y el nmero de vuelo... -alcanz a balbucir Margie mientras trataba de ocultar lo asustada que estaba.
    -Nmero de vuelo? -l sonri framente-. Yo piloto mi propio avin, encanto.
    Margie saba que se haba puesto plida. Notaba cmo la sangre abandonaba su rostro.
    -Preferira no...
    -Llevo veinte aos pilotando, Margie -su tono impaciente esconda una nota de ternura-. Te prometo que cuando la vida de otros depende de m, no hago temeridades -la estudi detenidamente-. No has volado en avioneta desde la muerte de tu marido?
    Los ojos de Margie miraban la corbata negra de Cannon.
    -No.
    -Yo cuidar de que no te pase nada -afirm l en un tono raro, dulce, que hizo que ella alzara la vista hacia su rostro.
    Se vio de nuevo atrapada en la red oscura de los ojos de Cannon y la invadi una extraa ternura.
    -Ven conmigo -murmur l suavemente.
    Ella intent hablar, pero le faltaba el aliento. Cannon la estaba hipnotizando, era...
    -No tengo alternativa, verdad? -susurr con voz vacilante.
    -No -murmur l distradamente. Su mirada baj hasta los labios suaves y entreabiertos de Margie-. No deseaba tanto la boca de una mujer desde mi poca de instituto -dijo en voz baja, para que slo lo oyera ella.
    -No te creera ni aunque me lo juraras -respondi Margie tratando de quitarle importancia, aunque su corazn lata a la misma velocidad que el de un conejito asustado.
    -Ah, no?
    Dio un paso hacia ella y Margie abri mucho los ojos. Ya haba tenido ocasin de comprobar lo fuerte que era Cannon y le daba miedo. No deseaba averiguar si esa boca tan sensual y levemente cruel era tan experta como pareca.
    -Podras hacerte dao... -dijo sin pensar. No poda pensar.
    l baj la vista hacia el rostro de Margie y vio la ferocidad que haba en los ojos de ella.
    -Dios mo, te creo -murmur-. Te defenderas como gato panza arriba, verdad?
    Ella asinti lentamente con la cabeza, incapaz de romper la magia que los envolva.
    -Con uas y dientes.
    -Al principio -la corrigi l, y su mirada descendi como una caricia sobre el cuerpo de Margie antes de volver a clavarse en los ojos de sta-. Despus...
    Ella se aclar la garganta.
    -El viernes tengo un compromiso...
    -Anlalo -respondi lacnicamente-. Lo digo en serio. Si te echas atrs, Jan tampoco viene.
    Margie busc los ojos oscuro de Cannon. Estaba confusa, dudaba.
    -Si voy, te dignars a escucharme?
    -S -respondi l, y ella saba que hablaba en serio.
    -Entonces ir.
    l alz ligeramente la barbilla.
    -No prometer ms de lo que puedo ofrecer, Margie.
    -Nunca he pensado que fueras a hacer algo semejante -dijo ella con una sonrisa.
    l la estudi de nuevo y su mirada se detuvo en los senos.
    -Tal vez me he equivocado en una cosa -murmur.
    -En qu? -quiso saber Margie.
    -En lo del sujetador con relleno -susurr.
    Ella tuvo que apretar con fuerza los dientes para no abofetearlo, pero no pudo evitar ponerse roja como la grana.
    -Eres infame! -le espet.
    -Legtima indignacin? -se mof l-. Pudor ofendido? Crea que eras una mujer liberada.
    -Haces que me sienta como cuando tena trece aos -dijo sin pensar, e inmediatamente dese que el suelo se abriera bajo sus pies y la tragara la tierra, por haber reconocido algo as ante un hombre semejante.
    -En serio? -respondi l en tono burln.
    -Buenas noches, seor Van Dyne -murmur Margie dndose media vuelta.
    -No hay beso de despedida? -pregunt Cannon con insolencia.
    -Te mordera si te atrevieras a intentarlo -refunfu ella.
    Cannon alz una de sus espesas cejas al tiempo que sonrea de medio lado.
    -Qu intriga. Dnde me morderas?
    Margie saba que estaba derrotada. Sin decir ni una palabra ms, dej a los tres en los escalones de la entrada y entr en casa.
    
    

Cinco
    
    
    
    
    
    -Como si yo quisiera darle un beso! -farfull Margie mientras suba a su dormitorio, sin ver la cara divertida de Jan, que la segua escaleras arriba.
    -l quera? -pregunt su hermana.
    Margie no respondi a la pregunta.
    -Es un arrogante y un autoritario -dijo refunfuando-. Y debo estar loca perdida para haber accedido a este viaje.
    -Lo pasars bien -fue la respuesta-. Y a m me haces el mayor favor de tu vida.
    Margie se calm y, al llegar a la puerta de su habitacin, se gir para dedicarle a su hermana una sonrisa.
    -Soy una blanda, y lo sabes -se ri-. Quiz encuentre la manera de evitar a la apisonadora si me pongo a ello. Me llevar el ordenador: ser un incentivo para quedarme en mi habitacin y trabajar como loca para cumplir con la fecha lmite.
    Jan pareca sentirse culpable.
    -No te importa que no digamos nada de tus novelas, verdad? -pregunt, insegura-. No te pedira algo as si no hubiera una buena razn. Debo decirte que me siento tremendamente orgullosa de lo que has conseguido. Tienes talento, eres famosa... Lo que pasa es que Cannon es tan tan conservador que...
    -No me importa... -dijo Margie-. Ser agradable que nadie sepa quin soy en realidad, para variar. Como cuando era reportera, con mi cmara y mi libreta de notas. Ahora soy una cara en la solapa de mis libros. Mucha gente no se da cuenta de que, bajo el brillo de la fama, no hay nada ms que una persona que se dedica a algo que le gusta. No soy nadie especial.
    -Claro que eres especial -replic Jan, y la abraz-. Muy muy especial.
    Margie solt una risita.
    -Pues parece que Cannon no piensa lo mismo -dijo secamente-. En el restaurante, estaba a punto de mandarnos a Andy y a m castigados al servicio.
    Jan tambin se ri.
    -A Andy tambin le gusta divertirse, y le encanta escandalizar. Incluso a Cannon.
    -Hablando de convencionalismos -murmur Margie-, me parece que a lo mejor ese hermano mayor no es la persona estirada que aparenta. Me cont que la imagen conservadora forma parte de su estrategia para despistar a la gente.
    -Y t lo has credo?
    La pregunta de su hermana menor turb un poco a Margie.
    -S -respondi con calma-. Cannon es... impredecible. Esta noche he entendido lo que quiere decir ese refrn de "el que juega con fuego..."
    -No le tendrs miedo, verdad? -murmur Jan con tono divertido.
    -Yo? -Margie levant la barbilla como una princesa y se ech el chal por encima del hombro con un gesto teatral-. Te comunico que era famosa en mi clase del instituto por mi capacidad para librarme de los hombres. Cuando se trata de defenderme, no tengo rival. Con los puos, con las piernas, con... Dnde vas?
    -Buenas noches -respondi Jan mientras se diriga a su habitacin.
    -Pero si estbamos llegando a lo ms interesante! -protest Margie.
    -Gurdalo para la novela que ests escribiendo, pienso leerla -prometi Jan, y cerr su puerta a toda prisa.
    Margie se gir y entr en su dormitorio con una sonrisa vanidosa.
    Pero pas mucho rato antes de que lograra quedarse dormida. Cuando por fin lo consigui, Cannon Van Dyne se le apareci en sueos. Se despert sobresaltada y se sent en la cama. Su respiracin estaba alterada y el cuerpo le arda. Le temblaban los labios, como cuando l haba jugueteado con ellos. Tal vez tuviera el aspecto de un severo directivo, pero saba muy bien cmo portarse con una mujer. Margie habra apostado a que lo saba casi todo en lo referente a las reacciones femeninas, y eso era inquietante. Ella podra resultar vulnerable ante un hombre tan masculino y arrollador, y no quera que nadie le sacara ventaja. Ya haba notado que su pulso se disparaba en cuanto l la tocaba. Le espantaba la idea de que Cannon tuviera poder sobre ella.
    Tendra que mantenerse a prudente distancia de l durante su estancia en Panama City. sa era su nica esperanza. No poda arriesgarse a verse envuelta en una relacin con otro Larry. Le gustaba demasiado ser libre.
    
    
    El viernes por la maana, Margie se puso una blusa verde plido y un traje de lino blanco muy clsico. Se ech a rer cuando Jan baj con un sencillo vestido de playa de color verde menta.
    -Me parece que me he arreglado demasiado -gimi Margie-. Y seguro que Andy se presenta con pantalones cortos, a que s?
    -No hablemos de Andy -Jan sonri-. T ests muy guapa.
    -T tambin. Bueno, vamos a revisar otra vez que todas las puertas, ventanas y llaves de paso estn bien cerradas.
    Las dos hermanas haban hecho los preparativos necesarios para ausentarse dos semanas. Haban cancelado las citas que Margie tena en su agenda, informado al jefe de Jan y pedido a la seora James que vigilara la casa y recogiera el correo.
    Revisaron que todo estaba en orden en el piso de arriba y, para cuando volvieron a bajar, un coche estaba estacionando delante de la casa. El corazn de Margie empez a latir a toda velocidad. Se ech hacia atrs el pelo con una mano que casi le temblaba de anticipacin. Seguro que la causa de ese desacostumbrado nerviosismo era tener que viajar en avin, no la presencia de Cannon, se dijo.
    -Ya han llegado! -exclam Jan, y fue corriendo a la puerta. Margie no recordaba cundo su vida y la de su hermana menor haban estado tan llenas de entusiasmo y diversin. Cualquier sacrificio vala la pena con tal de ver a su hermana menor as de contenta.
    Jan abri la puerta y all estaba Andy, vestido con pantaln bermudas, una camisa de playa y zapatillas deportivas. Se inclin para darle a Jan un beso suave y luego levant la cabeza hacia Margie para saludarla.
    -Ya saba yo que voy demasiado arreglada -suspir sta.
    -Ests muy elegante -coment Andy observndola detenidamente.
    Ella fingi una pose, como si fuera una modelo.
    -Llamamos a Vogue y les decimos que pueden sacarme en portada?
    Jan y Andy soltaron unas risitas, pero la sbita aparicin de Cannon en la puerta fue suficiente para acabar con la diversin. Pareca cansado y sin una pizca de humor. Llevaba un traje de safari que, en cualquier otro hombre, habra resultado pretencioso, pero Margie ya se lo estaba imaginando rodeado por un halo de aventura: "el gran hombre blanco", el cazador con el rifle al hombro y una fila de porteadores nativos tras l.
    Mientras Andy agarraba sus maletas y Jan y l se dirigan hacia el coche, Margie no pudo contenerse.
    -Es que vamos a pasar por Ciudad del Cabo o por alguna reserva africana? -pregunt a Cannon.
    l se qued mirndola fijamente con los ojos cargados de una violenta emocin.
    -Dentro de tres horas y cuando me haya tomado al menos cuatro cafs, a lo mejor me parece divertido -respondi-. Pero ahora mismo lo nico que quiero es que nos marchemos.
    -Vaya, encanto, pues que no se diga que estoy estorbando el paso a un hombre ocupado! -dijo arrastrando las palabras, y agarr su bolso.
    l no se movi, como Margie haba esperado que hara. Se choc con su corpachn y lanz un gemido de sorpresa.
    Cannon la sujet por los hombros y la mir a los ojos. Ella se ruboriz.
    -Deja de actuar -orden l tranquilamente-. S t misma, al menos conmigo.
    Margie casi no poda respirar. l la haca sentirse rara..., joven, nerviosa.
    -No estoy actuando -consigui responder temblorosamente.
    La agarr con ms fuerza y ella se puso rgida involuntariamente.
    -Eres como la porcelana -murmur-. Tan bonita e igual de frgil. Vamos, preciosa. Llevo toda la noche despierto hablando de fusiones y estoy hecho polvo. Vmonos.
    -Ests seguro de que sers capaz de volar? -pregunt.
    -No -admiti l para sorpresa de Margie-. Por eso he llamado a mi piloto para que nos lleve a Panama City. Todava tengo que hacer muchas llamadas y no puedo hablar por telfono y pilotar al mismo tiempo.
    Ella lo sigui fuera, casi tena que correr para mantenerse a su paso.
    -Jan, llevas mi ordenador?
    La pregunta interrumpi la perezosa conversacin de su hermana con Andy.
    -S, claro -Jan sonri-. Est en el maletero, con el resto del equipaje.
    -Necesitas dar esa imagen de trabajadora incansable para impresionar a la gente? -pregunt Cannon con una sonrisa provocadora.
    -Ya te he dicho que siempre me gusta ir un poco por delante y tener escritos los artculos de las semanas siguientes -levant la vista mientras l le abra la puerta para que subiera al coche-. Y mira quin habla de trabajar demasiado. Alguna vez te relajas?
    -Slo en la cama -admiti Cannon.
    Ella se ruboriz y apart la vista rpidamente, consciente de cmo se le haba disparado el pulso.
    l dej escapar una carcajada.
    -Pero... qu mente tan retorcida tienes. Quiero decir que slo me relajo cuando duermo.
    Margie no se dej vencer.
    -Hace un da precioso para viajar! -afirm con conviccin.
    
    

Seis
    
    
    
    
    
    La casa de verano de los Van Dyne estaba situada a apenas unas millas de Panama City, en Florida. Se hallaba rodeada por un muro alto de piedra blanca, y un sendero empedrado flanqueado por palmeras e hibiscos en flor llevaba hasta la casa. sta tambin era de piedra, espaciosa, con imponentes puertas de caoba y una escalera en curva tambin de caoba. Los muebles tenan una aire de las Indias Occidentales y el suelo del vestbulo estaba cubierto con baldosa. El resto de la casa estaba decorada con elegancia: los ventanales, enmarcados por pesadas cortinas y las estanteras y mesas, llenas de objetos y adornos tremendamente caros.
    Victorine Van Dyne encajaba a la perfeccin en aquel ambiente. Era como los muebles de su casa de verano: elegante, venerable y encantadora. Se pareca a sus hijos, a los dos. Tena los ojos de color marrn oscuro, igual que Cannon, pero su expresin era abierta y amigable, como la de Andy. Era bajita, de complexin delicada, y una nube de cabellos plateados enmarcaba su cara, a la que era difcil poner edad.
    -He odo hablar mucho de vosotras a Cannon y Andrew -dijo Victorine, y sus ojos oscuros brillaron-. Diferentes versiones, ya sabis -aadi con malicia-. Cannon casi no me haba dicho nada hasta principios de esta semana, pero desde entonces no ha parado de hablar de vosotras. Estoy encantada de conoceros.
    Jan le dio un impulsivo abrazo despus de que Cannon hiciera las presentaciones, y Victorine se lo devolvi con una ligera reserva. Su atencin estaba centrada en Margie.
    sta esboz una sonrisa traviesa.
    -A pesar de lo que estoy segura de que le habrn contado sobre m, no me dedico a la profesin ms antigua del mundo.
    Victorine le sonri.
    -Iba a preguntarte si te gustaba tu trabajo -se ri-, pero supongo que primero ser mejor que te pregunte a qu te dedicas.
    -A quedarse en casa y provocar a sus vecinas -dijo Cannon por encima del hombro de Margie, y a continuacin desapareci escaleras arriba con varias maletas. Jan y Andy lo siguieron mientras trataban con todas sus fuerzas de no echarse a rer.
    -Ahora -dijo Victorine cuando Margie y ella se quedaron solas-, espero que me cuentes qu est pasando.
    Y Margie hizo lo que le peda sin ahorrar detalle.
    -Una cosa llev a la otra y, tras nuestro primer encuentro, Cannon se march convencido de que yo era una comehombres; despus del segundo, quera mandarme a un sanatorio mental, y ahora creo que querra hacerme picadillo -aadi con una sonrisa.
    -Ten cuidado, jovencita -le advirti la mujer mayor entre risas-. Nunca antes haba mostrado tanto disgusto por alguien a primera vista. Podra ser un presagio.
    Margie arque las cejas.
    -Algo parecido a un hechizo?
    Victorine la mir.
    -Cannon me ha dicho que eres viuda.
    -S -baj la vista-. Mi marido muri en un accidente de avin hace cinco aos.
    -Yo perd al mo hace ms o menos ese tiempo -suspir Victorine-. Su muerte fue un golpe muy duro, no slo para m, tambin para Cannon, porque hered todas las responsabilidades. Andrew lo ayuda, claro, pero el que lleva las empresas es Cannon.
    -Un hombre sometido a una gran presin -coment Margie.
    -Grandsima, y no sabe delegar. Y en algn punto del camino ha perdido su sentido del humor y se le ha olvidado cmo disfrutar de la vida. Tuvo un matrimonio difcil y un divorcio an ms difcil. Fue una bendicin que no hubiera nios de por medio -mir a Margie-. T...?
    -No -respondi ella secamente, con ms sequedad de la que habra querido imprimir a su voz.
    Con delicadeza, Victorine le puso una mano en el brazo.
    -No fue un matrimonio feliz? -pregunt con voz pausada.
    Margie movi la cabeza a un lado y a otro y, durante un instante, la mscara tras la que se ocultaba se desvaneci.
    La madre de Cannon pareci entenderlo todo y se alej.
    -Sintate y vamos a seguir hablando. Tengo angina de pecho y no puedo moverme mucho, aunque lo intento -por un momento pareci que estaba enfadada-. Me protegen demasiado, ya sabes. Cannon pide a los empleados que me espen.
    Los ojos de Margie brillaron.
    -Que l qu?
    Victorine frunci el ceo mientras se sentaba en el sof.
    -Hace que me espen, y si hago cosas que l y el tonto ese del mdico no me dejan hacer, se pone furioso.
    -Debe resultar un tormento -coment Margie sentndose a su lado-, empezando por vivir con l.
    Victorine sonri y pens que le gustaba aquella joven. Y tena la extraa sensacin de que a Cannon tambin llegara a gustarle.
    
    
    Los das se sucedan perezosamente. Cannon estaba casi siempre ausente, en reuniones de negocios. Jan y Margie se quedaban en la casa, disfrutando del sol y de la playa. Hablaban con Victorine, vean la televisin y saboreaban los deliciosos platos que preparaba el cocinero francs. Era la clase de vacaciones que Margie necesitaba desde haca tiempo, y se dio cuenta de que lograba relajarse y se tomaba las cosas con calma. Trabajaba en su libro con un ritmo pausado, sin agobios, casi siempre por la maana.
    Pero segua perturbndola la mirada pensativa de Cannon cuando estaba en la casa. La miraba del modo en que un gato acecha a su presa, sin parpadear, fijamente, y eso la pona nerviosa.
    -Pretendes descubrir si tengo alguna verruga? -pregunt Margie el tercer da en la casa mientras esperaban a los dems para cenar.
    -Es que tienes una? -inquiri l, recostado en el gran silln que pareca ser de su propiedad particular.
    -No en sitio visible -respondi ella pensativamente.
    -Ahora me has intrigado -replic Cannon, y sus ojos oscuros se pasearon perezosamente por el cuerpo de Margie. sta llevaba un vestido blanco de tirantes y, de repente, su piel not como si alguien la estuviera acariciando.
    Habra deseado poder devolverle una mirada igualmente sensual, pero no se atreva. Cannon llevaba una camisa azul de seda abierta hasta el pecho y pantalones blancos. Por su apariencia, se dira que era un actor famoso.
    -Maana van a venir a cenar unos seores, una cena de negocios -dijo de pronto, y se detuvo para encender un cigarrillo y dar una calada antes de continuar-. Te agradecera que no te colgaras de la araa y que no te pusieras un vestido escandaloso, del estilo sin espalda.
    -No tengo ningn vestido sin espalda -lo inform.
    l esboz una sonrisa de medio lado.
    -Ni siquiera para escandalizar a la seora James? -la provoc.
    -En algn punto tengo que establecer los lmites... -contest ella a la defensiva, sin darse por vencida.
    Cannon mir el modo como sus manos jugueteaban con la tela del vestido.
    -Me gusta tu pelo as como lo llevas, suelto -seal, y dej que sus ojos se deslizaran por la melena larga y algo despeinada de Margie-. Es sexy.
    Ella se ruboriz y se puso inmediatamente de pie.
    -No tendramos que entrar ya? -pregunt.
    l tambin se levant, lenta, perezosamente, y fue hacia ella. Se mova con la agilidad y la elegancia de un jaguar.
    -Me tienes miedo? -dijo acercndose a Margie-. Por qu?
    Ella se retir y se encogi de hombros mientras dejaba escapar una carcajada.
    -Miedo no. Simplemente, tengo cuidado. A veces haces que me sienta acorralada.
    -Yo? -dijo l pensativamente mirndola desde arriba-. Qu reaccin tan interesante.
    Margie lo mir a su vez.
    -Crea que esta noche tenas una reunin.
    l solt una risotada.
    -Ests tratando de librarte de m, Margie? Efectivamente, tengo una reunin, pero despus de cenar.
    -El trabajo ocupa la mayor parte de tu vida, no? -seal tranquilamente.
    l asinti y se llev el cigarrillo a los labios. Estaba mirndola, catalogndola, y aquello hizo temblar a Margie.
    -El remedio universal, ya sabes -respondi.
    -Es que necesitas remedios? -contest con brusquedad.
    Cannon busc los grandes ojos de Margie.
    -Y t? -pregunt a su vez-. Pasas mucho tiempo sentada delante del ordenador para ser alguien que tan slo publica una columna a la semana. Te compensa?
    -Cmo que si me compensa? -tena que contener las ganas de salir corriendo.
    -Por la falta de un amante -dijo sin rodeos, y sonri burlonamente al ver que los ojos verdes de Margie casi se salan de sus rbitas.
    
    

Siete
    
    
    
    
    
    Margie sinti que se quedaba sin respiracin momentneamente y levant la vista hacia los ojos oscuros y burlones de Cannon.
    -No quiero amantes -respondi framente.
    -Eso lo dejas muy claro -dijo l, imperturbable-. Pareces una mujer a la que nadie ha tocado hace aos. Ni acariciado -murmur. Se acerc a ella y le pas el dorso de los dedos por el pmulo.
    Ella se apart de un salto, con los ojos como platos y los labios entreabiertos.
    -No...! -le advirti.
    l alz la cabeza y la estudi detenidamente. El humo del cigarrillo formaba una delgada pantalla de humo entre ellos.
    -No te gusta que te toquen, verdad? -pregunt-. Lo cual prueba mi teora. Cunto tiempo hace que no te ha besado un hombre? Que no te ha besado de verdad, con pasin.
    Margie senta que se asfixiaba.
    -El sexo no lo es todo, seor Van Dyne -afirm, puntuando cada palabra.
    -Hablas como una monja -alab l con sorna.
    -Los hombres slo pensis en eso -lo acus-. Qu importancia pueden tener para vosotros las necesidades de una mujer?
    -Y qu sabes t de lo que necesita una mujer? -la ret l, y dej que sus ojos vagaran por el cuerpo de Margie-. Dime una cosa, Silver. Tu marido muri de verdad en un accidente de avin... o pereci de congelacin en tu cama?
    Ella levant una mano sin pensar. Fue un gesto involuntario, una respuesta pasional, pero l fue ms rpido. Le agarr la mueca con mano de hierro y detuvo la mano de Margie a apenas unos centmetros de su bronceada mejilla.
    -Si vuelves a levantarme la mano, fierecilla, te tumbar en el suelo y te dar unas clases de pasin que nunca has visto -le advirti con voz pausada.
    -Qu sabrs t de pasin, si eres un adicto al trabajo? -replic ella mientras trataba de librarse de la mano que atenazaba su mueca. Tena el pelo revuelto y las mejillas encendidas, estaba realmente guapa.
    El se ri por lo bajo. Alarg el otro brazo para sujetarla y la peg a su cuerpo. La retena con una facilidad sorprendente, sin esfuerzo.
    Ella lo mir con ojos asustados y se revolvi con mpetu. Su expresin revelaba la aprehensin que senta.
    -Maldito seas -balbuci mientras intentaba darle patadas en las espinillas.
    -Por fin -murmur l-. La mujer real, debajo de la mscara.
    Ella le puso las manos en el pecho para empujarlo y sus palmas entraron en contacto con el vello rizado que lo cubra. Se qued helada ante aquel contacto inusual. Siempre haba evitado tocar a Larry, pero descubri que a sus manos les gustaba el tacto de la piel de Cannon y, precisamente por eso, las retir como si se hubiera quemado.
    l la agarr por el pelo, una melena sedosa y abundante, y la oblig a levantar la cara y mirarlo. Sus ojos se haban oscurecido mientras ella se debata hasta volverse casi negros, y su mirada no era risuea. Sus labios estaban entreabiertos y las aletas de la nariz, dilatadas.
    -Sultame, Cannon -susurr ella temblando.
    -Estamos peleando, encanto -replic con un voz profunda, ronca-. Y has perdido. Nunca has odo quin se queda con el botn?
    Estaba bajando la cabeza y ella tena miedo, miedo de que la obligara a someterse.
    -Por favor, no! -grit, y su cara se qued blanca como el papel mientras vea sobre ella la cara de Larry, insensible, dominada por el deseo sexual...
    De pronto Cannon la alz en brazos, la llev al sof y la tumb encima. Sus ojos mostraban confusin y preocupacin a la vez.
    -Quieres un brandy? -pregunt.
    Ella mene la cabeza a derecha e izquierda. Su respiracin era agitada. Cerr los ojos con la esperanza de que l se marchara.
    -Vas a contarme qu es lo que te pasa? -inquiri l concisamente-. Me acerco a ti y retrocedes; te toco y parece como si te hubiera arrancado la piel. Y ahora, hace un momento... Dios mo, es que creas que iba a violarte?
    Margie no era capaz de mirarlo.
    -No me gusta que me retengan contra mi voluntad -susurr-. No lo soporto.
    -Ya me he dado cuenta.
    -Entonces por qu lo haces? -farfull con la voz quebrada.
    l respir hondo.
    -T hieres mi orgullo -explic con voz calmada-. No me gusta que me digan que soy un adicto al trabajo sin sentimientos.
    Ella se sent y suspiro pesadamente.
    -No se trata de ti -dijo con tono cansado-. No es por ti.
    -Entonces por qu es? -quera una explicacin.
    Ella se ri con amargura.
    -Deja de intentar tomar por asalto la ciudad, de acuerdo, Atila? -le pidi-. Yo no me entrometo en tu vida, a que no?
    l frunci el entrecejo.
    -No, tengo que reconocerlo. Y eso tambin me irrita -murmur al tiempo que se giraba para ver llegar a los dems, y se olvidaba de la tensin que reinaba en el ambiente.
    -Salvada! -susurr ella para irritarlo.
    -Slo por ahora -asegur l.
    
    
    Esa noche, cuando Margie estaba a punto de subir a acostarse, Cannon regres de su reunin de negocios. Sin casi mirarla, fue hasta la barra del bar que haba junto al saln y se sirvi un brandy. Llevaba la camisa abierta hasta la cintura y la chaqueta blanca del traje colgada al hombro. Dej sta encima de la barra y se bebi el brandy de un trago. Tena el pelo revuelto, como si lo hubiera despeinado la brisa del mar, y los ojos rojos, cansados.
    Margie se alej lentamente con la esperanza de salir de all sin tener que hablar con l, pero Cannon se interpuso entre la puerta y ella con una sonrisa tan burlona que decidi sentarse en el sof en lugar de intentar escapar.
    -Qu es lo que tengo que siempre te entran ganas de salir corriendo? -pregunt l secamente. Se dej caer en el sof junto a ella y cruz una pierna.
    -No me gusta tu manera de abordar las cosas -le espet, y se frot los brazos como si tuviera fro.
    -Dios mo, qu manera de abordar las cosas? -dijo refunfuando-. Antes queras pegarme, ya no te acuerdas?
    La cara de Margie se qued helada.
    -Y t ya no te acuerdas de lo que me has dicho?
    -Pues no, no me acuerdo -admiti l-. No era nada importante -respir hondo mientras ella bufaba en silencio-. Estoy cansado. A medida que me hago mayor, ms me convenzo de que los ejecutivos de segundo nivel slo existen para volverlo a uno loco.
    -Has tenido que lidiar con alguno esta noche, puedo suponer? -pregunt, y apret las manos en el regazo. No poda salir corriendo.
    l dej escapar una carcajada breve.
    -sa es una manera agradable de decirlo.
    Los ojos de Margie se posaron en la mano de Cannon, la mano bien dibujada que sujetaba el cigarrillo. Tena manos fuertes, pens, muy masculinas. Sus ojos se elevaron de manera involuntaria hasta el pecho de Cannon, medio desnudo, y not que un estremecimiento la recorra mientras recordaba la sensacin de sentirlo bajo sus manos. No tena intencin de tocarlo, no deseaba hacerlo, pero aquel fugaz contacto con la piel cubierta de vello rizado haba desencadenado sensaciones increbles en ella. Avergonzada de sus propios pensamientos, volvi a bajar la vista a las manos de Cannon mientras notaba que sus mejillas se ruborizaban.
    -Mis manos te molestan? -pregunt l pausadamente-. Puedo guardarlas en los bolsillos...
    Ella se aclar la garganta.
    -Estaba pensando una cosa -dijo entre dientes.
    l termin de fumar su cigarrillo y lo apag en el cenicero ms prximo.
    -No bebes, verdad? -pregunt con nimo de relajar la conversacin-. La noche que cenamos en Louis Dane's no tocaste tu copa, y nunca bebes vino en las comidas.
    Ella levant la vista hacia l.
    -No me gusta el alcohol -admiti-. No sabes las cosas que te llam la noche que nos conocimos, cuando pediste para m esa copa que, por supuesto, ni toqu y adems me dejaste plantada con la cuenta.
    l se ri a gusto.
    -Uno de estos das te compensar.
    Apoy un brazo, largo y poderoso, en el respaldo del sof y la estudi. Aquel gesto hizo que la camisa se le abriera todava ms, y Margie tuvo que apartar la vista para no quedar hipnotizada por la visin de su torso desnudo, tremendamente masculino.
    -Por qu no bebes?
    -No podra tragar esos jarabes -respondi ella.
    -Es eso verdad? O es que el alcohol est asociado a algn recuerdo desagradable en tu memoria?
    Ella pens en el alcoholismo de su padre y not que se pona plida.
    -Me gusta mucho tu madre -dijo para cambiar de tema-. Tiene mucha personalidad.
    l vacil, pero finalmente acept abandonar aquella conversacin.
    -A la fuerza -respondi al cabo de un minuto-. Mi padre era militar, coronel retirado. Particip en dos guerras. En tiempo de paz, se aburra, as que para divertirse intentaba reglamentar estrictamente las vidas de la gente que lo rodeaba.
    -En especial la tuya? -tante ella.
    l alz una ceja.
    -Muy perspicaz -se ri-. S, en especial la ma. Al menos hasta que super mi necesidad adolescente de obtener su aprobacin. Nuestras peleas eran legendarias, y a l le encantaban. Hasta que muri.
    Ella busc con la mirada los ojos oscuros de Cannon.
    -Y Andy?
    Cannon se encogi de hombros.
    -Andy no se pelea con nadie, y an menos conmigo -aadi con aire desafiante.
    -Eso es una advertencia?
    -Tmatelo como quieras -encendi un cigarrillo sin ofrecerle a ella-. Andy no tiene un carcter fuerte. Necesita una mujer lo bastante sofisticada como para mantener a los lobos a raya.
    -Insinas que es un dbil que necesita una arpa como socia? -replic-. Lo ests insultando y, adems, no es verdad. Andy puede ser alegre y divertido, pero no es un blando. Algn da lo averiguars t mismo.
    l arque ambas cejas con gesto insolente.
    -Te crees que vas a ensearme a m cmo es mi hermano?
    -No pienses que lo conoces mejor que nadie -se apresur a responder-. Nunca conocemos del todo a los dems. Todos tenemos una parte de nosotros que ni siquiera nuestra familia conoce.
    -Entonces cmo conoces t esa parte oculta de la personalidad de Andy?
    -Cuando trabajaba en el peridico, aprend a conocer a la gente -lo inform-. Andy tiene una determinacin de acero bajo su aparente afabilidad. T todava no lo has descubierto porque hasta ahora no le negabas nada de lo que quera. Dile que no puede quedarse con Jan y vers lo que ocurre -lo ret.
    Los ojos oscuros de Cannon se entrecerraron amenazadoramente mientras el olvidado cigarrillo despeda volutas de humo que ascendan por el aire entre ambos.
    -Cielo santo, tienes valor.
    -Qu pasa, seor Van Dyne? -lo reprendi ella-, no ests acostumbrado a que la gente te discuta?
    -No -admiti.
    -Bueno, tal vez asustes a tu junta directiva, pero hace falta mucho ms que un fabricante de ropa interior... Ay!
    Margie se qued boquiabierta cuando la mano de Cannon surgi de repente, la agarr por la nuca y tir de ella hasta que su cara estuvo debajo de la de l.
    -T sigue provocndome... -dijo en voz muy baja-. Estoy cansado y no tengo humor, y esta tarde ya me has sacado de mis casillas.
    -Djame -grit ella al tiempo que pona las manos en el pecho de Cannon y lo empujaba, igual que haba hecho antes. Y haba perdido. Pero ahora se trataba de algo distinto. Tena el pulso disparado, pero no era de miedo.
    l cerr ms la mano en torno a su cuello y la oblig a apoyar la mejilla en su hombro. No la toc de ningn otro modo, slo con esa mano implacable como el acero.
    -Adelante, encanto, pelea -la miraba fijamente a los ojos mientras su cabeza descenda hacia Margie-. Pero lo nico que vas a conseguir retorcindote contra m es que me excite todava ms...
    Ella se qued sin aliento ante aquella insinuacin y, cuando sus labios se separaron, l la bes.
    Margie senta que su cuerpo se arqueaba mientras unos labios clidos y firmes se abran paso en su boca y los dientes de Cannon mordisqueaban dulcemente los suyos. Aspir el olor a tabaco y a brandy, la fragancia de una colonia cara, y sinti una emocin nueva y extraa que iba derritiendo el hielo en su interior. Cannon era increblemente fuerte. Segua sujetndola por el cuello y su boca se mostraba deliberadamente ofensiva, mova la lengua de un modo que la haca sonrojarse. Podra clavarle las uas, araarlo, pero no lo hizo. Tena las manos recogidas contra su propio pecho.
    Gimi, abri los ojos y se encontr a Cannon mirndola con un brillo burln y divertido en la mirada mientras su boca controlaba y dominaba la de ella.
    Aquello era ms serio de lo que se imaginaba. Con anterioridad, ningn hombre la haba mirado a los ojos mientras la besaba, y una oleada clida recorri su cuerpo. Eso la asust ms que la fuerza de Cannon. De repente, apart su boca y se escurri hacia abajo para escapar de la mano que la sujetaba por el cuello. Fue un movimiento tan rpido que perdi el equilibrio y se cay hacia atrs, contra el brazo del sof. Respiraba pesadamente y en sus ojos haba miedo, desenfreno y emocin. Tena los labios hinchados y su cuerpo temblaba. Mir a Cannon como un animal acorralado.
    l la estudi con detenimiento. No tena ni un pelo fuera de su sitio, estaba impecable, y se llev el cigarrillo a los labios con dedos firmes. 
    -Ha sido repugnante -le reproch ella. Sus ojos centelleaban y lo miraban acusadoramente.
    Una sombra cruz por los ojos de Cannon, pero la expresin de ste no se alter.
    -T te lo has buscado, encanto -respondi con desenfado.
    -Perdone usted -replic ella mientras se esforzaba por recuperar el aliento-. Yo no encuentro placer en que me babeen.
    l frunci levemente el ceo.
    -As es como llamas a un beso, Silver, "babear"?
    Ella se puso de pie y se alej. Senta debilidad en las rodillas y su mente daba vueltas, confundida. Cmo poda hacerle entender lo profundas que eran las cicatrices que le haba dejado su matrimonio? Nunca lo entendera. Un machista como l..., imposible.
    -Me voy a la cama -dijo con voz ahogada. Se humedeci los labios secos y encontr el sabor de Cannon todava en ellos.
    -Te bates en retirada? -la provoc.
    Ella apoy la mano en el pomo de la puerta. As, furiosa, estaba muy guapa. Sus ojos refulgan como dos esmeraldas colombianas.
    -Slo Dios sabe de qu eres capaz -replic.
    Cannon se recost en el sof y la mir con descaro e insolencia.
    -No albergues demasiadas esperanzas, encanto -murmur-. Tengo que sacudirme a las mujeres, todas quieren entrar en mi dormitorio. Tendras que guardar cola.
    -Ni siquiera comprara entrada para semejante lugar -asegur ella.
    -Entonces estamos empatados -respondi Cannon, y dej escapar una risa amarga-. Besarte a ti es como besar a un cadver.
    Ella se qued sin respiracin. Le haba dolido; y mucho. Se gir y abri la puerta.
    -Margie! -llam Cannon de pronto.
    Ella se detuvo un instante, pero no se dio la vuelta. Luego cerr de un portazo y no paro de correr hasta llegar a su habitacin.
    
    

Ocho
    
    
    
    
    
    Margie y Cannon apenas se dirigieron la palabra en la mesa del desayuno, y ella evit mirarlo. No podra soportar la expresin de mofa que saba que encontrara en su mirada. El recuerdo del beso de la noche anterior estaba todava demasiado reciente.
    -A qu hora has dicho a tus invitados que vengan, cario? -pregunt Victorine a Cannon mientras terminaban de desayunar y compartan una segunda taza de caf.
    -A las seis -contest, y Margie not que la estaba mirando-. Lo que dije sobre su atuendo de esta noche iba en serio, seora Silver. Si bajas esas escaleras vestida con algo escandaloso, yo mismo volver a llevarte arriba.
    Margie no replic. Mantuvo la mirada fija en su plato y oy cmo la silla de Cannon araaba el suelo cuando ste la retir para levantarse. Luego oy un bufido y el ruido de pasos que se alejaban.
    -Bueno, bueno -murmur Victorine mirando a Margie-. Qu est pasando aqu? Habis reido?
    Margie levant la vista y dio gracias por que Jan y Andy no estuvieran por all y no hubieran presenciado la escena.
    -Podra decirse as -murmur lacnicamente. Dio un sorbo a su caf-. Es insoportable!
    -Tambin su padre -la inform Victorine. Sonri con melancola-. Pero yo lo quera con locura. Una vez averig por casualidad que, cuando estaba ms furioso y ms miedo daba, poda calmarlo slo con poner mis brazos alrededor de su cuello.
    Margie se qued mirndola fijamente.
    -Preferira dejarme matar antes que rodear el cuello de Cannon con los brazos.
    La anciana sonri.
    -De verdad? No ser que Cannon te perturba?
    Ella se movi, nerviosa.
    -Me... me asusta.
    -S, ya lo s. Tambin t lo asustas a l. Nunca se haba mostrado tan hostil con un invitado. Me doy cuenta de cmo se eriza cuando t entras en la habitacin; y siempre te sigue con la mirada.
    Margie pareca incmoda. Fue a agarrar la taza de caf con demasiado mpetu y casi la vuelca. Respir hondo mientras la estabilizaba.
    Victorine cubri la mano de Margie con la suya.
    -No dejes que te asuste, Margie. Es inflexible, pero porque siempre ha tenido que serlo. Sin embargo, puedo asegurarte que nunca te hara dao deliberadamente.
    Margie estuvo a punto de discutir aquella ltima afirmacin, pero cay en la cuenta de que haba sido ella la que haba provocado el violento enfrentamiento de la noche anterior. Y empezaba a preguntarse por qu. Sera porque saba que si lo haca enfadar lo suficiente, la tocara?, era eso lo que deseaba que pasara?
    -Est muy solo -sigui diciendo Victorine.
    -No es eso lo que me ha dicho -murmur Margie con los ojos entrecerrados-. Me dijo que tena que sacudirse a las mujeres, me ha insinuado que nunca le falta compaa en la cama -de pronto record con quin estaba hablando y se sonroj.
    Victorine sonri con regocijo.
    -Me pregunt por qu te habr dicho algo as -murmur-. Adems, no es verdad. Desde que Della lo dej..., mejor dicho, desde que l la ech de casa, no ha tenido ninguna relacin seria. S, claro, a veces sale con mujeres, no olvides que es un hombre, cario. Pero no se implica emocionalmente, pone su corazn a buen recaudo. Y no ha dejado que ninguna mujer se acerque a l.
    Margie se qued mirando con preocupacin el lquido negro que llenaba su taza.
    -Puedo preguntar por qu su esposa... se march?
    Victorine sonri con tristeza.
    -No por la razn que podras suponer -dijo amablemente-. Sencillamente, a Della le gustan los hombres. Creo que en medicina hay un trmino para denominar esa obsesin con el sexo. El orgullo de Cannon sufri mucho antes de que por fin se cansara y decidiera divorciarse -estudi detenidamente a Margie-. Tu marido te trataba con crueldad en la cama, verdad? -dijo pausadamente, y suspir-. Pero, cario, no todos los matrimonios son as. Tuviste una mala experiencia, pero no debes dejar que eso arruine tu futuro. No debes, Margie -extendi un brazo y le toc ligeramente la mano-. Eres demasiado joven para dejar de vivir la vida.
    Los grandes ojos de Margie se encontraron con los de Victorine y sta vio todos sus miedos.
    -En mi vida, los hombres no han sido precisamente la flor y la nata -dijo con calma-. Lo que s de mi propio padre es muy poco agradable, y mi marido fue otra decepcin... -levant la vista-. Supongo que no todos los hombres son unos monstruos, pero cmo puedes distinguir a uno malo de uno bueno antes de haber empezado a vivir con ellos? -murmur con tristeza-. Yo crea que Larry era el mejor del mundo. Si no puedo confiar en mi propia capacidad para juzgar a los dems, entonces cmo voy a dar crdito a mis impresiones sobre una persona?
    Victorine pareca preocupada.
    -Tienes que aprender a confiar de nuevo -dijo-. Ya s que es ms fcil decirlo que hacerlo, pero quizs averiges que surge de manera natural cuando conozcas al hombre adecuado.
    Margie suspir y termin su caf. Sonri con timidez.
    -Nunca haba hablado de esto con nadie. Excepto tal vez con Jan.
    -Me halaga que me lo digas. Y tu madre?
    -Muri al dar a luz a Jan. Apenas la recuerdo. Nos cri mi abuela McPherson, una anciana muy estricta. Le interesaba ms inculcarnos disciplina que darnos afecto -suspir y esboz una sonrisa-. La queramos, pero en toda nuestra vida Jan y yo slo nos hemos tenido la una a la otra...
    Victorine la miraba con una expresin rara, atenta, vigilante.
    -McPherson? -murmur.
    Margie deseaba haberse mordido la lengua. Y si Victorine haba descubierto su verdadera profesin? El apellido de su abuela era el que utilizaba como seudnimo para firmar sus novelas.
    -Ocurre algo? -pregunt mientras estudiaba el rostro de la madre de Cannon.
    Victorine se encogi de hombros.
    -Me he quedado pensando dnde he odo antes ese apellido -se ri-. Y como tu cara me resulta tan familiar... Bueno, en fin, me imagino que todos nos parecemos a alguien, no?
    -S, supongo que s -fue la respuesta de Margie, aliviada de poner fin a aquel asunto.
    -Me gusta tu hermana -coment Victorine-. Me gusta cmo acta Andy cuando est con ella. Se muestra muy protector, muy capaz..., muy diferente del Andy de antes, que siempre estaba esperando la aprobacin de Cannon antes de actuar. Est muy cambiado.
    -Jan lo quiere mucho -observ Margie-. Nunca la haba visto as de feliz. Pobre Jan, era siempre la que pagaba el mal carcter de Larry, pero estaba obligada a quedarse con nosotros porque no tena adnde ir. Desde que ha conocido a Andy la veo rerse, jugar, bromear... Crea que ya se haba olvidado de cmo se hacan esas cosas.
    Victorine pareca pensativa.
    -Y eso mismo podra decirse tambin de ti, no? -plante con delicadeza-. Siempre ests trabajando, a todas horas. No sers como esos novelistas frustrados que estn siempre escribiendo la novela del siglo pero que nunca la terminan? Vamos, confiesa. Escribes novelas?
    Margie se ech a rer a carcajadas.
    -Muy bien, de acuerdo. S, escribo novelas.
    -Lo saba! Qu tipo de novelas?, de misterio?
    -S -minti Margie-, cmo lo ha adivinado?
    La madre de Cannon se ri.
    -No lo s, se me ha ocurrido de repente. A m, personalmente, lo que me gusta son esos novelones de tipo histrico con historias romnticas y un poco picantes. Los devoro -estudi a Margie con ojos pensativos-. T tambin lees ese tipo de libros?
    -No, no, son demasiado sugestivos para mi gusto -minti Margie pidiendo perdn por engaar a su anfitriona.
    -Ah, ya -Victorine baj la vista hacia su caf, pero en su boca se dibujaba una sonrisa apenas disimulada.
    -Cannon no quiere que Jan y Andy se casen -dijo Margie, sin percatarse de esa sonrisa.
    -S, estoy al tanto -Victorine se acab el caf-, pero se le pasar. Todo lo que necesita para cambiar de opinin es conocer ms a Jan y verla con Andy. Lo que pasa es que Cannon es contrario al matrimonio. Es muy protector con Andy y no quiere que cometa un error. Su experiencia en ese terreno lo amarg mucho, igual que a ti. Pero se le pasar.
    Margie suspir.
    -Espero sinceramente que tengas razn.
    
    

Nueve
    
    
    
    
    
    Margie haba albergado la esperanza de quedarse en su habitacin esa noche y evitarse as tanto la cena con los invitados como tener que ver de nuevo a Cannon. No quera volver a enfrentarse a l hasta no tener claro cules eran sus sentimientos, pero Victorine no quiso ni or hablar de semejante idea.
    -No vas a esconderte en tu habitacin, de eso puedes estar segura -afirm con convencimiento, y de pronto su reducida figura pareci agrandarse.
    -No me estoy escondiendo -asegur Margie-. Es como si esta noche me quedara hibernando con el fin de recuperar fuerzas para maana.
    -No -se neg Victorine con firmeza-. Y espero que te pongas el vestido ms sugerente que tengas -aadi con una sonrisa-. Yo har lo propio. As aprender.
    Margie se ech a rer.
    -Ser una suegra fantstica...
    -Y me imagino que no te importara presentarte como candidata al puesto de nuera... -tante Victorine esperanzada.
    -Con quien quiere casarse Andy es con Jan, no conmigo.
    -Sabes muy bien que no me estoy refiriendo a Andy -lade la cabeza del mismo modo como lo haca su hijo mayor-. A Cannon le gustas, lo sabes. No lo puede ocultar.
    Margie entorn los prpados.
    -No quiero una relacin de ese tipo. Me da miedo.
    -A l tambin -replic Victorine, y sonri al ver la expresin de incredulidad de Margie-. Es cierto. Della lo amarg. Siempre se asegura de que sus amigas sean mujeres muy sofisticadas y liberales, y que su idea del compromiso sea una habitacin de hotel para pasar una noche -aadi con picarda.
    -Eso es todo lo que quiere de m tambin -dijo Margie en voz baja.
    -Ests segura? -inquiri Victorine-. Podras llevarte una sorpresa, cario. Ahora date prisa y arrglate. Y no lo olvides..., ponte algo provocativo!
    Pero Margie no haba metido en la maleta nada que fuera ni medianamente provocativo, as que, en consonancia con su estado de animo, eligi un vestido de estilo Victoriano con escote alto, cerrado con un lazo, y volantes en la pechera y tambin en el dobladillo de la falda, que era larga y con mucho vuelo. Se puso unos zapatos de tacn alto abotinados, se recogi el pelo en un moo alto y casi no se maquill. Con aquel vestido, su delgada figura adquira una delicadeza a la antigua usanza, muy elegante. Adems, esa noche no estaba de humor para fiestas y quera que su aspecto fuera acorde con su humor.
    Baj y se encontr a Victorine y a Jan de pie junto al arranque de la escalera.
    -Qu te parece, es lo bastante sugerente? -pregunt la madre de Cannon, y se movi un poco para mostrar su vestido de color ciruela, de terciopelo y muy escotado. Entonces repar en cmo iba vestida Margie.
    -Deja ver el tobillo -dijo sta a modo de explicacin-. En su poca, a principios del siglo veinte, era muy provocativo.
    Victorine se ri.
    -Lo creo.
    Margie observ a Jan. Estaba preciosa con su vestido de seda amarillo plido, que se cea a las curvas suaves de cuerpo.
    -Pareces una rosa del rbol de t -dijo a su hermana pequea.
    -A que s? -Victorine acababa de decirle exactamente lo mismo-. Tienes mucho gusto vistiendo. Uno de estos das, esa habilidad puede llegar a ser importante.
    Jan se ruboriz y sonri.
    -He pensado que Andy poda sentirse incmodo si me pona algo llamativo.
    -Cmo? -pregunt Andy, que se acercaba a ellas en ese instante, muy elegante y trajeado-. Yo incmodo? Ni hablar!
    Jan se ri y corri a su encuentro.
    -Estoy bien? -pregunt. Quera que l le diera su aprobacin.
    -Ests para comerte -murmur, y se inclin hacia delante para darle un beso en la frente.
    -Podrais reservar eso para cuando estis en vuestro dormitorio? -refunfu Cannon mientras se una a ellos. Lanz a su hermano menor una mirada intimidadora-. No puedo andar por esta casa sin encontrarme con vosotros dos haciendo arrumacos por los pasillos.
    -Si te molesta, no mires, hermanito -respondi Andy en una repentina e inusual muestra de carcter. Luego sonri framente-. Y para tu informacin, Jan y yo no compartimos habitacin. Tendremos tiempo de sobra para eso... cuando nos casemos.
    -Sin mi aprobacin? -fue la contestacin insolente de Cannon.
    Andy se puso muy tieso y abraz con fuerza a Jan.
    -Si es necesario, s. Mrame bien, Cal. Me he hecho mayor, ya no soy el chico de instituto deslumbrado por tu machismo. Y lo creas o no, soy muy capaz de mantenerme y de mantener a Jan.
    -Y dnde vas a trabajar, si se puede saber? -quiso saber Cannon.
    Andy cambi de postura.
    -Pues en la fbrica, claro.
    -Pinsalo otra vez -contest Cannon con una mirada triunfal-. Si te casas sin mi aprobacin, tendrs que empezar desde abajo y sin un centavo.
    -Cannon...! -comenz a decir Victorine.
    -El testamento dice muy claramente que el control absoluto de tu parte de la herencia me corresponde a m... hasta que cumplas treinta aos -aadi Cannon, y se llev una mano al bolsillo para sacar la pitillera-. Y no pensars cuestionar mi autoridad para contratar y despedir a quien yo quiera... As que no te pases de listo conmigo, porque eso no te conducir a ninguna parte.
    -Si nos perdonis -se limit a decir Andy mirando a Victorine y a Margie-, me parece que vamos a cenar en la ciudad.
    Jan pareca a punto de echarse a llorar y el corazn de Margie estaba deshecho. Dichoso Cannon! Mientras lo pensaba, le deca con la mirada, bien a las claras, lo que pensaba de l. Pero Cannon no se inmut.
    -Siento que tengamos invitados esta noche -dijo Victorine, y dirigi a su hijo mayor una sonrisa fra, aunque su mirada arda de indignacin-. Me encantara discutir contigo lo que acabas de decir, hijo mo.
    Cannon sonri regocijado al notar la furia contenida de su madre.
    -No lo dudo. Pero por mucho que me presionis Andy y t, no pienso ceder ni un milmetro hasta que no est convencido de que mi hermanito no se est equivocando.
    -Piensas pasarte el resto de tus das dicindole con qu mujeres debe salir, qu cubierto tiene que usar, qu programas puede ver en la tele...? -intervino Margie.
    -Esto no es asunto tuyo -se limit a responder l.
    -Jan es mi hermana; claro que es asunto mo -lo mir fijamente-. Ya ha sufrido bastante en su vida sin necesidad de que alguien tan protector y envarado como t le complique las cosas.
    Cannon la mir como si quisiera morderla. Victorine estaba a punto de abrir la boca para hablar cuando son el timbre de la puerta.
    -Aqu estn tus invitados -se apresur a decir-. El mayordomo los har pasar al saln, pero no deberamos ir a recibirlos?
    Cannon todava estaba mirando fijamente a Margie.
    -Luego -dijo amenazadoramente-, t y yo vamos a tener unas palabras.
    -Lo estoy deseando! -respondi Margie puntuando cada palabra, y le lanz una sonrisa llena de dulzura.
    Cannon dio media vuelta y se dirigi enfadado, a grandes zancadas, hacia la puerta de entrada mientras Victorine dejaba escapar un suspiro de alivio y animaba a Margie a seguirla.
    En el umbral haba dos hombres, uno alto y serio y otro bajo y gordo con la cara congestionada. Cannon los hizo pasar al saln y lanz una mirada de advertencia a Margie mientras le presentaba a Bob Long y Harry Neal.
    Al cabo de unos momentos, Margie se encontr en una esquina del saln con Bob Long mientras los dems discutan sobre la poltica econmica del gobierno.
    -Le interesa la poltica? -pregunt Margie educadamente.
    l neg con la cabeza, pareca irritado.
    -Lo mo es la gestin del agua y las medidas de ahorro en distribucin y consumo -mir a Margie-, pero no puedo esperar que le interese hablar de semejante asunto.
    Aquella actitud tan prepotente la ofendi un poco, pero a pesar de todo sonri.
    -Al contrario, es un tema que me apasiona tambin a m. Soy de una ciudad pequea cerca de Atlanta. Gastamos dos millones de galones al da y recibimos el agua de un afluente del ro Chattahoochee. La ciudad que se encuentra ms cerca de la nuestra tiene una fbrica que utiliza, ella sola, un milln de galones de agua al da; por no hablar del consumo individual, que asciende a tres millones de galones.
    Bob Long se qued mirndola fijamente, como si temiera haber odo mal.
    -Y se abastece del mismo afluente?
    -En parte -respondi Margie-. Pero el ao pasado, con la sequa, la ciudad tuvo que excavar tres nuevos pozos para cubrir las necesidades de agua, y ahora estn examinando si es factible construir un planta depuradora para todo el condado.
    -Lo mismo nos pas a nosotros -dijo l, y procedi a contarle los detalles del problema y las medidas que haban tomado las autoridades para solucionarlo.
    Cuando Cannon los interrumpi, estaban charlando animadamente sobre las nuevas leyes que regulaban el consumo de agua por municipio.
    -Siento interrumpir, Bob -murmur, y lanz una mirada severa a Margie-, pero Harry y yo necesitamos que nos aclares algunas cosas de la oferta de fusin.
    -Fusin... -Bob Long parpade-. Ah, s, la fusin -se gir y le ofreci la mano a Margie-. No recuerdo cuando fue la ltima vez que disfrut tanto con una conversacin. Tenemos que seguir hablando.
    Cannon pareca confuso, la miraba de una forma rara, y se alej con su invitado.
    Andy y Jan acababan de unirse al grupo. Andy pareca dispuesto para el combate y la propia Jan tena el aspecto de estar preparada para participar tambin ella en la refriega si era necesario. Ni siquiera la mirada hostil de Cannon cuando entraron en la sala logr incomodar a ninguno de ellos.
    -Vaya, vaya -brome Margie-. Habis cambiado de idea?
    -Pues s -Andy sonri-. En la universidad hice un curso de artes marciales. He salido fuera, he mirado el coche y me he dicho que uno slo huye cuando todas las apuestas estn en su contra.
    -Lo mismo digo -intervino Jan con una rara muestra de carcter-. Quiz no le guste a Cannon, pero va a tener que aceptarme antes o despus.
    Margie les sonri.
    -Bien dicho. Os ayudar en todo lo que pueda, incluso me ofrezco a manteneros si es necesario hasta que encontris la forma de salir adelante.
    Andy le lanz una clida sonrisa.
    -Nunca lo permitira -dijo-, pero tu apoyo significa mucho para nosotros. Gracias.
    -Para qu sirven si no las cuadas? -Margie se encogi de hombros teatralmente.
    -Por cierto -continu Andy-, cmo has conseguido que el viejo Long te sonra? Eso me ha parecido ver cuando entrbamos... Odia a la gente, siempre se queda en un rincn con su vaso en la mano hasta que llega el momento de hablar de negocios, y entonces, por sistema, se muestra en desacuerdo con cualquier cosa que se diga.
    -Long? Ese nombre me suena -murmur Jan, pensativa.
    -Seguramente. Llevo semanas quejndome de l -mir a Margie-. Cal est intentando convencer a Long para que su fbrica de punto se una a nuestra firma. Long no cede. Han tenido reuniones y reuniones y ms reuniones, y Cal est obligado a llevar en persona las negociaciones, pero hasta ahora ha tenido que tratar el tema con todos los cargos intermedios de la empresa de Long. sta es la primera vez que accede a acudir en persona.
    -Me siento halagada -murmur Margie con una sonrisa.
    
    
    En la mesa, no le sorprendi que la sentaran junto a Bob Long. Result que ste haba formado parte de la comisin de planificacin de gestin del agua y conoca todos los entresijos. No dejaron de hablar durante toda la cena. De hecho, Bob Long fue el ltimo en marcharse; un hombre completamente distinto del directivo de cara amargada que haba entrado por la puerta unas horas antes.
    -Todava no me has dado una respuesta sobre la fusin, Bob -le record Cannon, y lanz una mirada severa en direccin a Margie.
    -Ah, eso -Bob movi una mano alegremente-. Adelante. Haz que redacten los contratos y mndamelos. Firmar. Ha sido un placer, seora Silver -aadi y, sonriendo, estrech la mano delgada de Margie con la suya, huesuda-. Espero que se repita.
    -Yo tambin, seor Long -dijo con una sonrisa genuina-. Buenas noches.
    l asinti con la cabeza, se despidi de los dems y sali por la puerta sonriendo.
    -Dios mo -dijo Cannon en cuanto su invitado se hubo marchado-. Llevo meses intentando arrancarle una respuesta positiva que nos permita a Harry y a m seguir adelante con nuestros planes de expansin. No quera ceder, ni siquiera quera reunirse con nosotros. Y llega, habla dos horas contigo y se comporta como si la fusin no tuviera la menor importancia para l.
    -Es un introvertido -explic Margie-. No sabe relacionarse y su manera de participar es oponerse a todo. Le gusta que lo traten como a uno ms, tomar parte en la conversacin, pero no sabe cmo hacerlo.
    -T lo has conseguido -seal Cannon.
    -Yo he sido reportera -le record ella-. Hace aos, un redactor jefe con mucha experiencia me dijo que no hay gente sosa, sino reporteros con poca imaginacin. Despus de aquello, a fuerza de rodaje, aprend a hacer hablar a la gente. No es tan difcil. Slo tienes que encontrar temas que les gustan y saber escuchar.
    -Qu sencillo haces que suene, cario -dijo Victorine-. Y sabes muy bien que no es nada fcil.
    -En todo caso, me lo he pasado bien -respondi Margie-. Hemos estado hablando largo y tendido de la gestin del agua y las restricciones...
    -Mis dos hijos forman parte de comits que se ocupan de cuestiones relacionadas con el ahorro de agua en Chicago -observ Victorine-. Cannon fue una vez a hablar del tema en televisin.
    -No saba que a Bob le interesaran esas cuestiones -murmur Cannon, y mir a Margie como si sta tuviera la culpa.
    -Me parece que vamos a ir a ver un poco la tele -dijo Andy, que llevaba de la mano a Jan y le sonrea.
    -No os sentis demasiado cerca... -advirti Cannon con una sonrisa casi imperceptible-. De la televisin, quiero decir. Ya sabis lo que dicen de las radiaciones.
    Andy consigui devolverle la sonrisa.
    -Ya, ya s lo que dicen. Pero puedo cuidarme solito, hermano mayor. Y puedo cuidar de Jan, si ella me deja.
    Cannon observ a Andy.
    -Uno de estos das vamos a tener que hablar en serio.
    Andy asinti con la cabeza.
    -Eso mismo creo yo.
    -Voy a dar una vuelta en coche -anunci Cannon-. Ve a buscar un chal y ven conmigo, Margie.
    sta levant la vista hacia l.
    -No me estars hablando a m... -replic.
    -S, a ti. Te llevar a dar un paseo romntico a la luz de la luna.
    Ella estudi su expresin dura y suspir. Bueno, era inevitable, en algn momento iba a tener que enfrentarse a l, as que bien poda ser esa noche. De ese modo, no tendra que pasar el resto de su estancia all preguntndose cundo iba a dejarle las cosas claras.
    -Si no he vuelto dentro de dos horas -dijo Margie a Victorine en un susurro-, llama al sheriff y dile que sospechas que ha habido juego sucio.
    Victorine se ri.
    -De acuerdo, y har todo lo est en mi mano para protegerte, cario. Jurar que te arrastr contra tu voluntad...
    
    
    -Debo haber perdido la cabeza para marcharme as contigo -dijo Margie a Cannon cuando ya estaban en la carretera.
    -Y encima de noche -reconoci l-. Y entonces por qu lo has hecho?
    Ella se qued con la vista clavada en el regazo; las luces de nen de los carteles luminosos que flanqueaban la autova lanzaban destellos de colores.
    -No lo s. Hace un rato te habra estrangulado.
    -Estabas defendiendo a tu hermana, encanto. No esperes que yo haga menos por mi hermano.
    Ella dirigi su atencin a las olas que se levantaban en la superficie del mar, apenas visibles detrs de las filas de moteles que se levantaban junto a la playa.
    -En otras palabras, que todo depende del punto de vista, no?
    -Exacto.
    -Adnde vamos? -pregunt.
    l gir la cabeza para mirarla.
    -Esa pregunta me suena. Es que siempre sospechas que tengo segundas intenciones cuando te hago subir al coche conmigo?
    Ella se ech a rer.
    -As suena? Lo preguntaba por simple curiosidad.
    -No te preocupes -dijo. Gir el volante y entraron en una carretera larga que corra paralela a la playa-. No voy a intentar llevarte a un motel.
    Las mejillas de Margie se pusieron como la grana.
    -No pensaba que fueras a hacer nada parecido.
    -No? -dijo con la mirada fija en la carretera-. La mayor parte del tiempo actas como si fuera un violador evadido.
    -T mismo me dijiste que no eras un hombre tierno -respondi ella mientras entrelazaba las manos sobre el regazo.
    l mir hacia los lados.
    -Yo dije "amante" tierno -le record-. Y creo que me has malinterpretado. Quera decir que en la cama era exigente, no cruel.
    La cara de Margie estaba ardiendo, pero saba que la oscuridad la protega.
    -No dices nada? -pregunt Cannon. Levant el pie del acelerador mientras sacaba un cigarrillo del bolsillo y lo encenda.
    -Estoy lamiendo mis heridas -murmur ella.
    -No tendras ninguna si no hubieras tratado de romperme la mandbula -le record l.
    -Pero si me insultaste!
    -Y se puede saber qu hacas t? -replic l-. No quiero parecer presuntuoso, pero, por Dios, la ltima vez que tuve que pelearme por un beso fue hace veinte aos. Y nunca me haban dicho que fuera "repugnante".
    Ella empezaba a entender el comportamiento de Cannon y se sinti un poco avergonzada de s misma. Era un hombre orgulloso y sus palabras deban de haberlo herido. La noche anterior estaba asustada y alterada; no poda aceptar que aquel beso le gustara tanto. No slo no le haba repugnado, sino que dudaba que Cannon pudiera despertar en ella esa sensacin.
    -No debera haber dicho eso -admiti-. No era verdad.
    l dio una calada larga al cigarrillo.
    -Normalmente no soy agresivo -dijo al cabo de un minuto-. Lo de anoche fue excepcional. Maldita sea, es la manera que tienes de reaccionar cuando ests conmigo -aadi de pronto-. No puedo acercarme a ti.
    -Ya te lo he dicho, no es nada personal -replic ella. Suspir y se abraz la cintura-. No disfruto con el sexo -confes en voz baja-. No puedo evitarlo, as que, por favor, acptalo y no... fuerces las cosas.
    l sali de la carretera y detuvo el coche en un rea con mesas de picnic desde las que se poda contemplar una zona de dunas. Ms all se vean las olas rompiendo en la arena. Apag el motor y se volvi hacia ella. La luz de la luna iluminaba su rostro slo parcialmente, sus ojos brillaban por encima de la brasa del cigarrillo.
    -Una mujer es frgida por culpa de un hombre -dijo lacnicamente.
    Ella segua con la vista clavada en el regazo.
    -Qu esperas de m?, una confesin? -se ri, nerviosa-. Lo siento, pero te dije una vez que soy una persona muy reservada.
    -Ya somos dos -l aspir largamente el humo del cigarrillo-. Por qu te doy miedo?
    Margie juguete con la tela de la falda.
    -Eres muy grande -murmur.
    Los labios de Cannon se curvaron ligeramente en un amago de sonrisa.
    -Y qu quieres, un hombre que te llegue por la cintura para estar segura de vencerlo en el cuerpo a cuerpo?
    Sonaba tan ridculo que ella no pudo evitar rerse.
    -No, supongo que no.
    l dio otra calada al cigarrillo y se inclin hacia delante para apagarlo en el cenicero. Fue un movimiento que lo acerc ms a ella, tanto que Margie not el calor de su cuerpo y la fragancia masculina de su colonia.
    De pronto, l se gir de modo que su cara qued a slo unos centmetros de la de ella, y el corazn de Margie empez a latir muy deprisa.
    -Una vez me dejaste que te abrazara, te acuerdas? -pregunt Cannon mientras buscaba sus ojos con la mirada-. Te hice enfadar y gritaste, la noche que salimos con Andy y Jan.
    Ella se humedeci los labios. Lo miraba hipnotizada.
    -Quera pegarte -record.
    -Me estoy dando cuenta de que eso se ha vuelto una costumbre -murmur con una sonrisa. Con mucha suavidad, le puso las manos en los hombros y esper hasta que la resistencia cedi lo bastante como para permitirle acercarla a l.
    -Ven aqu -susurr, y lentamente fue deslizando los brazos alrededor de ella, dndole tiempo para retirarse si lo deseaba-. As, Margie, sin exigencias, sin amenazas. Lo nico que quiero es abrazarte.
    Ella sinti la mejilla spera de Cannon cuando roz su cara. Tambin notaba el ritmo lento y estable de la respiracin de ste en la curva de sus senos, levemente aplastados contra el pecho de l. No la estaba forzando ni obligando a nada, saba que si se resista mnimamente, la soltara. Saber eso la haca sentirse segura. Se relaj y le puso las manos sobre los hombros.
    -Ves? -murmur l. Su voz era tan profunda y acariciadora como el sonido de las olas que moran en la playa-. No voy a hacerte dao.
    Ella dej que sus ojos se cerraran y se abandon al abrazo. Era la primera vez que ceda sin luchar antes y era raro disfrutar de las sensaciones que aquel abandono produca en su cuerpo: un hormigueo, una excitacin amortiguada que se elevaba hasta sus sentidos y la haca ser consciente de la calidez que la envolva, del poderoso cuerpo de Cannon, de su olor, de la fuerza de sus manos, que le empujaban delicadamente la espalda por encima de la fina tela del vestido.
    Not que l se mova y la alzaba de su asiento. Se encontr sentada sobre sus muslos y con la cabeza apoyada en su hombro. Se quedaron mirndose, los ojos de ambos se paseaban sin prisas sobre el rostro del otro, absorbiendo cada detalle.
    -Es como abrazar un animalito salvaje -murmur l dulcemente. Alz una mano para retirarle unos mechones despeinados de las mejillas-. Eres muy suave, Margie. Tu piel es como la seda.
    Los dedos de Margie vacilaron antes de tocar la boca de Cannon. Traz el perfil de sus labios y sinti su clida firmeza. Luego los dedos fueron hasta su mandbula cuadrada, al pmulo, a la mejilla, oscurecida por la sombra de la barba incipiente. Le gustaba. Era la primera vez desde de su matrimonio que disfrutaba tocando a un hombre.
    l frot su nariz con la de ella de un modo suave y sensual.
    -Bsame, Margie -sugiri con voz zalamera. Su boca estaba justo encima de la de ella; la provocaba, la atormentaba. Las dos bocas casi se tocaban. Casi.
    Los dedos de Margie todava estaban acaricindole el pmulo.
    -Puedes hacerlo t -susurr ella, nerviosa.
    -No es eso lo que no funciona contigo, encanto? -pregunt-, que lo haga yo todo? No voy a obligarte a nada. Si quieres besarme, aqu tienes mi boca.
    Las manos de Margie agarraron las solapas de su chaqueta y se qued mirndolo fijamente, aturdida. Notaba el pulso que le lata con fuerza en las yemas de los dedos. Prob a rozar sus labios con los de ella. Una vez, dos... Lo bes con fuerza, provocadoramente, pero aquello no la satisfizo: l ni siquiera se movi.
    Sintindose ms segura, desliz las manos bajo los mechones negros de la nuca de Cannon y se apret contra l. Not cmo sus senos se aplastaban contra la pechera de la camisa mientras llevaba de nuevo los labios a su boca. Todo ese rato, no dejaba de mirarlo a los ojos. Abri la boca y lo anim a hacer lo mismo para poder oler su aliento. El tambin tena los ojos muy abiertos y observaba el modo en que responda cuando su lengua se mova sensualmente entre los labios entreabiertos de ella y la provocaba con una habilidad enloquecedora.
    Margie se qued sin aliento ante tantas nuevas sensaciones.
    Los labios de Cannon rozaron los suyos al hablar.
    -Esa noche te alter mucho, no? -murmur-. Lo de mirarnos mientras nos estbamos besando...
    -Nunca lo haba hecho -confes sin aliento. Sus dedos se enredaron en el pelo de Cannon, le gustaba su tacto.
    -Yo tampoco -respondi l-. Quera mirarte. Y sigo queriendo lo mismo. Abre un poco la boca.
    El corazn de Margie lata con fuerza mientras obedeca sin dejar de mirar los ojos oscuros de Cannon. Entonces unos dientes la mordisquearon y una lengua se abri paso entre sus labios. Tambin not que sus manos la agarraban y la obligaban a cambiar de posicin. Se encontr sentada a horcajadas y not cmo Cannon empujaba sus caderas contra las de l. Su boca se volvi ms exigente y Margie not que su cuerpo la traicionaba, que un deseo dulce brotaba dentro de ella a medida que notaba el de Cannon. La boca de ste segua provocndola y se dej llevar por la corriente que la arrastraba como a un nadador exhausto. Cerr los ojos; el placer era mayor de lo que esperaba. Incapaz de sostener la mirada apasionada de los ojos oscuros de Cannon, se rindi sin protestar. Dej escapar un quejido, un sonido extrao, largo, doloroso, en medio de la oscuridad. Le temblaban las piernas, tena las rodillas dobladas y estaban frente a frente. Le dolan los senos mientras trataba de pegarse an ms a l.
    Not cmo un estremecimiento recorra el cuerpo de Cannon y, de pronto, sinti que la mano de l estaba sobre uno de sus pechos y lo acariciaba por encima de la tela del vestido, poseyndolo. La invadi el pnico.
    Se ech hacia atrs dando un grito y le agarr la mano con dedos fros. Sus ojos mostraban confusin y perplejidad.
    l respir hondo.
    -Soy un hombre -se justific-. Si te frotas contra m de esa manera, qu esperas?
    Ella logr contener su lengua y se trag la contestacin desagradable que haba acudido automticamente a su boca, pero se levant del regazo de Cannon y volvi a su asiento. Se abraz la cintura con firmeza.
    -Lo siento -acert a decir con voz temblorosa.
    l no habl. Sac un cigarrillo y lo encendi. Su pulso ya no era tan firme como antes. Se qued tranquilamente sentado y fumando un rato antes de hablar. Su aspecto era oscuramente sensual. Tena el pelo revuelto y en los ojos negros todava brillaba la pasin frustrada.
    -Presumiblemente, los hombres te tocarn de vez en cuando -la provoc l en tono burln.
    -As no -confes ella, y lo mir con timidez.
    l pareca confuso.
    -No est permitido achucharse un poco? -murmur.
    Ella respir hondo. Le deba, al menos, una explicacin.
    -Si quieres saber la verdad, no s mucho de achuchones.
    -Pero si has estado casada!
    -S -replic ella. Haba amargura en su mirada-. Con un hombre que crea que la violacin era uno de los derechos del marido.
    
    

Diez
    
    
    
    
    
    l se qued mirndola largo rato. Su cara estaba rgida como la de una estatua y tena los ojos entrecerrados, como si estuviera calculando.
    Ella apart la mirada, se senta avergonzada. Nunca haba confesado aquello a nadie, aparte de a Jan.
    -Siento haber dejado que las cosas fueran tan lejos -dijo muy tensa-. No soporto la intimidad con un hombre. Recuerdo demasiado bien a donde conduce.
    l dej salir una nube de humo.
    -Es culpa ma -afirm, y se movi en el asiento para dejar reposar su brazo en el respaldo mientras la observaba-. ltimamente he dedicado ms tiempo a las dichosas fusiones que a las mujeres. No me haba dado cuenta de que estaba tan necesitado.
    Ella lo mir con el rabillo del ojo.
    -Si te sirve de consuelo -dijo-, haca mucho tiempo que no deseaba tanto besar a alguien.
    Cannon sonri de medio lado.
    -Lo mismo digo -murmur.
    Ella sonri y bajo la vista hacia su vestido, que estaba completamente retorcido.
    -Ahora entiendo por qu hacen cola para estar contigo -se ri-. Ests loco si piensas que es por tu dinero.
    l alarg un abraz y tom una de sus manos. La apart de su regazo y la entrelaz con la suya mediante una lenta y excitante caricia.
    -Eres capaz de hablar de tu matrimonio? -pregunt.
    Ella neg con la cabeza.
    -Es demasiado doloroso -confes-. Me cas muy ilusionada y acab escarmentada. Destruy todas mis ilusiones sobre el placer sexual.
    l suspir.
    -Debi de hacerte muchsimo dao.
    Ella se encogi de hombros.
    -Yo era virgen. No saba nada de sexo, aparte de lo poco que haba ledo en libros y de lo que contaban otras chicas. Me imagino que mi ignorancia lo exasperaba, y las cosas fueron de mal en peor.
    Los dedos de Cannon se pusieron en tensin.
    -La mayora de los hombres se preocupa de ir despacio la primera vez para no hacer dao.
    Ella se ri con amargura.
    -No era el caso de Larry -record-. La culpa era ma, la culpa era siempre ma... -se movi inquieta-. Podemos cambiar de tema, por favor?
    -En seguida -con la mano en la que tena el cigarrillo, la oblig a volver la cara hacia l-. Disfrutaste alguna vez?
    Ella busc sus ojos y esboz un amago de sonrisa.
    -No -admiti-. La primera vez me doli y luego... me resultaba tremendamente desagradable.
    -Una ltima pregunta y te dejar tranquila. Alguna vez sentiste con l lo que acabas de sentir conmigo? -pregunt con dulzura.
    Ella alz ambas cejas.
    -Si crees que voy a contestar a eso, te has vuelto loco -le dijo.
    -Asustada? -quiso saber l.
    Ella hizo un pequeo puchero con el labio inferior.
    -Sensata. Tu ego ya es demasiado pronunciado.
    -No se trata de ego -dijo Cannon negando con la cabeza-, sino de confianza en m mismo. En algunos aspectos -aclar mientras sonrea-. Contigo tengo que ir tanteando el terreno.
    Ella arque una ceja.
    -Literalmente? -murmur.
    l se ri.
    -Normalmente acto con ms delicadeza de la que he mostrado esta noche. Dios, hace un momento me has puesto a cien. Y cuando he notado cmo te pegabas a m, no he podido evitar acariciarte.
    Ella se ruboriz y mir sus manos entrelazadas. Estudi la mano de Cannon, mucho ms morena que la de ella, enorme, de uas cortas y fuerte.
    -Me gustan tus manos -habl pausadamente.
    Los dedos de Cannon se contrajeron.
    -Y a m las tuyas, encanto.
    Se apoy en el respaldo de su asiento y sigui fumando tranquilamente su cigarrillo. Se quedaron un rato callados. Era un silencio reconfortante y deliciosamente ntimo. Ella apoy la cabeza en su hombro y, sin decir una palabra, l la atrajo hacia s para que la mejilla descansara en su pecho.
    -Aunque no tengo el menor deseo de hacerlo -dijo Cannon unos momentos despus-, supongo que deberamos volver a casa.
    Ella abri los ojos y mir a travs de la ventanilla.
    -Me gusta estar contigo -confes.
    Cannon le dio un apretoncito en el brazo y ella not su aliento en el pelo.
    -Y a m contigo -murmur l-. Mucho.
    Era como volver a ser una chica que tuviera su primera cita con un amigo especial. Ella frot la mejilla contra su pecho y suspir.
    l apag el cigarrillo en el cenicero y alarg la mano hacia la llave de contacto. Ella fue a apartarse, pero l no se lo permiti.
    -No -dijo con un tono raro, dulce, y la mir a los ojos un instante-. No, qudate donde ests. Me gusta sentirte ah apoyada.
    Puso en marcha el coche y retrocedieron para incorporarse de nuevo a la autova. Durante todo el trayecto siguieron en aquella posicin. El brazo de Cannon la retena como si fuera un tesoro.
    Cuando llegaron a la casa, todas las luces estaban apagadas. l se baj primero y le abri la puerta. La tom de la mano y caminaron as hasta el porche.
    -Parece que se han ido todos a la cama -seal l con una sonrisa.
    Ella levant la vista.
    -T crees que Jan y Andy son amantes? -pregunt.
    l la mir.
    -No lo s -respondi con calma-. Por el bien de ambos, espero que no hayan dejado que las cosas vayan tan lejos. No me gustara que se tuvieran que casar a la fuerza, obligados por un embarazo no deseado.
    -Y cmo sabes que sera no deseado?
    l la mir fijamente a los ojos.
    -T queras tener hijos?
    Ella asinti con la cabeza, repentinamente triste.
    -Ms que nada en el mundo, pero l deca que no.
    -Fue mejor que no los tuvierais, dadas las circunstancias -seal l, y ella volvi a asentir con un gesto.
    -Y t? -senta que haba confianza para hacer aquella pregunta.
    Por un instante, Cannon dej caer la mscara que siempre cubra su rostro y ella vio a un hombre que estaba muy solo. l movi la cabeza arriba y abajo.
    -Y ella no? -tante.
    Cannon se ri con amargura.
    -Decidi que un embarazo podra estropear su figura. No mereca la pena el sacrificio.
    -Ay, Cal, lo siento -murmur compadecindolo.
    l la estudi durante un rato, buceando en su mirada. Se le oscurecieron los ojos y el pecho suba y bajaba trabajosamente. La agarr del brazo y la arrastr hacia la parte del porche que estaba a oscuras; luego la ci lentamente contra su cuerpo.
    -Si te asusto, dmelo -susurr con voz ronca, e inclin la cabeza hacia ella.
    La boca de Cannon se abri en el momento en que roz la de Margie y su lengua le hizo separar los labios y la devor en un silencio que arda con nuevas sensaciones, nuevas emociones. Ella le desliz los brazos alrededor de la cintura, por debajo de la chaqueta abierta, y disfrut del calor del cuerpo de Cannon, que arda debajo de la tela fina de la camisa de seda. Se fundi con l. Adoraba la sensacin de aquellas piernas fuertes pegadas a sus muslos, de los brazos que la abrazaban con firmeza y la cean an ms contra l. Con la lengua, le acarici el labio superior y explor su interior hmedo con una sensualidad que era nueva en ella.
    l retrocedi, le costaba respirar.
    -No hagas eso -murmur con voz ronca.
    Margie busc sus ojos oscuros con un abandono que tambin resultaba nuevo, casi sin aliento.
    -Me gusta cmo sabes -respondi en otro murmullo. Luego sonri con un brillo de fascinacin en la mirada-. Sabes a humo.
    De forma involuntaria, la boca de Cannon esboz una sonrisa.
    -Y t sabes a miel. Dulce, suave, tentadora... Demasiado tentadora para esta hora de la noche -aadi-. A menos que quieras acabar en la cama conmigo...
    Un hormigueo recorri a Margie de pies a cabeza. Se qued sin aliento al imaginarse la escena: la palidez de su piel en contraste con el cuerpo moreno y cubierto de vello de Cannon, los dos tumbados en la cama, sus brazos rodendole el cuello, dndole la bienvenida...
    -Te ests poniendo colorada -murmur.
    Ella baj la vista al suelo y se separ. Lo que estaba sintiendo era demasiado nuevo.
    -Creo que ser mejor que demos el da por acabado, seor Van Dyne, antes de que pierda pie.
    -Hace un momento era Cal -dijo l mientras meta la llave en la cerradura, abra la puerta y la haca pasar.
    Ella lo mir.
    -Haces que me sienta como un animal en peligro de extincin -confes, y se ri.
    -Y apenas he comenzado -murmur l en tono travieso-. Ven a nadar conmigo por la maana.
    Ella vacil.
    -Haba pensado ir al muelle y echar la caa, a ver si pesco algo -admiti.
    l alz mucho las cejas espesas.
    -Te gusta pescar?
    Ella se ri.
    -Bueno, es que nunca has visto a una mujer que le guste pescar?
    -No es eso -contest-. A m me encanta, pero prefiero la pesca de profundidad. Siempre que vengo a Florida aprovecho para salir al mar.
    Los ojos de Margie se iluminaron.
    -En serio?
    -Voy a alquilar un barco -dijo-. Iremos a pescar una aguja azul, qu te parece?
    -T pescars una aguja azul -enfatiz ella-. Yo mirar. No soy lo bastante fuerte como para sacar del agua un pez tan grande. Y creo que da muchos coletazos.
    -Si prefieres que vayamos al muelle...
    -No, no, por favor -se apresur a decir-, nunca he salido a pescar en alta mar. La pesca de profundidad debe ser muy emocionante, me encantara probar. Y t pareces un experto.
    l se ri.
    -De acuerdo. Tendremos que levantarnos muy temprano.
    -A las cuatro est bien?, o antes?
    l le acarici fugazmente el pmulo y ella sinti que un delicioso estremecimiento le recorra la espalda.
    -Las cuatro es buena hora. Tomaremos un caf y luego comeremos algo en el barco. El patrn prepara unos desayunos magnficos -asegur Cannon con entusiasmo.
    Ella sonri y se alej sin mucho entusiasmo hacia la escalera.
    -Margie?
    Se gir, con una mano ya en el pasamanos, y lo mir.
    -Maana djate el pelo suelto -le pidi l.
    Ella sonri con timidez y asinti con la cabeza. Luego subi despacio las escaleras, arrastrando los pies, como si no quisiera separarse de l. Y Cannon se qued mirando cmo se alejaba hasta que desapareci de su vista.
    
    

Once
    
    
    
    
    
    A las tres y media, Margie ya estaba en pie, a pesar de que casi no haba dormido. Iba de un lado a otro de su habitacin, deseando que las manecillas del reloj se movieran ms deprisa para poder volver a ver a Cannon cuanto antes.
    El golpe repentino en la puerta le hizo dar un salto. Corri a abrir y se encontr a Cal de pie en el pasillo. Iba vestido con vaqueros y un polo rojo de manga corta que lo haca parecer an ms moreno. Llevaba una chaqueta ligera al hombro.
    -Ests lista? -pregunt con una sonrisa, y sus ojos recorrieron el cuerpo de Margie. Ella llevaba tambin vaqueros, una camisa de color verde plido y un jersey verde remangado hasta los codos.
    -Claro que s -respondi-. No saba si te habras despertado.
    -No he podido dormir -confes con una sonrisa fatigada-. Ni un minuto.
    Ella levant la vista y se qued mirndolo.
    -Yo tampoco -reconoci con voz suave.
    Los dedos de Cannon le acariciaron el pelo suelto y la obligaron a alzar el rostro hacia l para que los labios de los dos se tocaran. Era como poner en contacto una antorcha con hierba seca. Margie se qued sin aliento al sentir esos labios, y sus manos agarraron los antebrazos velludos de Cannon con tal fuerza que los dedos se le quedaron blancos de tanto apretar.
    -Dios... -gimi l, y la alz en brazos antes de que ella pudiera protestar.
    Cerr la puerta de un puntapi sin dejar de besarla y la llev hasta la cama.
    -No -murmur Margie, implorado, mientras l la tumbaba encima de la colcha que poco antes haba estirado con esmero.
    -No pretendo que nos acostemos -prometi l, echndose sobre ella. Su pecho suba y bajaba sobre los senos de Margie mientras soportaba su peso con los brazos, a ambos lados de la cabeza de ella-. Slo pretendo quererte un poco -le susurr junto a la boca-. Tocarte y sentir tu cuerpo pegado al mo -sus labios rozaron los de Margie, jugando, provocando. Sonri al notar la inmediata respuesta.
    Se ri y frot su pecho suave contra los senos de ella para sentir cmo reaccionaba ante aquella presin sensual.
    -Delicioso -susurr sobre los labios entreabiertos de Margie-. Es como hacer el amor a una virgen, sentir esas primeras respuestas vacilantes, temblorosas... Todava me tienes miedo?
    -Ms que nunca -confes ella sin aliento. Tena los ojos muy abiertos, perplejos ante la novedad del deseo. Llev las manos a los pmulos de Cannon y luego sus dedos bajaron hasta la garganta, la pechera del polo..., y not el calor y la fuerza de su cuerpo debajo de la tela.
    -En cuanto me digas que pare, paro -dijo l, boca contra boca-. Bsame, fiera. Confa en m y, esta vez, dame un beso como Dios manda.
    Y eso hizo ella. Le ofreci la boca y dej que l hiciera lo que quisiera mientras su cuerpo palpitante disfrutaba de la proximidad del de Cannon. Entrelaz sus piernas con las de l y se fundi en un abrazo mientras seguan besndose y besndose y besndose...
    -As -susurr l temblorosamente mientras miraba los ojos apasionados de Margie-, esto es hacer el amor, hacer el amor de verdad. No lo habas hecho antes, verdad?
    -No -murmur ella. Senta que todo su cuerpo se estremeca-. Nunca. Cal...
    l respir hondo y le revolvi el pelo afectuosamente.
    -Hay algo que quieras preguntarme? -su voz era ronca-. Adelante, pregunta.
    -Slo si me prometes no rerte de m.
    Cannon enrosc un mechn de la melena de Margie alrededor de su dedo ndice.
    -No me reir.
    -La mayora de los hombres... tiene siempre mucha prisa cuando est en la cama con una mujer? -pregunt con calma.
    -Slo algunos -sus ojos buscaron los de ella-. Los egostas, a los que nicamente les interesa su propio placer.
    Margie apoy las manos en el pecho firme de Cannon y not cmo suba y bajaba al ritmo de la respiracin. La siguiente pregunta empez a cobrar forma en su mente, pero vacil.
    -No, yo no -se adelant a responder l tras leer la pregunta en su mirada-. A m slo me gusta si soy capaz de dar tanto placer como recibo. Eso era lo que queras saber?
    Ella not que se ruborizaba, pero no baj la vista.
    -Puede ser de verdad placentero?
    La expresin de Cannon se endureci y le acarici levemente un pmulo.
    -Pobrecita -murmur-. Debe haberte hecho sufrir mucho para haberte dejado cicatrices tan profundas.
    Margie baj los ojos hacia el cuello de Cannon.
    -Tal vez tendra que haber puesto ms empeo -se reproch ella-. A lo mejor si hubiera...
    -Dudo mucho que hubiera servido de algo. Deja de mirar atrs, ya has sufrido bastante -le puso una mano en la frente para obligarla a alzar la vista hacia l-. Bueno, preciosa dama, empezamos a desvestirnos el uno al otro o nos levantamos? Habrs notado que ests empezando a ejercer un efecto inconfundible en mi entrepierna...
    Ella se ech a rer y en su interior brotaron las sensaciones ms maravillosas. Se senta a salvo, protegida y muy femenina.
    l le devolvi la sonrisa y deposit un beso entusiasta en sus labios antes de rodar hacia un lado y levantarse a continuacin. Luego se inclin y la levant a ella tambin.
    -Te parece divertido, eh? -refunfu, y cruz las manos por detrs de su cintura para ceirla contra s-. Conduces a un pobre hombre indefenso a tu dormitorio, lo arrastras hasta la cama y luego lo despachas en el peor momento...
    -Un pobre hombre indefenso? Seguro -sonri y entrelaz las manos alrededor del cuello de Cannon. La sonrisa se desvaneci mientras lo miraba a los ojos, unos ojos oscuros, brillantes-. Contigo todo es mgico -dijo sin pensar. Aquellas palabras expresaban lo que senta.
    l se qued un rato mirando su cara, llena de fascinacin, antes de hablar.
    -No te meter prisa -prometi.
    -Ya lo s -ella levant la cabeza y le dio un beso en la barbilla-. Amigos?
    -A no ser que hayas perdido el juicio -murmur con una sonrisa pcara-, comprenders que lo que siento est muy lejos de ser amistad.
    Ella alz la barbilla.
    -Ya nada me sorprende -dijo, pero se apart de l.
    Cannon se ech a rer y recogi del suelo su chaqueta antes de salir con ella de la habitacin.
    
    
    Margie no recordaba haber vivido nunca un da tan cargado de emociones. Cal haba alquilado un barco de pesca y ella estaba a su lado cuando captur a una feroz aguja azul. El patrn y la tripulacin tambin miraban esa lucha tan emocionante. Cannon se at a la silla situada en la plataforma mvil y pele con el hermoso animal, que daba coletazos e intentaba deshacerse del anzuelo.
    Cal no paraba de rerse, sus ojos brillaban mientras afrontaba el desafo y su piel morena enrojeca con el esfuerzo y el placer de la batalla. Margie poda vislumbrar al gran empresario que disfrutaba tambin cuando tena que librar una batalla contra la junta directiva.
    Cuando por fin consigui izar al enorme pez, las piernas le temblaban por el esfuerzo.
    Margie, que haba estado animando y dando saltos de emocin mientras duraba la lucha, al ver al noble animal colgando fuera del agua, tuvo un arrebato de compasin. Haba luchado con valor y, sin embargo, haba perdido, y le pareci una vergenza matarlo slo para llevarse el trofeo a casa.
    -No hace falta que ests tan compungida, encanto -Cal se ri y la atrajo hacia s mientras giraba la cabeza y le deca al capitn que lo soltara.
    Margie no poda creer lo que estaba oyendo. Levant la vista hacia l, aturdida, mientras el pez volva a caer al agua, y vio en el rostro de Cannon algo que hasta entonces se le haba pasado por alto.
    -Ha sido un gran combate, eh? -el capitn, un hombre de edad, sonri a Cal y Margie mientras stos observaban cmo la aguja azul se orientaba y se alejaba del barco.
    -Y me ha hecho pasar un mal rato -agreg Cal-, pero se lo ve muchsimo mejor ah en el agua que disecado y colgado en una pared.
    El capitn movi la cabeza en un gesto afirmativo y se mostr de acuerdo antes de volver a sus tareas.
    -Exacto -dijo, y se ri-. Al fin y al cabo lo bonito es el deporte, no los trofeos.
    -Eres una buena persona, Cannon Van Dyne -afirm Margie, y lo pensaba de verdad.
    l se encogi de hombros.
    -La fauna marina no es tan abundante como para andar diezmndola por deporte. Y no necesito rodearme de trofeos de caza y pesca para sentirme valiente.
    Ella se puso de puntillas y le plant un beso en la boca.
    -Y eso a qu se debe? -pregunt l tranquilamente.
    Margie baj la vista y se acerc ms a l mientras el capitn diriga el barco de nuevo hacia la costa. De repente se le haba ocurrido que nunca haba conocido a un hombre que fuera tan hombre como el que estaba de pie junto a ella.
    -Eh -murmur Cannon, puso un dedo debajo de la barbilla de Margie para obligarla a mirarlo.
    Ella sonri tmidamente.
    -Qu?
    l se qued mirndola a los ojos.
    -Nunca he estado con una mujer que me hiciera sentir lo que siento contigo.
    -Cmo hago que te sientas? -quiso saber.
    Cannon le acarici delicadamente la boca con un dedo y tom aire lentamente.
    -Como si fuera capaz de conquistar el mundo entero. Haces que me sienta completo.
    l la haca sentir de la misma manera, pero ella todava estaba demasiado insegura de s misma como para admitirlo. Baj la vista y escondi la cara en el hombro de Cannon, entre los pliegues de la chaqueta.
    -Cielo santo, no hagas eso cuando estamos rodeados de gente -gimi l, y su brazo se endureci.
    -Hacer?, qu? -pregunt.
    -Tocarme de esa manera -murmur, y atrap la mano de Margie que, inconscientemente, ella haba llevado hasta la abertura de la camisa y haba introducido debajo de la tela para acariciarle el pecho cubierto de vello.
    -Ah -susurr, aturdida. No se haba dado cuenta de lo que haca.
    l baj la vista y vio la sorpresa que haba en sus ojos. Respiraba pesadamente.
    -Cuando volvamos a casa, nos daremos un chapuzn -dijo, todava estaba tenso-, y podrs tocarme todo lo que quieras.
    Ella ocult de nuevo la cara en la chaqueta, avergonzada, emocionada, temblando con un tipo de placer que nunca haba experimentado antes.
    -No temas -murmur, y la atrajo hacia s mientras el barco se acercaba a la orilla-. Simplemente, deja que suceda, Margie.
    Como si pudiera evitarlo, pens ella cerrando los ojos. Se senta como si la hubiera alcanzado una avalancha, no tena a donde huir. Y tampoco estaba segura de querer hacer tal cosa.
    
    

Doce
    
    
    
    
    
    Cuando llegaron a casa, Jan y Andy estaban hablando con Victorine. Margie se dio cuenta de que no quera compaa; no soportaba ni siquiera pensar en otras personas. Quera estar a solas con Cannon.
    ste le solt la mano con notable renuencia y entraron en el saln mirndose el uno al otro.
    -Dnde os habais metido? -pregunt Victorine. Haba regocijo en su mirada.
    -De pesca -respondi Cannon mientras encenda un cigarrillo.
    -Y habis pescado algo? -quiso saber Andy.
    Cannon se ri.
    -Una aguja azul, pero la he vuelto a soltar. Era una cra.
    -Una cra que pesaba varios cientos de kilos -murmur Margie sonriendo.
    -Nunca te entender -suspir Victorine-. Para qu los pescas si no piensas quedrtelos?
    Andy respondi por su hermano.
    -La emocin, madre, el reto... Es como escalar montaas o participar en carreras de coches: el placer de la aventura.
    -Pescar truchas tambin puede ser muy emocionante -murmur Jan mirando tmidamente a Cannon-. Pap, Margie y yo solamos ir a la montaa todos los aos en la poca de la trucha y vadebamos las partes menos profundas del Chattahoochee con la esperanza de agarrar alguna.
    Cannon pareca impresionado de verdad.
    -Pescabais muchas? -pregunt a Jan.
    sta sonri.
    -Mi parte -admiti-. Pero me temo que yo no devolva al agua las que pescaba. Me encanta la trucha asada.
    Cannon se ri.
    -A m tambin. Pero la aguja, en cambio, no es que me vuelva loco.
    -Adnde ibais? -pregunt Victorine.
    Cannon todava estaba mirando a Margie.
    -Habamos pensado ir a nadar un rato -respondi con aire ausente.
    -Qu buena idea! -intervino Andy, y abraz a Jan por la cintura-. Vamos con vosotros. Vamos, cielo -se dirigi a Jan-, ve a cambiarte. Vienes, Margie?
    sta lanz una mirada a Cannon con la esperanza de que no se notara lo decepcionada que estaba. Para deleite suyo, l pareca tan frustrado como ella.
    
    *       *       *
    
    Cuando las dos hermanas llegaron a la playa, Margie casi ech a correr hacia Cannon, que la estaba esperando. Ya era muy sensual cuando estaba vestido, pero en baador quitaba el hipo.
    Estaba tan absorta mirndolo que ni siquiera repar en Andy, que apareci detrs de ellas y se llev a Jan al agua. Sus ojos estaban clavados en Cannon. Tan moreno, pareca una estatua griega de bronce. Su torso estaba cubierto por un vello negro rizado que desapareca formando una flecha debajo del baador, y las piernas, fuertes y firmes, tambin estaban cubiertas de vello. Era el hombre ms masculino que haba visto en toda su vida, y le temblaron las manos ante la mera idea de tocarlo.
    l not el intenso escrutinio, se gir y la mir; tena un cigarrillo entre los dedos. La burla, la hostilidad que haba al principio en su mirada, haba desaparecido. En sus ojos oscuros brillaba una emocin nueva y Margie sinti que las rodillas le flaqueaban al notar cmo la miraba.
    Fue hacia ella y recorri con la mirada su baador blanco y negro, las pequeas curvas que dibujaban sus senos debajo de la lycra y el escote en pico, bastante pronunciado.
    Tir al suelo el cigarrillo y estir los brazos hacia su cintura sin dejar de mirarla.
    -Quiero que estemos solos -dijo con voz pausada.
    Ella acert a esbozar una sonrisa burlona.
    -Crees que estos dos se marcharn si les ofrecemos dinero?
    l se ri.
    -Lo intentamos?
    Los ojos de Margie se derritieron cuando su mirada se encontr con la de Cannon y sinti que la temperatura de su cuerpo aumentaba con la proximidad de sus cuerpos.
    -Va todo muy deprisa... -murmur distradamente.
    -Ya lo s -de repente se inclin, la alz en brazos y se dirigi hacia la orilla-. Espero que sepas nadar -murmur.
    -Como un pez, seor Van Dyne -se ri y le ech los brazos al cuello. Le encantaba sentir el roce del pecho de Cannon en sus senos.
    l baj la vista y alz una ceja.
    -Desnuda? -pregunt.
    Margie sinti que el rubor encenda sus mejillas.
    -La verdad -confes- es que nunca he probado.
    l la mir fijamente a los ojos.
    -Te gustara? -pregunt. Hablaba con intensidad-. Conmigo?
    Ella apenas poda respirar. No poda dejar de mirarlo, y no se dio cuenta de que estaban en el agua hasta que una ola cubri sus senos y not de repente el fro. Se peg con fuerza a l y Cannon se ech a rer al ver los esfuerzos que haca por permanecer por encima del nivel del agua.
    -No permitir que te ahogues -la rega-. Reljate, tampoco est tan fra...
    -Est helada -lo contradijo ella, rindose.
    -Bueno, yo te dar calor, si sa es tu nica queja -murmur, y dej que Margie resbalara hasta quedar de pie. Ella se acurruc contra l, pegando su cuerpo al de Cannon y entrelazando las piernas con las suyas.
    -Nos vamos a hundir -murmur. Senta la respiracin de Cannon en los labios.
    -Qu buena idea -respondi l mirando a Jan y Andy, que estaban jugando en el agua-. Si nos besamos debajo del agua, no podrn vernos -sugiri.
    Ella se estremeci ante la idea y sus labios se entreabrieron.
    -Dios, ven aqu -gimi l y la agarr por la nuca para aproximar su cara a la de l-. Toma aire, cario... -murmur justo antes de tomar posesin de su boca.
    Se sumergieron al mismo tiempo con las bocas unidas. l la sujetaba por las nalgas y la apret contra su pelvis hasta que ella gimi. Los dedos de Margie encontraron el vello spero de su pecho y lo abraz por el cuello mientras disfrutaba del placer de sentir el tacto de su cuerpo en las palmas de las manos. Se estaba ahogando, le faltaba el aire, pero no le importaba porque lo deseaba a morir.
    Salieron a la superficie al mismo tiempo, jadeando. La falta de oxgeno y el deseo los haban dejado sin aliento. l la tom de la mano y la condujo hacia la orilla.
    -Hacer el amor debajo del agua puede tener sus riesgos -le explic con una sonrisa pcara mientras sala del agua y tiraba de ella-. No quera que nos ahogramos intentndolo.
    -Ha sido... increble -susurr, buscando las palabras que pudieran describir sus emociones.
    -S -los ojos de Cannon recorrieron posesivamente las curvas de su cuerpo-. Te deseo tanto que me resulta doloroso, y ni siquiera puedo tocarte.
    Le agarr una mano y la puso sobre su pecho, presionando la palma contra el vello espeso y rizado. Su respiracin se aceler cuando los dedos de Margie acariciaron su cuerpo.
    -Quiero tumbarme contigo en la arena -susurr mirndola a los ojos-. Quiero quitarte ese baador, poner los labios sobre tu piel y probar cmo sabe. Quiero acariciarte y atormentarte hasta que sientas como si estuvieras ardiendo, y entonces... -murmur inclinndose hacia ella, y el tono de su voz baj mientras vea en los ojos de Margie el deseo que haba encendido con sus palabras- entonces quiero tumbarme encima de ti y sentir que tu cuerpo me desea tanto como el mo a ti.
    -No -rog ella en un murmullo imperceptible.
    -No me deseas? -murmur l, recorriendo su pmulo con el dedo pulgar.
    Ella se humedeci los labios.
    -S -admiti, y not que un estremecimiento recorra su cuerpo al pronunciar esa palabra.
    -Yo a ti tambin -murmur Cannon-. Estoy ardiendo, y aunque quiero mucho a mi hermano, ahora mismo deseara que estuviera en el otro extremo del mundo... en Singapur!; y tu hermana, con l.
    Ella dej escapar una risa temblorosa. La cara le arda, en sus ojos brillaba el deseo que l haba encendido.
    -Estamos en una playa pblica -le record.
    -Tanto peor -respondi mirndola a los ojos.
    Luego baj la vista a su propio pecho. Los dedos de Margie estaban explorando sus msculos.
    -Esto era lo que queras hacer en el barco, verdad?
    -S -admiti ella mientras miraba cmo el pecho de Cannon suba y bajaba pesadamente bajo la leve presin de sus dedos. Le encantaba su tacto, su olor masculino.
    l ech una ojeada y vio que Jan y Andy se haban metido en el agua y se alejaban de la orilla nadando.
    -Por fin -gru-. Un minuto de gracia.
    Se gir hacia ella, le puso una mano sobre el abdomen, se inclin y la bes con un movimiento perfectamente natural y lleno de armona.
    -Ahora no estn mirando -murmur-, vamos a aprovechar mientras dura.
    Mientras deca esas palabras la mano subi hacia sus senos y los dedos se deslizaron debajo de la lycra del baador. Sin dejar de mirarla, Cannon llev a cabo una exploracin lenta y sensual que hizo que Margie se quedara sin aliento y se arqueara involuntariamente hacia l, con el deseo de que la caricia leve de esos dedos que la atormentaban se transformara en algo ms.
    La boca de Cannon se cerna sobre la de ella.
    -Quieres que siga? -susurr suavemente.
    -S, por favor -murmur ella, cuyos dedos revoloteaban, nerviosos, sobre el cuerpo de Cannon sin apenas tocarlo.
    -Entonces aydame -susurr junto a su boca antes de tomarla de nuevo.
    Los dedos de Margie lo guiaron y movi el hombro para que el tirante del baador se deslizara con ms facilidad. Not cmo la mano de Cannon se cerraba sobre uno de sus senos, la palma en contacto con el pezn duro, y grit, pero su grito muri en la boca de l, que se volvi repentinamente posesiva y devor la suya. Se vio sumergida en una ola de placer que la hizo temblar de la cabeza a los pies.
    Al cabo de un momento, l se retir. Sus ojos ardan de frustracin y ech un vistazo por encima del hombro. Andy y Jan volvan hacia la orilla, y de sus labios surgi un improperio.
    Baj la vista hacia Margie, hacia la mano que an reposaba sobre su piel blanca all donde le haba bajado el tirante. La mano se vea morena en contraste con su palidez y l la levant un poco y la acarici. En los ojos de Cannon se lea la fascinacin que le produca la involuntaria reaccin del cuerpo de Margie cuando la tocaba.
    -Nos van a ver -protest ella, vacilante.
    -No pueden, yo te tapo -respondi. Sus ojos volvieron a mirarla-. Retiro lo que dije la noche que nos conocimos. Lo que menos necesitas es un sujetador con relleno. Eres perfecta.
    Ella se sonroj al ver la adoracin que se lea en sus ojos y al sentir el modo tan ntimo como sus dedos la tocaban.
    -Mira -susurr l, sealando con la mirada los dedos morenos sobre su piel.
    Ella tembl ante aquella visin y atrap con su mano la de l mientras le diriga una mirada implorante.
    -Avergonzada? -quiso saber Cannon-. Aqu -dijo, y volvi a colocar el tirante del baador en su sitio, encima de su hombro, no sin reticencia.
    Ella no era capaz de mirarlo a los ojos. Se senta como una colegiala sorprendida en pleno besuqueo con el chico ms guapo de la clase. Le arda la cara y se sent en la arena con las rodillas contra el pecho.
    l se agach a su lado y extendi un brazo para alcanzar el paquete de tabaco y el encendedor, que estaban junto al montn que formaban las toallas apiladas sobre la arena. Encendi un cigarrillo con pulso firme justo en el momento en que Jan y Andy se acercaban corriendo hasta donde estaban.
    -Qu divertido! -exclam Jan mientras alargaba el brazo en busca de una toalla para secarse el pelo.
    -Ahora me comera un bocadillo -dijo Andy mientras se secaba el torso-. Alguien ms tiene hambre?
    -Yo -dijo Cannon con una risa seca, pero slo Margie saba a qu se refera-. Venga, a ver si podemos llegar al frigorfico antes de que Nina empiece a preparar la cena.
    -Pero vosotros dos no habis nadado todava -seal Jan.
    -Tenamos cosas mejores que hacer -respondi Cannon mientras ayudaba a Margie a ponerse de pie.
    -Ahora sospechan algo -murmur Margie de camino hacia la casa. Cannon y ella iban precedidos por los ms jvenes.
    -No te alegras de que no tuvieran unos prismticos a mano hace un rato? -dijo l en voz baja, y se ri al ver la cara que pona.
    -No he tenido miedo -murmur al cabo de un momento-. Me daba un poco de vergenza, es una cosa nueva para m..., pero no estaba asustada.
    Cannon se detuvo, la hizo volverse hacia l y le rode la cintura con las manos. Sus ojos oscuros la miraron con intensidad.
    -No eres frgida -dijo con voz suave-. Y, si me dejaras, podra borrar todas las cicatrices.
    -Ya lo s -admiti ella. Tena los ojos fijos en su boca, ancha, de labios cincelados-. Lo nico que pasa es que todo va demasiado rpido...
    l le puso un dedo sobre los labios para hacerla callar.
    -Te dar tiempo para que te acostumbres a m -dijo-. Slo tomar lo que t quieras darme.
    Ella estaba empezando a darse cuenta de que quera darle todo. Se gir y los dos siguieron andando sin hablarse pero tomados de la mano.
    
    
    Margie se preguntaba cmo podra mantener su mirada apartada de Cannon esa tarde, para que la familia no notara su innegable inters por l. El destino resolvi el problema en su lugar. Cannon estaba invitado a una cena que, al parecer, haba olvidado hasta que una mujer de voz sexy llam para recordrselo.
    Margie fue la que respondi al telfono, pues era la que se encontraba junto al aparato cuanto ste son, y sus ojos observaron a Cannon mientras hablaba con su interlocutora. Su expresin no indicaba que aquello le agradara, pero el tono de su voz mostraba que ambos se conocan desde haca mucho. En cuanto colg, se disculp y subi a vestirse.
    Jan y Andy decidieron ir a alquilar una pelcula y se haban marchado cuando Cannon volvi a bajar. Victorine estaba absorta en su serie de televisin preferida y Margie, que no tena nada ms urgente que hacer, la acompaaba, a pesar de ser consciente de que la fecha lmite para la entrega del libro estaba cada da ms cerca.
    -Me temo que volver tarde -dijo Cannon a su madre mientras se inclinaba para darle un beso en la mejilla-. No me esperes levantada.
    -No se me ocurrira -brome la anciana-. Quin es ella, si puedo preguntar?
    -Missy Caller -respondi Cannon- y su hermano. Es para ese dichoso contrato de Seaside. Estamos intentando que nos concedan la exclusiva de su lnea de prendas de bao.
    -Estoy segura de que si le guias el ojo a Missy conseguirs lo que quieras -su madre se ri.
    Cannon no sonri y haba inquietud en sus ojos mientras estudiaba la cara de Margie.
    -Margie, ven un momento conmigo ah fuera -se limit a decir.
    Ella lo mir sin saber qu hacer. Saba que Victorine no perda detalle.
    -Yo...
    l extendi una mano hacia ella. Nada ms, pero aquello fue suficiente. Margie se levant, murmur algo a Victorine y dej que l la tomara de la mano y la guiara fuera. La noche ola a brisa marina.
    -No tengo ganas de ir -explic pausadamente, y se volvi hacia ella cuando llegaron al coche-. Si ese contrato no fuera tan importante, me olvidara de todo. A pesar de lo que ha dicho mi madre, no tengo ningn inters personal en Missy. Slo profesional.
    Ella levant la vista hacia l.
    -No tengo ningn derecho sobre ti -le record.
    -Ya lo s. Tal vez quiero que lo tengas -replic para sorpresa de Margie, y le acarici levemente un pmulo-. Maana haremos algo diferente, iremos a algn sitio donde Andy y Jan no puedan dar con nosotros.
    -Tal vez sera mejor que no -respondi ella al recordar lo vulnerable que se volva cuando estaba con l.
    Los ojos oscuros de Cannon la atravesaron. Tom su cara entre las manos y la sujet para que lo mirara.
    -No tienes ningn motivo para tenerme miedo -dijo lacnicamente.
    -No se trata de eso -protest dbilmente. Se derreta cuando la tocaba.
    Los pulgares de Cannon acariciaron sensualmente sus labios.
    -Entonces es por tu educacin victoriana? -murmur.
    Ella no pudo evitar echarse a rer.
    -Ya, ya lo s. Estamos en el siglo veintiuno, verdad?
    l se inclin y apret suavemente su boca contra la de ella en un beso que era suave, tierno e intenso a la vez.
    -Qu te parece si dejamos que las cosas sigan su curso? -sugiri con un tono de voz grave, arrastrando las palabras-. Adems -aadi-, t eres la que me arrastra a las camas y me obliga a hacer cosas ntimas...
    -Eres un sinvergenza!
    -Mujer lasciva... -replic l inclinando de nuevo la cabeza. Su boca roz de nuevo la de Margie-. Dichosa Missy -murmur.
    Los ojos verdes de Margie lo observaban.
    -Es guapa?
    l alz una ceja y estudi sus ojos brillantes, su pelo largo y negro, su cutis, suave y aterciopelado a la luz de la luna.
    -Comparada contigo, ninguna mujer es guapa.
    -T tampoco ests mal -contest Margie entre risas.
    l tom aire y respir hondo.
    -Te pedira que me esperaras, pero no tengo ni idea de a qu hora volver a casa. Mejor que nos veamos en el desayuno, hacia las seis.
    Ella enarc las cejas.
    -Debera ponerme una trinchera?
    Los ojos de Cannon brillaron.
    -Y qu tal si bajaras en salto de cama?
    Los puos de Margie le golpearon el pecho.
    -Para.
    l sonri.
    -Por qu no te pones un vestido y vienes conmigo?
    Ella neg con la cabeza.
    -Porque no quiero pasarme la noche mirando cmo a otras mujeres se les cae la baba por ti.
    La sonrisa de Cannon se desvaneci lentamente y sus ojos penetrantes se clavaron en los de Margie, buscando en ellos la verdad ms all de las bromas.
    La tom por la cintura y la alz en el aire para que los labios de ambos estuvieran a la misma altura.
    -Dame un beso de buenas noches y vuelve dentro. Hace fresco y no tienes nada para abrigarte.
    Esa muestra de preocupacin casi hizo que ella se echara a llorar. A lo largo de toda su vida, Jan era la nica persona a la que le haba importado lo que pudiera ocurrirle. Era una novedad que alguien se preocupara por ella. Retuvo las lgrimas y apret los labios contra los de Cannon al tiempo que lo rodeaba con los brazos.
    l le devolvi un beso dulce, lento, interminable. Al cabo de un momento, levant la cabeza. Sus ojos estaban muy oscuros y haba una extraa ternura en ellos.
    -Buenas noches -murmur.
    Pero la bes de nuevo, y esa vez no fue un beso suave ni breve. Cuando volvi a dejarla en el suelo, Margie senta como si todo su cuerpo estuviera ardiendo.
    -Mejor que me vaya -dijo l lacnicamente- mientras todava pueda. Buenas noches.
    Ella se qued all de pie, mirndolo, hasta que el coche traspas la verja de la entrada y se perdi en la oscuridad.
    Victorine le dirigi una mirada breve, regocijada, cuando volvi a sentarse en el sof, delante de la televisin.
    -La verdad es que no tiene ningn inters en Missy -le confi.
    Margie sonri.
    -Creo que le arrancara los ojos a esa pobre chica si lo tuviera -admiti con una sonrisa avergonzada.
    La madre de Cannon se ech a rer y le dio unas palmaditas en la mano.
    -Me alegro mucho de que t y yo nos entendamos tan bien -murmur-. As me ayudars a manejar a Cannon.
    Era demasiado pronto para pensar as, pero Margie deseaba tanto que fuera verdad que ni siquiera protest.
    El telfono son cuando el programa casi haba acabado y Margie respondi. Se qued muy sorprendida al or que quien estaba al otro lado de la lnea era su agente.
    -Por qu no ests en casa? -refunfu ste-. Por fin me ha saltado tu contestador; las lneas estaban estropeadas... En fin -su tono de voz era triunfante-, tengo muy buenas noticias. Te acuerdas de Gene Murdock? Bueno, pues quiere rodar la historia de tu ltimo libro, pero se marcha de la ciudad maana por la tarde. Quiere que nos reunamos los tres para hablar del contrato. Podrs estar en mi oficina maana alrededor de las diez?
    
    

Trece
    
    
    
    
    
    Ni siquiera poda responder. Desde su llegada a Panama City, el libro era la menor de sus preocupaciones. Por extrao que pareciera, era como si perteneciera a otra vida, no a sa en la que haba irrumpido de pronto Cannon Van Dyne.
    -Eh... Por la maana? -repiti.
    -Te encuentras bien, cario? -su agente se ri-. Eres Silver McPherson, recuerdas?, la autora de Ardiente pasin, el nmero uno en las listas de superventas desde hace cuatro semanas.
    -Claro que me acuerdo -dijo tontamente-. A las diez de la maana... Bueno, si hay algn vuelo que salga a las siete... Har lo que pueda. Si no lo consigo, te llamar, de acuerdo?
    -Muy bien. Y enhorabuena! Creo que va a ser un xito. Hasta luego!
    Margie se qued mirando fijamente el auricular que todava tena en la mano, consciente de la mirada curiosa de Victorine. Nueva York, por la maana. Lo ms probable era que tuviera que quedarse a dormir all, y la idea de alejarse de Cannon le resultaba insoportable. Qu le ocurra? Antes de ir a Florida, una oferta semejante habra sido lo mejor que le habra podido pasar; en ese instante, en cambio, significaba slo una barrera entre Cannon y ella, un ladrillo ms en la pared que su engao estaba levantando entre ellos. Algn da se enterara de a qu se dedicaba, y qu pensara? Se pondra furioso porque ella no le hubiera contado la verdad, eso seguro. Y cmo afectara su fama literaria a la imagen conservadora que a Cannon le gustaba proyectar? Sinti un dolor tan profundo que las lgrimas arrasaron sus ojos.
    -Te encuentras bien, cario? -pregunt amablemente Victorine.
    Margie la mir.
    -Eh, s -respondi como un autmata-. Era... eh... es que maana tengo una reunin. Es por un tema relacionado con unos dividendos... -se mostr deliberadamente vaga al respecto y dej que Victorine extrajera sus propias conclusiones.
    -Gracias a Dios que yo tengo a Cannon para ocuparse de manejar mis inversiones -contest-. Y no har falta que busques billete, Cannon puede llevarte en su avin.
    -No puedo pedirle que... -comenz a decir Margie.
    -Claro que puedes. Ahora ven a seguir viendo la tele conmigo y no te preocupes, cario. Todo se resolver -prometi.
    Margie volvi a sentarse, pero su mirada mostraba inquietud. Qu hara si Cannon decida acompaarla?, cmo podra mantener en secreto la finalidad de su viaje?
    Apenas durmi en toda la noche, dndole vueltas. Las cosas entre Cannon y ella haban ido tan deprisa que no haba tenido tiempo de pensar en los problemas, y ahora le estallaban en pleno rostro. Ya no haba ninguna razn lgica para esconderle la verdad. Al menos, no una que l fuera a aceptar.
    No fue de gran ayuda que Jan irrumpiera en su habitacin y se sentara en el borde de la cama.
    -Cannon va a llevarte a Nueva York esta maana? -solt-. Qu pasa, es por el libro?
    Margie se dio media vuelta; sus ojos huan de la luz de la maana, le dola la cabeza.
    -S -murmur-. Quieren los derechos para una pelcula.
    -Una pelcula! -exclam Jan-. De qu tipo?
    -Para la televisin -consigui responder, y se incorpor en la cama-. Qu hora es?
    -Las seis. Por qu ests as? Vas a ser famosa!
    -No quiero ser famosa -gru-. Ojal no hubiera escrito nunca un libro.
    Jan se qued mirndola fijamente.
    -Qu...?
    -No importa -Margie escondi la cara entre las rodillas, que tena dobladas contra el pecho-. Cmo voy a explicarle a Cannon el motivo de este repentino viaje a Nueva York? -gimi-. No quiero mentirle.
    Jan dio un respingo.
    -Ya entiendo. Ests colada por l, verdad?
    Margie se ri dbilmente.
    -Es una manera de decirlo.
    Su hermana se acerc ms a ella y la abraz para reconfortarla.
    -Ay, Margie, yo fui la idiota que te pidi que no le contaras lo de Silver McPherson.
    -No pasa nada. Todo se resolver de alguna manera.
    Jan se retir y la mir con ojos pensativos.
    -Ests enamorada de l?
    La pregunta, pronunciada en voz alta, era demoledora. Margie not que se sonrojaba y que le brillaban los ojos.
    Jan se limit a asentir con la cabeza.
    -Ayer era obvio. Cannon no poda apartar los ojos de ti, y t lo mirabas como si fuera el plato ms delicioso del restaurante...
    -l me desea -corrigi Margie mientras estudiaba sus rodillas flexionadas-. Y como t bien sabes, tengo un grave problema al respecto.
    -No, ningn problema -discuti Jan con dulzura-. Si lo amas, no tendrs ningn problema, todo ser de lo ms natural, ya lo vers.
    -Es un tipo de compromiso que me aterroriza, no lo entiendes? -explic Margie-. No soy el tipo de persona que puede acostarse con alguien una noche y luego seguir tan tranquila. No soy as, no puedo irme a la cama para satisfacer un apetito!
    -Pero qu victoriana eres... -se burl Jan-. Creme, si lo quieres como yo creo, no sers capaz de negarte. Triste pero cierto.
    Margie levant la mirada y Jan vio en ellos todo lo que senta.
    -Ay, Jan. Lo quiero tanto que casi me duele -dijo, y luego se ri.
    -Me alegro mucho -respondi su hermana-. Tena miedo de que te conformaras con escribir y no pidieras nada ms a la vida. Habra sido un desperdicio, Margie.
    -Pero cmo voy a explicarle a qu me dedico? -suspir-. Es un lo!
    -Y t te agobias demasiado -Jan se puso de pie-. Venga, ser mejor que te vayas levantando. Margie..., puedo pedirte un gran favor? El ltimo, te lo juro.
    -Sabes que puedes.
    Jan se encogi de hombros.
    -Podras mencionarle a Cannon que, bueno, que Andy y yo estamos dispuestos a esperar unos meses, o sea, a estar unos meses sin vernos para demostrarle que estamos totalmente seguros el uno del otro? -sonri-. Y a lo mejor tambin podras engatusarlo un poco, no?
    -Sers pcara! -le reproch Margie. Retir la sbana, se puso de pie y se estir-. S, claro que hablar con l, si me escucha.
    -Dselo cuando ests vestida como ahora -sugiri Jan sealando el camisn transparente-. Seguro que te escucha -sonri y, apenas haba salido de la habitacin, la almohada se estrell contra la puerta.
    Cuando Margie baj con la maleta y el bolso, Cannon se hallaba ya sentado a la mesa, desayunando con toda la familia. Ella dej el equipaje junto a la puerta de entrada y un hormigueo la recorri al notar que l examinaba el inmaculado traje de chaqueta blanco de hilo que haba combinado con una blusa beige y bolso y zapatos del mismo color. Un atuendo muy formal.
    -He odo que nos vamos a Nueva York -murmur con una sonrisa pcara que estaba dirigida slo a ella.
    -Po-podra sacarme un billete en lnea regular -tartamude, y se sent rpidamente en la silla que l haba retirado para ella.
    -No seas ridcula -dijo-. Aprovecharemos para ver algo.
    Ella lo mir con timidez y ley en sus ojos oscuros lo que estaba pensando.
    -Seguro que no te importa?
    l se ri.
    -Claro que no. Pasaremos la noche y volveremos maana.
    -Cannon tiene una suite en un hotel de all -explic Victorine-. Pasa mucho tiempo en Nueva York trabajando, ya lo sabes. Es muy acogedora, y la comida del hotel es deliciosa!
    -Y la puerta del dormitorio se puede cerrar con llave -murmur Cannon al ver la expresin acorralada de la cara de Margie, y se ech a rer cuando se dio cuenta de que los dems intentaban ahogar la risa.
    -No te atrevas a seducirla -le advirti Victorine con expresin altanera-. Me niego a que mi amiga se convierta en otra de tus conquistas.
    Cannon sonri a su madre. Estaba rematadamente guapo con su traje gris, que lo haca parecer ms alto y ms moreno que nunca.
    -Ella nunca sera eso -dijo, y su expresin cambi y se hizo ms intensa cuando mir a Margie.
    Victorine vio esa mirada y baj los ojos, sonriendo, a su caf.
    
    
    Margie se sent rpidamente junto a Cannon en la cabina y contempl cmo las manos hbiles de l manejaban los mandos mientras el pequeo jet atravesaba las nubes.
    Tras la muerte de Larry, siempre haba pensado que sera incapaz de volver a volar en un avin pequeo, pero hacerlo con Cannon era toda una experiencia. Se mostraba precavido pero con una gran confianza y dominio, y a su lado se senta ms segura de lo que se haba sentido nunca junto a otro ser humano. Era extrao lo bien que estaban los dos juntos, a pesar de que su pulso siempre se aceleraba cuando l estaba cerca. Mir cmo manejaba el avin y se pregunt si as la manejara tambin a ella, con esa suavidad y esa confianza en s mismo. Estaba casi segura de que as sera, y tema ms que nunca lo que se avecinaba.
    La suite del hotel de Cannon era muy lujosa, pero Margie apenas tuvo tiempo de dejar la maleta en el suelo antes de salir corriendo y montarse en un taxi. Dej a Cannon en la suite con una historia de lo ms convincente: tena que hablar de unas disposiciones legales con el abogado de su marido. Odiaba mentir y mientras lo haca decidi que tena que encontrar el modo de contarle la verdad.
    Su agente, Jim Payne, la estaba esperando en su oficina, todo sonrisas, y la hizo sentar al lado de Gene Murdock, que era la mitad de alto que Jim y el doble de mayor. Estaba entusiasmado con el proyecto de hacer una pelcula con su saga de la Guerra Revolucionaria.
    La reunin se prolong bastante, pero al final se qued convencida de que Murdock hara un buen trabajo. Ms importante an, Jim tambin estaba seguro. Se pusieron de acuerdo en los trminos del contrato: le pagaran un adelanto que servira para asegurar su futuro. Estrech las manos de los dos hombres y se meti en el ascensor mareada.
    Una cosa era cierta, pens, tendra que contarle la verdad a Cannon muy pronto. Cualquier da empezaran a hacer publicidad y Silver McPherson se volvera ms famosa de lo que ya era. No podra soportar que Cannon lo supiera por un tercero, eso la hara sentir an ms culpable.
    Regres al hotel y lo encontr hablando por telfono con el ceo fruncido. Sus labios dibujaban un lnea delgada mientras oa lo que le estaba diciendo su interlocutor.
    -No -dijo bruscamente, echando un vistazo a Margie cuando sta entr por la puerta-. No, eso no va a funcionar. Ya te he dicho que mi abogado me advirti que haba que cambiar esa clusula, y no firmar nada hasta que as sea. Que si puedo qu? Maldita sea -dijo refunfuando y exhal un suspiro que son ms como un bufido-. De acuerdo, dnde? A qu hora? All estar -colg el telfono de un golpe.
    -Problemas? -pregunt ella.
    l la estudi con las manos metidas en los bolsillos.
    -Nada grave. Por desgracia, va a llevarme el resto del da. Haba planeado que hiciramos un montn de cosas.
    Ella se encogi de hombros.
    -Cuando se trata de trabajo, uno no puede negarse. Lo entiendo -sonri-. No pasa nada.
    -S que pasa -contest acercndose. La agarr por los hombros y la atrajo hacia s lenta, sensualmente. Su respiracin se volvi tan irregular como la de ella-. Mejor? -la provoc, y sus manos atraparon las caderas de Margie y la apret contra sus muslos. Fue un movimiento perezoso, perturbador.
    Ella atrap sus manos, pero eso no lo disuadi.
    -As -murmur, y sus labios entreabiertos descendieron hacia la boca de ella-. Aydame...
    Margie contuvo la respiracin mientras l se mova y sinti su excitacin antes incluso de que su boca la obligara a separar los labios y dejar que su lengua, clida y cargada de deseo, penetrara entre ellos.
    Margie tambin se movi, se apret contra l a medida que la magia de sus brazos se apoderaba de ella y la derreta. Llev los dedos a los botones de su camisa y le desabroch cuatro de ellos con mano trmula.
    -Quieres tocarme? -susurr l junto a su boca.
    -Me muero de ganas -admiti ella con una voz rara, ronca. Introdujo la mano por la abertura, debajo de la tela, y dej que sus dedos se enredaran en el vello rizado que cubra el pecho clido de Cannon.
    l se ech un poco hacia atrs conteniendo la respiracin mientras contemplaba esa mano sobre su pecho desnudo.
    -chate conmigo -dijo con voz ronca-. Vamos a hacerlo como Dios manda.
    Ella alz los ojos y respir hondo.
    -Tienes una reunin.
    -Puedo perdrmela -respondi lacnicamente.
    -Pero no debes -murmur, leyendo en sus ojos.
    l exhal un gran suspiro.
    -No -admiti.
    Margie se inclin hacia delante y puso los labios sobre su pecho antes de empezar a abotonar nuevamente la camisa. Notaba cmo temblaba Cannon.
    -Yo que t, comprara un cerrojo para la puerta del dormitorio mientras estoy fuera -sugiri-. Y ser mejor que pongas todos los muebles contra la puerta.
    -Cavar delante una trampa para tigres de bengala mientras ests en esa reunin -prometi, pero en sus ojos se lea adoracin.
    l se inclin y le dio un beso suave.
    -Volver en cuanto pueda -prometi-. Me echars de menos?
    -Ya te echo de menos.
    
    

Catorce
    
    
    
    
    
    Cenaron en el restaurante del hotel y Margie se dio cuenta de que tena mucho apetito, favorecido por la felicidad que senta de estar con Cannon.
    ste se mostraba especialmente atento. No dejaba de mirarla, y sus ojos se deslizaban continuamente hacia el escote, bastante pronunciado, de su vestido plateado. l tambin estaba muy guapo con su traje oscuro y algunas mujeres lo miraba descaradamente.
    -Si esa pelirroja no deja de devorarte con la mirada -murmur Margie a la hora del postre-, voy a levantarme y a tirarle el vino por la cabeza.
    l se ri.
    -Sera desperdiciar este vino tan bueno.
    Tom la botella y le llen la copa. Era un Borgoa reserva muy suave y ella ya haba bebido demasiado, pero no hizo caso a las advertencias de su propia conciencia. Tal vez fuera la ltima cena que compartira con l, porque esa noche iba a contarle la verdad, a qu se dedicaba en realidad, aunque eso acabara con ella.
    -Tratas de emborracharme? -murmur.
    -Nada ms lejos de mi intencin -replic l, mirndola por encima del borde de la copa que en ese momento se haba llevado a los labios-. Slo pretendo... que te relajes.
    
    *       *       *
    
    -No ests borracha de verdad, no? -pregunt l cuando subieron a la suite. Sin dejar de mirarla, se despoj de la chaqueta y la corbata y se desabroch los botones superiores de la camisa.
    -No, slo relajada -prometi ella. Se senta burbujeante y provocativa y le rode el cuello con los brazos-. Muy muy relajada -se le nubl la vista. Su sonrisa se desvaneci cuando lo mir a los ojos-. Y muy muy enamorada -suspir. Las palabras salieron de su boca con tanta suavidad que apenas se dio cuenta de lo que haba dicho.
    -Dios, preciosa -murmur l mientras se inclinaba.
    Atrap la boca de Margie de un modo nuevo, diferente. Ella se acerc ms a l, lo necesitaba, lo amaba, lo deseaba...
    Cannon llev las manos a los tirantes del vestido y los desliz hacia abajo para que su boca pudiera tener libre acceso a la piel suave y perfumada de hombros, cuello, escote... y ms abajo, a las curvas redondeadas de los senos. Dej escapar un gemido profundo y Margie not el fro de la habitacin en su carne desnuda cuando el vestido cay arrugado alrededor de sus sandalias plateadas.
    Abri los ojos e intent protestar, pero la boca de Cannon haba tomado posesin de las zonas de su cuerpo que haban quedado al descubierto y la lengua de ste se mova provocativamente sobre sus pezones rosados y los volva duros, sensitivos. Las manos de Cannon, expertas y cuidadosas, la tocaban, la acariciaban, eran fuego sobre la piel...
    Ella gimi y se arque contra l animndolo a continuar, desoyendo la vocecita que en el fondo de su mente le adverta que tuviera cuidado y se moderara. Se hallaba tan abandonada a las sensaciones que estaba experimentando que apenas poda respirar. Su cuerpo se haba entregado a Cannon y todas sus clulas y sus nervios trataban de decrselo.
    Not que l la levantaba del suelo con brazos firmes y seguros y pona su boca sobre la de ella.
    -Ya soy mayor para relaciones espordicas -susurr junto a la boca de Margie-, y t tambin. Si hacemos el amor, significa que nos comprometemos a algo. Me oyes? No quiero slo sexo.
    -Te quiero -murmur ella a modo de respuesta-. Te quiero...
    -No dejar que te alejes de m, Margie -prometi mientras avanzaba con ella en brazos por el vestbulo de la suite-. No mientras viva.
    -No me hagas dao -susurr ella mientras la recorra un dbil estremecimiento.
    -Tesoro -murmur l con voz ronca-, eso es lo nico que no voy a hacerte...
    Ella se abraz con fuerza a su cuello y bes con adoracin su cara mientras l la llevaba al dormitorio y cerraba la puerta tras ellos.
    La espalda de Margie pronto repos sobre el blando colchn y l se tumb sobre ella con suavidad.
    -La luz, Cannon -susurr.
    -No quieres ver? -murmur l sobre sus labios-. Yo s.
    El corazn de Margie lata con fuerza. Estaba tumbada sobre las almohadas, mirndolo mientras l se sentaba y recorra con una mirada cargada de intensidad, sin prisa, su cuerpo, cubierto tan slo por las medias. Ella saba que se estaba ruborizando, pero no poda evitarlo. A Larry, el nico hombre que la haba visto desnuda hasta entonces, nunca le haba interesado su "cuerpo flacucho", como sola decir.
    -Si no fuera celoso -dijo Cannon con voz vacilante-, te pedira que te hicieras un retrato as. Pero no podra soportar que el pintor te viera como yo te estoy viendo ahora -se inclin y deposit en sus labios un beso lleno de ternura mientras con los dedos trazaba una caricia dulce y abrasadora alrededor de uno de sus pechos con una habilidad innegable.
    -Quieres ser ma, Margie? -pregunt.
    -S -contest ella sin vacilar, y se incorpor para atraerlo hacia s-. Siempre.
    El desliz las manos por detrs de su espalda desnuda, la abraz y la bes. Margie notaba las palmas calientes en la piel de la espalda. Cannon dej caer su peso sobre ella para que pudiera sentir todos los rincones de su cuerpo. La tela rozaba con aspereza la piel desnuda de Margie. sta gimi suavemente.
    -Ves lo agradable que puede llegar a ser? -susurr l. Su boca roz la de ella y sus dientes atraparon el labio inferior de Margie y tiraron de l-. Ven, cario -murmur, y llev una de las manos de Margie hasta los botones de la camisa-. Qutamela.
    Con una destreza que era nueva para ella, sus dedos desabrocharon los botones y le echaron hacia atrs la camisa para dejar al descubierto los hombros, anchos y morenos. Puso las manos sobre ellos con admiracin y sinti su calor. Le gustaba el tacto de la piel de Cannon, la dureza de sus msculos, el vello oscuro, masculino y sensual, que cubra su amplio pecho. Lo acarici, enred los dedos en l y tir con suavidad. Sonri cuando oy que un gemido ronco escapaba de la garganta de Cannon.
    -Eres una bruja -dijo l, incorporndose para mirar la cara sonriente de Margie, cuyos ojos verdes ardan de excitacin-. Lo has hecho a propsito.
    -Ha sido sin querer -murmur. Desliz las manos por sus hombros, por su cuello-. A Larry no le gustaba que lo tocara -rememor, y su sonrisa se desvaneci-. Tampoco le gustaba tocarme, ni mirarme...
    -Deja de volver la vista atrs -contest l mirndola a los ojos mientras acariciaba con destreza su cuerpo y haca que el deseo lo dominara-. Ahora ests conmigo, y yo quiero tocar cada centmetro de tu piel.
    -Tal vez resulte una decepcin...
    -Imposible -respondi tranquilamente-. T haces que me sienta completo. Eres lo que siempre he querido en una mujer, cumples todos mis sueos. No puedes decepcionarme.
    Las lagrimas nublaron la vista de Margie y la imagen de Cannon se volvi borrosa. Alarg un brazo para tocar el contorno masculino de su boca.
    -Te quiero tanto!
    l se movi para que los cuerpos de ambos se tocaran completamente. Los senos suaves de Margie se aplastaron contra el vello que cubra su pecho; las piernas de ella se entrelazaron con las suyas.
    -Vamos a hacerlo -susurr temblorosamente mientras se besaban con ms intimidad. El deseo que sentan el uno por el otro era demasiado poderoso-. No puedo parar.
    -No quiero que pares -gimi ella arquendose-. mame. Quiero que me ames y alivies este deseo. Casi me duele.
    -Dios, qu dolor tan dulce -suspir l. Su boca se mostraba tan cuidadosa, tan tierna, que a ella le habra gustado gritar. Sus manos dibujaban caricias en la piel de Margie, preparndola para l.
    -Nunca haba deseado a nadie antes de este modo -confes ella mientras l la dejaba descansar sobre las almohadas-. Nunca haba estado enamorada, hasta ahora.
    -Estate quieta, cario -susurr l-. Qudate tumbada y haz lo que te diga...
    -Qu perverso... -dijo ella temblando, deseando que l la tomara, la llenara...
    -Ni la mitad de lo que voy a hacerte ahora... -prometi con una sonrisa triunfante cuando sus manos se movieron y ella grit-. S -dijo sin aliento, mirndola-. As, cario, as quiero que me recibas...
    Se llev una mano al cinturn para desabrochrselo, pero se qued helado al or el repentino sonido del timbre de la puerta, que irrumpi como una bomba en el silencio del dormitorio, hizo saltar en pedazos la intimidad de los dos cuerpos e introdujo de nuevo la lgica y la razn. Cannon empez a soltar palabrotas dignas de un marinero borracho.
    -Espero que quienquiera que est llamando a esa maldita puerta est al corriente de pago de su seguro de vida -dijo entre dientes mientras se sentaba en la cama y se esforzaba por tranquilizar su respiracin agitada y calmarse-. Dios...! -gimi. Le temblaban los hombros y enterr la cara entre las manos un momento. Su cuerpo estaba rgido.
    -No te habra parado -susurr ella-. Lo siento.
    l respir hondo y enderez los hombros. Baj la vista hacia ella con pesar y la cubri con la sbana.
    -Qu vergenza -dijo dulcemente- tener que tapar tanta belleza.
    Ella acert a esbozar una sonrisa para l.
    -Ahora empiezo a darme cuenta de dnde estoy, y por qu -confes con un brillo malicioso en la mirada-. Eres un seductor sin corazn...
    -Yo? -le espet l fingindose ofendido. Se levant en busca de su camisa y se la puso-. De eso nada. T eres la que me ha arrastrado hasta aqu y ha intentado seducirme.
    -No he hecho nada parecido! -replic ella. Se sent en cama y se ech hacia atrs el pelo, negro y despeinado-. Un caballero... -empez a decir, enfatizando esa palabra.
    -No soy ningn caballero -le record mientras miraba hacia el vestbulo, donde el timbre de la puerta segua sonando-. Y t sabes muy bien que no me querras si lo fuera, a que s? -aadi con una sonrisa.
    Ella lo mir con los ojos entrecerrados, a travs de las pestaas.
    -Te responder cuando haya tenido varias horas para pensarlo. Ahora ser mejor que vayas a ver quin es. Quiz algn husped haya llamado a la polica al ver que metas en tu guarida a una jovencita encantadora.
    -Eres encantadora, lo reconozco -murmur camino de la puerta del dormitorio-. Si te quedas donde ests hasta que me haya librado de nuestro visitante, te lo demostrar tambin fsicamente.
    -Eh, bueno, por esta noche ya he tenido bastantes emociones -dijo-. Creo que... me gustara tener tiempo para pensar.
    l le devolvi la mirada, pero no estaba enfadado, ni siquiera impaciente. Sonrea.
    -Iremos a tu ritmo, preciosa. Te deseo, pero no quiero forzarte a nada. Hasta maana.
    Ella asinti con la cabeza.
    -Buenas noches.
    l le gui un ojo y sali.
    
    
    El inoportuno visitante era un socio de Cannon que quera aclarar algunos puntos del contrato en el que haban estado trabajando todo el da. Margie estaba secretamente agradecida por la oportunidad de escapar a su propio dormitorio y encerrarse en l. El vino la haba ayudado a mostrarse desinhibida momentneamente, pero la interrupcin los haba devuelto a la normalidad de un modo abrupto. No slo haba estado a punto de dejar de lado todos sus principios, sino que incluso haba reconocido delante de l que lo amaba!
    Se puso el camisn y se tumb en la cama con la mente todava puesta en las caricias de Cannon, en la presin de su cuerpo sobre el de ella, en la trampa dolorosamente dulce que era su boca. Lo amaba, eso era cierto. Lo anhelaba de un modo que nunca habra imaginado.
    Y aunque l no haba dicho que compartiera aquellos sentimientos, haba reconocido que era todo lo que deseaba en una mujer.
    Claro que, se record Margie, los hombres estaban dispuestos a decir cualquier cosa cuando deseaban a una mujer, independientemente de que fuera o no verdad. Y una cosa era cierta, que Cannon la deseaba, se record mientras se ruborizaba.
    Apag la luz y se cubri con la manta. Por la maana, con la mente despejada, volvera a pensar en todo aquello. En ese momento no poda resolver rompecabezas emocionales, slo poda dormir.
    
    

Quince
    
    
    
    
    
    A la maana siguiente, se despert sobresaltada y se sent en la cama. Se mordi el labio inferior al recordar; a su mente acudan escenas y fragmentos de la noche anterior.
    Sus largas piernas se deslizaron fuera de la cama y se dirigi hacia su maleta. Sac de ella un par de pantalones azul marino y un blusa blanca. Fue al cuarto de bao y se duch rpidamente, agradecida al secador por poner algo de orden en su pelo. Se maquill ms de lo habitual para camuflar las ojeras y los labios hinchados. La realidad pareca ms dura a la luz del da que la noche anterior. En ese instante, agradeca que la inesperada interrupcin hubiera evitado que hiciera el amor con Cannon.
    -Idiota -se ri-. Eres una idiota.
    No saba cmo iba a poder mirarlo a la cara. Ojal no hubiera bebido tanto. Ojal se hubiera resistido...
    Hizo la maleta metdicamente, la cerr y dej el bolso encima. Luego se puso una americana azul sobre los hombros, abri la puerta y cruz el vestbulo de la suite.
    Cannon estaba en el saln, explorando el contenido de unas bandejas que, aparentemente, acababa de dejar all el servicio de habitaciones. El desayuno consista en huevos con salchichas, tostadas y caf.
    l levant la vista en cuanto ella entr en el saloncito. Llevaba un polo amarillo de manga corta que dejaba al descubierto sus poderosos brazos. Tena los ojos rojos, igual que ella, y no poda disimular sus ojeras debajo del maquillaje.
    -Buenos das -acert a decir Margie con voz ronca y tensa, pero evit mirarlo a los ojos.
    -Buenos das -respondi l con igual reserva-. Sintate y desayunaremos algo antes de volver a Florida.
    Ella se sent y se puso la servilleta en el regazo antes de tomar la taza de caf y beber un sorbo.
    l hizo lo propio y ninguno de los dos dijo ni una palabra mientras coman. Los ojos oscuros y preocupados de Cannon no se apartaban de ella.
    -Margie...
    Ella levant la vista y el cuchillo se le cay encima de los huevos revueltos que apenas haba tocado. Vio su propio pesar reflejado en el rostro de Cannon.
    -No pas nada -le record l.
    Ella sonri con melancola.
    -Por los pelos -apunt.
    -Y aunque as hubiera sido, acaso se habra acabado el mundo? -inquiri. Se levant y fue hasta ella. Se arrodill a su lado y le pas un brazo por detrs de la cintura y otro por el regazo-. Contstame. Si hubiramos hecho el amor, sera tan horrible?
    -T mismo has dicho -suspir- que tengo una concepcin de la vida muy victoriana, herencia de mi abuela McPherson, la cual deca que si una chica se dejaba seducir, lo mejor que poda hacer era arrojarse por la ventana.
    -Y no depende eso de quin la seduzca? -pregunt secamente.
    -Para la abuela, no -mir los ojos oscuros y sonrientes y se relaj por primera vez esa maana-. Fue por el vino, ya lo sabes -dijo en tono suave.
    -Eso no me lo creo -replic. Le toc el muslo y la pierna de Margie se tens involuntariamente con la sensual caricia-. Nos deseamos, no hay de qu avergonzarse. Es muy humano.
    Margie adelant su labio inferior e hizo un puchero.
    -Sale barato.
    Cannon alz las cejas sobre sus ojos sonrientes.
    -Bueno, esta suite es bastante cara.
    Ella le dio un empujn en el hombro con la palma de la mano.
    -Para ya -lo rega-. Sabes a qu me refiero. Ahora la gente... hace el amor sin asumir ningn compromiso, pero yo no puedo tomrmelo a la ligera.
    l respir pausadamente y se qued estudiando su cara un buen rato.
    -No te dije lo que siento por ti, verdad? -llev los dedos a su barbilla y le hizo girar la cara y mirarlo-. Crees que es slo atraccin fsica?, que seras tan slo una marca ms en el poste de la cama?
    -No te lo reprocho -replic ella como si aceptara la realidad-. Eres un hombre.
    -Y t una mujer. Muy mujer. La primera mujer -aadi con una mirada penetrante- que toco desde hace varios meses. Trabajo mucho y no tengo aventuras, ni siquiera breves.
    -Slo aventuras de una noche?
    -Eso es lo que suelen durar -admiti-. Incluso cuando estoy muy interesado en una mujer. Desde que me divorci, no he querido comprometerme.
    Ella lo mir intensamente.
    -Ests buscando cicatrices? -quiso saber l-. No se ven a simple vista.
    Margie neg con la cabeza.
    -Estoy tratando de imaginarme qu clase de mujer pudo atraerte lo suficiente para arrastrarte al altar.
    En la boca sensual de Cannon apareci una sonrisa.
    -Ella era, es, una pelirroja voluptuosa que me hizo perder la cabeza. Yo tena veinticinco, recin salido de la universidad y nombrado vicepresidente de la empresa, y crea en el amor para toda la vida. Me cur en dos aos, y decid divorciarme de ella la noche que la encontr en nuestra cama con su ltimo amante.
    -Lo conocas?
    l se ri.
    -Era su decorador.
    -Te abandon por...? -el tono de Margie era de incredulidad.
    l la estudi.
    -Lo dices como si te costara trabajo imaginar que una mujer pudiera dejarme por otro hombre.
    -Y me cuesta -confes ella apartando la cara-. Ser mejor que acabemos de desayunar.
    -Qu responderas -pregunt mientras entrelazaba sus dedos con los de ella- si te dijera que yo no podra abandonarte por otra mujer?
    Los ojos de Margie se agrandaron y se qued con la boca abierta mientras su mirada se encontraba con la de Cannon, que era tranquila, relajada.
    -Me lo dices... en serio?
    l se llev los dedos de Margie a los labios y deposit en ellos un beso.
    -S.
    Luego le dio la vuelta a esa mano y se llev la palma a los labios. Su respiracin era vacilante y sus dedos apretaron los de ella.
    -Si quieres la luna, te la traer -susurr medio en broma-, con tal de que me prometas que nunca me dejars.
    Los ojos de Margie se llenaron de lgrimas mientras contemplaba cmo Cannon se levantaba y tiraba de ella para ponerla tambin de pie. La rode con los brazos y la ci contra su cuerpo firme y grande. Qu poda decir? Al cabo de unas horas habran regresado a Panama City y tendra que contarle la verdad. Se daba cuenta de que no haba futuro para ellos si no se sinceraba con l. Tendra que confesarle su secreto, aunque eso pudiera representar el final de su relacin.
    -Slo si t me mandas a paseo -prometi, y se apret contra l mientras aspiraba su olor.
    -Mandarte a paseo? -Cannon se ri-. Dios mo, pdeme algo fcil, como que me corte un brazo; no me dolera ni la mitad que mandarte a paseo -sus brazos la apretaron-. Margie, te... te deseo.
    Sonaba como si estuviera diciendo una cosa pero refirindose en realidad a otra muy distinta. Ella contuvo la respiracin y levant la vista hacia l.
    -Cannon, cuando volvamos, tengo que confesarte algo; es algo que... debes saber. Y tal vez no te guste, o deje de gustarte yo.
    l alz una ceja.
    -Que no ests tomando la pldora, es eso? -brome.
    Ella sonri.
    -Pues la verdad es que no tomo la pldora, pero no es eso lo que tengo que contarte.
    -Entonces de qu se trata?
    Pareca tan preocupado que estuvo a punto de contrselo todo, pero las palabras no le salan.
    -Hoy no -dijo.
    -De acuerdo. Hoy no -la agarr por la cintura y la alz en el aire para que sus bocas estuvieran al mismo nivel-. He soado contigo -murmur mientras la apretaba ms contra s-. He soado que hacamos el amor -su boca le separ los labios, los mordisque, jug con ellos-. Era tan real que me he despertado empapado en sudor y abrazndote en la cama.
    Los brazos de Margie le rodearon el cuello. Ella frot su nariz contra la de l y sonri perezosamente.
    -Y estaba ah? -murmur.
    l se ri.
    -La sensacin era la misma -respondi-, pero al abrir los ojos he visto que estaba abrazando la almohada de plumas.
    -No pensaba que fuera tan flcida -susurr mientras Cannon la besaba.
    -Tan suave -la corrigi-. Y slo en ciertas partes. Por ejemplo..., aqu -aadi, y la levant ms, de modo que su boca alcanz el valle entre sus senos. Incluso a travs de la tela, el beso resultaba perturbadoramente ntimo, y ella contuvo la respiracin con un jadeo audible.
    l dej que resbalara pegada a su cuerpo hasta que los pies llegaron al suelo y se qued mirndola fijamente un rato.
    -Slo con mirarte -dijo con voz pausada, grave-, me pongo a cien. Bruja, hechicera...
    -T tambin has debido hacer algn sortilegio, sabes? -replic ella. Apoy las palmas de las manos sobre su pecho y noto los fuertes msculos, que se contrajeron con aquel leve contacto-. Cuando nos conocimos, me preguntaba si todo tu cuerpo sera tan peludo como tus brazos... -de repente se ech a rer y, cuando levant la vista, sus ojos brillaban con malicia.
    l tambin se ri. Entrelaz las manos por detrs de su cintura y la hizo balancearse de un lado a otro con afecto.
    -Pues s, ya lo viste anoche.
    -He decidido que me gustan los hombres peludos -anunci-. As tiene una en qu ocupar las manos.
    -En qu?, en dar tirones? -la reprendi, y la apret contra s-. Dios mo, me tienes atrapado. No quiero compromisos, pero sera mucho peor tener contigo una aventura corta. Aparte de en ganar dinero, t eres en lo nico en lo que pienso.
    -Me alegra saberlo -dijo ella-, porque desde la primera vez que nos vimos yo slo he pensado en ti.
    -Cario -murmur l con voz temblorosa.
    La bes con tanta ternura que los ojos de Margie se llenaron de lgrimas. Tom la cara de Cannon entre las manos para animarlo a que siguiera besndola... eternamente.
    Despus de un rato, l la empuj hacia atrs con suavidad para apartarla y suspir.
    -No ms de esto, por el momento -dijo con voz ronca-. Durante los prximos das, trataremos de conocernos el uno al otro slo mediante la palabra.
    Ella se qued mirndolo.
    -Y luego?
    l sonri.
    -Me parece que ya lo sabes. Y yo tambin.
    Los ojos de Margie se llenaron de inquietud.
    -Hay muchas cosas de m que no te imaginas.
    -Ya me enterar -murmur. La bes dulcemente-. Vamos.
    -Cannon...
    l se dio la vuelta en el vestbulo, ya con las maletas en la mano.
    -Qu, preciosa?
    -Qu pasa con Andy y con Jan? -pregunt pausadamente.
    l se ri al ver su expresin preocupada.
    -Sabes muy bien que ahora mismo te dara cualquier cosa que me pidieras. Les dar mi bendicin, de acuerdo?
    El rostro de Margie se ilumin. Al menos, algo bueno saldra de todo aquel subterfugio. Jan, por lo menos, sera feliz.
    -Gracias -dijo, y sonri.
    l la acerc hacia s mientras salan por la puerta.
    -Slo espero que sean tan felices como nosotros.
    
    
    Iba a recordar esas palabras ms tarde, cuando aterrizaron en Panama City. Iba a recordarlas vivamente. Sigui a Cannon al interior de la terminal con la chaqueta al brazo, tratando de no quedarse rezagada, y el destino sali a su encuentro.
    -Dios mo, es ella! -exclam una voz estridente y una mujer de pelo blanco se interpuso en su camino. La anciana tena en la mano un ejemplar de Ardiente pasin y sus ojos iban, alternativamente, de la foto de la solapa a la cara de Margie.
    sta sinti la tentacin de echar a correr, pero eso slo empeorara las cosas.
    -Es igual que en la foto, verdad? -la mujer le tendi el libro a Cannon. ste se qued contemplando fascinado la foto de Margie en la solapa de la cubierta del best seller-. La habra reconocido en cualquier parte. Cundo va a publicar la prxima novela? -continu la mujer, totalmente ignorante del desastre que acababa de provocar-. Leo todo lo que escribe! La admiro muchsimo, sus libros tienen algo que no s definir pero que me atrapa desde la primera pgina.
    -Eh..., pronto. A principios del ao que viene -acert a responder Margie-. Perdone, tengo que irme.
    Pas corriendo por delante de su admiradora, a la que un Cannon de rostro rgido y mirada furiosa acababa de devolver precipitadamente el libro. Margie sinti que su mundo se derrumbaba y contuvo las lgrimas que arrasaban sus ojos mientras lo esperaba fuera de la terminal, donde el calor a esa hora de la maana era considerable.
    l no tard en aparecer. Margie not su presencia junto a ella antes incluso de que sus ojos lo vieran, y levant la mirada hacia l con reticencia.
    -Bueno, bueno -dijo Cannon framente-. Conque unos cuantos artculos para el peridico del condado, eh?
    Ella entorn los prpados y respir hondo.
    -Pensaba que eras una persona muy convencional -respondi-. Tema arruinar las posibilidades de Jan con Andy si te contaba la verdad. Soy... soy bastante famosa.
    -Efectivamente -reconoci l-. He visto ese dichoso libro encima de las mesas de todas las secretarias de la empresa, y esa portada est en los escaparates de todas las libreras. Una lstima que no me haya tomado la molestia de abrirlo, verdad?
    Ella retrocedi con ojos llenos de pesar.
    -Tanto importa, Cal?
    La expresin de l era fra. Ni siquiera le sonri.
    -Me has mentido.
    -No -protest ella-. Slo he omitido contarte a qu me dedico.
    -Al final, el resultado es el mismo -concluy l-. Y lo peor de todo es que lo has hecho por tu hermana. Y lo de anoche tambin? -pregunt framente.
    Sin ser consciente de lo que haca, ella alz un brazo y le acarici la mejilla. l le agarr la mueca con rudeza, pero no le retir la mano.
    -Tendrs que decirme cunto te debo -su voz sonaba rara, como la de un desconocido, y en sus labios, los labios que ella haba besado ardientemente la noche anterior, apareci una sonrisa despectiva-. Quiero pagar por mis placeres.
    Con ese comentario la hiri ms que si la hubiera abofeteado. Los ojos verdes de Margie se llenaron de lgrimas y se alej.
    -Adnde vas? -pregunt l con frialdad-. El coche est por ah -la gui hasta su plaza en el aparcamiento, se montaron y volvieron a casa sin intercambiar ni una sola palabra en todo el trayecto.
    Margie entr en la casa como un zombi. Dio gracias por que no hubiera nadie en el vestbulo y se dirigi directamente a su dormitorio. No haba hecho ms que entrar y dejar el bolso encima de una silla cuando Jan apareci corriendo con cara esperanzada y ojos llenos de inquietud.
    -Has hablado con l? -se apresur a preguntar, sin reparar en que la puerta del dormitorio estaba abierta-. Has conseguido engatusarlo? -aadi en tono frvolo, refirindose al comentario que le haba hecho un par de das atrs, que era tan slo una broma entre ellas.
    Sin embargo, para el hombre furioso que estaba en el umbral con la maleta de Margie en la mano, aquel comentario confirmaba sus peores sospechas.
    -Venid las dos al saln -dijo Cannon con voz grave. Se dio la vuelta y desapareci.
    Margie not que las lgrimas arrasaban sus ojos y se deslizaban por sus mejillas mientras Jan la miraba sin comprender nada.
    -Ya sabe quin soy -trag saliva y la cara de Jan se volvi borrosa-. Y lo que es peor, cree que he estado fingiendo que me gustaba para conseguir que te diera su aprobacin.
    La cara de Jan se contrajo.
    -Ests enamorada de l -murmur.
    Margie asinti y luego se derrumb.
    -Va a decirnos que nos vayamos a casa, Jan -llor en el hombro de su hermana-. Lo siento, lo siento mucho!
    De repente, Jan era la fuerte de las dos y se apresur a consolarla, a pesar de sus propios miedos y aprensiones.
    -No te preocupes -dijo, repitiendo las palabras que Margie sola decirle en los momentos de angustia-, todo se va a arreglar.
    -Te he fallado.
    Jan la abraz con ms fuerza.
    -Andy y yo encontraremos la manera. La que me preocupa eres t. Ay, Margie, perdname por haberte metido en todo esto... Tendra que haberme enfrentado a l desde el principio.
    Pero Margie no la oa. Su corazn estaba destrozado y temblaba.
    
    
    Andy lanz una mirada furiosa a Cannon cuando Margie y Jan entraron en el saln.
    Cannon apenas las mir. Estaba fumando y Margie nunca lo haba visto tan intratable.
    -Me marcho a Chicago maana por la maana -anunci sin prembulos-. En semejantes circunstancias, lo mejor sera que tus... invitadas se marcharan a Atlanta tambin maana -aconsej a Andy.
    -Mi prometida y su hermana -lo corrigi Andy. Sus ojos brillaban por el enfado.
    -Por encima de mi cadver -respondi Cannon con frialdad-. Olvdate de casarte con Jan. Te lo digo en serio.
    -Si no hay ms remedio, nos casaremos sin tu aprobacin -contest Andy.
    -Andy, no... -dijo Jan.
    -Te quiero -Andy le tom la mano sin mostrarse avergonzado por reconocerlo pblicamente-. No me interesa vivir si no es contigo. Si eso significa pelearme con mi hermano, de acuerdo. Prefiero perder su respeto antes que tu amor.
    Cannon se movi y mir con furia a Andy, pero haba tambin un brillo de admiracin en sus ojos.
    -Volver a Atlanta con vosotras -anunci Andy sin inmutarse-, y Jan se vendr a vivir conmigo. Adems, todava le quedan unos das de vacaciones, as que los disfrutaremos all.
    Cannon se llev el cigarrillo a los labios y dio una calada.
    -Os estis confabulando contra m? -murmur.
    -Y si hace falta, llamar a los vecinos para que nos apoyen -brome Andy con una sonrisa dbil-. Tengo tanto derecho a vivir con alguien como t a vivir solo. Yo no pienso quedarme soltero slo porque t ests desilusionado de las mujeres.
    -Las mujeres traicionan -replic Cannon, y mir directamente a Margie.
    -Por qu dices eso?
    -A que no sabes quin es nuestra invitada? -pregunt Cannon en un tono sarcstico a su madre, que acababa de entrar en la habitacin.
    -Pues claro que lo s -respondi Victorine con expresin arrogante mirando a su hijo mayor, y rode con el brazo los hombros de Margie-. Es una de mis novelistas preferidas.
    Margie se puso rgida y Victorine le dio unas palmaditas en el hombro.
    -No te preocupes, cario -la consol-. Yo lo saba desde el principio. Tengo todos tus libros -mir a Cannon y se dirigi a l-. Y si te hubieras molestado en abrirlos, la habras reconocido a primera vista, como me pas a m.
    Cannon no sonri.
    -Qu pena que nadie me dijera nada.
    -Y darte ms armas para que te opusieras a la boda de Andy y Jan? -pregunt Margie en tono abatido. Sonri con amargura-. Ahora te vas a enterar de todo, no te preocupes, es el momento de las confesiones. No, Jan -dijo al ver que su hermana menor iba a interrumpirla-. Andy tambin tiene derecho a saberlo.
    -Eso no lo discuto -protest Jan. Fue hasta donde estaba Cannon y le habl-. Es culpa ma. Yo rogu a Margie que no te contara a qu se dedicaba. Tena la esperanza de hacerte creer que ramos de buena familia y que... -enderez la espalda, su mirada era de disculpa-. Mam muri al nacer yo y nuestra abuela McPherson nos llev a vivir con ella. No tuvo ms remedio. Nuestro padre... -hizo una pausa y luego fue muy clara-. Nuestro padre era alcohlico. Se bebi todo lo que tenamos, nos dej sin nada. Cuando estaba borracho, iba a casa de la abuela y le exiga que nos devolviera. Un par de veces -rememor con desasosiego-, intent llevarnos por la fuerza. Ashton es una ciudad pequea y todo el mundo lo conoca. Era... famoso. En la escuela, lo pasbamos mal por su culpa.
    Se ech hacia atrs la corta melena y continu. Margie nunca se haba sentido tan orgullosa de su hermana menor.
    -Cuando muri, y nuestra abuela lo sigui al poco tiempo, no nos dej prcticamente nada. Apenas lo bastante para que Margie pudiera ir dos aos a la universidad. Cuando se cas con Larry Silver, yo me fui a vivir con ellos y gran parte de los problemas en su matrimonio fueron por mi causa.
    -Eso no fue as -protest Margie.
    Jan se ri amargamente.
    -Sabes bien que s. Mi presencia slo serva para empeorar las cosas para ti -mir de nuevo a Cannon-. Luego, Larry muri. No tena seguro de vida y sus padres no queran saber nada de nosotras: tenan dinero de sobra, pero nuestra familia no les pareca aceptable, as que nos dieron la espalda. Bueno, nos mandaron a su abogado para exigir su parte del pequeo patrimonio de Larry, que muri sin haber hecho testamento -aadi-. As que Margie se qued sin nada, aparte de m y un puado de deudas y recuerdos espantosos.
    Jan tom aire y respir hondo.
    -Total que acept un trabajo en el peridico para que no nos muriramos de hambre hasta que yo terminara la escuela. No voy a contaros cuntas noches pas en la calle, cubriendo asesinatos, trfico de drogas e incendios. Acept el primer puesto vacante, y era en la seccin de sucesos, as que eso era lo que haca, correr tras la cmara en busca de la noticia.
    Los ojos oscuros de Cannon buscaron a Margie, pero haba algo en ellos que sta no poda soportar, as que entorn los prpados.
    -Trabajaba y escriba en sus ratos libres -continu contando Jan-, y un da mand el manuscrito a una editorial y les gust. Lo compraron, el editor la ayud a pulirlo y, al cabo de unos meses, estaba en la lista de los libros ms vendidos. Yo estaba tan orgullosa de ella que crea que iba a explotar -mir a su hermana con el amor y el orgullo reflejados en su expresin-. Y lo sigo estando. Y deseara no haberle pedido nunca que ocultara la verdad. No somos ricas. Yo gano un buen salario en el bufete donde trabajo y Margie est en camino de poder comprarse un Rolls-Royce, pero todo lo que tenemos nos lo hemos ganado a pulso. No somos de buena familia -levant la barbilla con orgullo-, pero somos honradas, seor Van Dyne. He cometido una gran injusticia con Andy no contndole esto desde el principio -concluy-, y he empeorado las cosas al pedirle a Margie que fingiera que era otra persona. Lo siento mucho. Ahora Margie y yo nos marcharemos a casa. Espero que no hayamos causado demasiadas molestias -mir a Andy con sus emociones a flor de piel-. Una cosa es verdad, sin embargo -susurr-, que te amo con todo mi corazn.
    La cara de Andy se contrajo. Fue hacia ella, la abrazo y enterr el rostro en su pelo.
    -Dios, y a m qu puede importarme lo que haya hecho tu padre? -dijo con voz ronca-. Te quiero a ti, tonta.
    Los ojos de Margie estaban llenos de lgrimas. Al menos, el amor de Andy era sincero.
    -Voy a buscar mis cosas -dijo con calma, y se alej-. Estara muy agradecida si alguien pudiera llevarme al aeropuerto.
    -Vendrs con nosotros, Margie -se apresur a decir Andy.
    Ella neg con la cabeza.
    -Tengo una fecha de entrega dentro de dos semanas -dijo con orgullo-, y la razn por la que he ido a Nueva York es que van a rodar una pelcula basada en Ardiente pasin y tena que firmar el contrato.
    -Qu maravilla, Margie! -salt Jan.
    -S -Margie se ri. Fue una risa triste, sin alegra-, qu maravilla -repiti, y fue hacia las escaleras-. Una mancha ms en el blasn de la familia.
    Cannon no dijo ni una palabra, pero sus ojos la siguieron y haca mucho tiempo que Victorine no lo vea tan afectado por algo.
    La preocupacin asomaba en los ojos de la anciana mientras trataba de encontrar la manera de resolver la situacin. Y de repente, sonri. En realidad, era muy sencillo.
    -Ay! -grit. Dej que su cuerpo se escurriera y se cay al suelo.
    
    

Diecisis
    
    
    
    
    
    Cannon llev a su madre al dormitorio y agarr el telfono que haba encima de la mesilla mientras Margie se sentaba en el borde de la cama y le tomaba la mano.
    -Qu haces? -pregunt Victorine a su hijo en un susurro.
    -Voy a llamar a una ambulancia -inform lacnicamente.
    -No! -se neg su madre, y trat de sentarse en la cama-. No..., ni se te ocurra! -jade intentando respirar-. Ests empeorando las cosas.
    El murmur algo entre dientes y apret con fuerza el auricular antes de volver a dejarlo en su sitio con ms mpetu del necesario.
    -Dame... mis pastillas -orden Victorine con firmeza-. En el cajn, aqu... y ponme una debajo de la lengua.
    Cannon sac una de las pastillitas blancas y la deposit obedientemente en la boca de su madre. Luego se qued de pie junto a Margie. Jan y Andy estaban a los pies de la cama y miraban nerviosos la escena. Todos esperaban, impacientes, para ver si la pastilla haca efecto.
    -Preferira llevarte a un hospital -dijo Cannon.
    -Y yo preferira... quedarme aqu -replic Victorine sin aliento. Apret los dedos de Margie, que sostenan cariosamente su mano-. Ya estoy... mejor.
    -Gracias a Dios -suspir Cannon con alivio-. Te vas a marchar a casa -aadi severamente-. Quiero que ests cerca de Howard por si vuelve a pasar.
    -Howard... es el mdico de la familia -dijo Victorine a Margie-, y un buen amigo -suspir y sonri, aliviada-. As, ya va mejor.
    -Quiere que le traiga algo? -se ofreci Margie.
    -Nada, cario. Pero ven a quedarte unos das conmigo en casa. Necesito compaa, y Andy y Jan van a estar muy ocupados para dar vueltas conmigo por la casa.
    La expresin de Cannon se nubl, se hizo ms oscura, pero en sus ojos surgi un destello que slo su madre percibi.
    -Lo siento, no puedo -respondi Margie educadamente, sabiendo que la destrozara tener que ver a Cannon y no poder tocarlo, acariciarlo, amarlo...
    -Puedes traerte el ordenador -dijo la anciana con obstinacin-, y el personal de la casa cuidar de que no te falte de nada para que puedas escribir tranquila. Y en tu tiempo libre, podramos hacer cosas juntas. A que s, Cannon? -aadi con una mirada severa.
    l respir hondo.
    -Si eso va a hacer que te quedes en casa, Margie es ms que bienvenida.
    -No puedo...! -insisti ella. Sus ojos se llenaron de pnico cuando, brevemente, su mirada se cruz con la de Cannon.
    El se meti las manos en los bolsillos.
    -No estar mucho en casa, si eso es lo que te preocupa -dijo framente.
    -En ese caso, ir -contest Margie. Tom la decisin en un instante. En un espacio de tiempo muy corto, Victorine haba llegado a significar mucho para ella. Si poda hacer algo por la madre de Cannon, no lo dudara.
    -Me alegro de que todo est arreglado -suspir Victorine, y se recost en las almohadas-. Ahora es mejor que os marchis y me dejis descansar. T qudate, Margie -aadi sin soltar la mano delgada de sta-. Estoy bien, no os preocupis.
    Jan y Andy abandonaron la habitacin con renuencia; Cannon, en cambio, se march inmediatamente. Margie oy despus cmo sala en su coche y no regres en todo el da.
    Tampoco volvi a la hora de cenar. Margie y Victorine pidieron a Nina que les preparara unas bandejas y Andy y Jan cenaron en la cocina. stos fueron despus a ver a Victorine y Margie aprovech para preparar sus cosas y darse una ducha.
    Se puso su bata verde y, al salir al pasillo para regresar al dormitorio, se qued helada.
    Cannon avanzaba hacia donde ella estaba. La miraba con ojos acusadores y su cara pareca ms enfadada que nunca.
    Ella baj la vista al suelo e intent seguir su camino, pero l le bloque el paso. Margie levant la vista, asustada, y cuando l alarg un brazo hacia ella, se apart.
    Cannon dej caer el brazo de nuevo junto al costado y en su mirada surgi algo oscuro e innombrable mientras la miraba y vea de nuevo en los ojos de Margie todos los miedos y la incertidumbre que los das anteriores haban logrado alejar.
    -Lo siento, encanto -dijo ella, de nuevo en su antiguo papel-, ya no estoy a tu alcance. He aprendido la leccin.
    -Margie... -empez a decir l, muy rgido.
    -No vamos a hurgar en la herida, de acuerdo? -hablaba con fatiga-. Vuelve a tus negocios y a ganar dinero, don Ricachn, y djame tranquila con mi escandalosa carrera. No tienes que preocuparte, me marchar de tu casa en cuanto tu madre ya no me necesite.
    -Por amor de Dios, quieres escucharme? -pidi bruscamente.
    Ella neg moviendo la cabeza a derecha e izquierda.
    -No me interesa or nada. Lo has dicho todo esta maana.
    -Maldita sea, por qu no me lo contaste?
    Margie entrecerr los ojos. Aquello le dola.
    -Porque saba lo que iba a pasar -mir el rostro de Cannon con ojos tristes, dolientes-. Y pas.
    Las palabras quedaron all, resonando entre ellos, mientras l la miraba.
    -Podras haber confiado en m.
    -Una vez confi en un hombre -record Margie con voz pausada-. ltimamente se me haba olvidado, pero no volver a suceder. No dejar que vuelva a acercarse lo suficiente como para hacerme dao, seor Van Dyne. Ni usted ni ningn hombre.
    Lo dej all plantado y se fue corriendo a su habitacin.
    
    
    La casa de los Van Dyne en Chicago era de infarto. Margie se qued mirndola como si nunca hubiera visto un edificio de estilo Victoriano. Era de piedra, no como la de su abuela, que era de madera, y tena las tpicas ventanas saledizas, las caractersticas torretas y los muros cubiertos de hiedra. Estaba situada lejos de la carretera y tena vista al lago Michigan. Se hallaba rodeada por una arboleda en uno de sus lados, una rosaleda preciosa en el otro y un seto perfectamente podado en el tercero.
    Jan sonrea mientras Andy explicaba a Victorine que las hermanas tambin vivan en una casa de estilo Victoriano.
    -Eso s que es una coincidencia -dijo la anciana, dirigindose a Margie con una sonrisa-. Personalmente, me encanta la arquitectura. Quiz sea un poco pretencioso, pero me parece que ya no se construyen casas como sta. Ya no se presta tanta atencin a los detalles y al estilo... -aadi con un suspiro-. Es algo que se ha perdido.
    Margie mostr su conformidad con una sonrisa, pero su mente estaba en otros asuntos, sobre todo, en el hombre taciturno que iba a volante. No se haba fijado en el perfil de los rascacielos de Chicago, ni en la torre Sears... Ni siquiera en la playa de arena blanca que discurra en paralelo a la autopista. Sus ojos estaban fijos en la nuca de Cannon.
    A Margie y a Jan les llev varios das habituarse a la casa y sus horarios. Haba una empleada, Anna, que se encargaba del funcionamiento diario de la casa y Jack, su marido, haca de chfer y jardinero. Adems estaba la cocinera, la seora Summers, una mujer regordeta y muy alegre que preparaba los mejores bizcochos que Margie haba comido en su vida. Detrs de la rosaleda haba una piscina y una pista de tenis, y ms all se extenda una zona arbolada que habra despertado el entusiasmo de un naturalista.
    No lejos de la casa haba un lago que pareca sacado de un cuento de hadas, con sus cisnes y sus sauces. Alrededor de la orilla el terreno era llano y estaba cubierto de hierba. Cuando Margie no estaba trabajando en el libro, lo cual le llevaba la mayor parte de su tiempo, y cada vez ms a medida que se acercaba la fecha de entrega, o haciendo compaa a Victorine, all era a donde se diriga, con los aparejos de pesca y un cubo con cebos.
    Jan y Andy seguan haciendo todo lo que podan para convencer a Cannon de que su matrimonio no sera el fin del mundo, pero l no daba seales de querer modificar su inflexible postura. Sin embargo, todo cambi a partir del da que Jan y Margie entraron en el saln y encontraron a Cannon hablando con su madre.
    l estaba de pie junto a la ventana, de espaldas a la puerta. Su aspecto era, como siempre, imponente, aunque un poco solitario. Llevaba un traje azul oscuro muy acorde con su cargo de director general de una gran empresa.
    Margie y Jan se detuvieron en el umbral y, sin querer, oyeron parte de la conversacin.
    -Si te parece que yo estoy demasiado dbil, puedo encargarme de buscar a alguien que lo organice -estaba diciendo Victorine. Sus ojos repararon en las dos hermanas y, de repente, brillaron-. Recuerdo haber odo que Jan organiza muchas fiestas y reuniones para su jefe, no es as, cario? -pregunt a la interesada, y Cannon se dio cuenta entonces de que haba alguien ms en la habitacin.
    -Organizar? -empez a decir Jan-. Eh, bueno, he organizado varias cenas. Suele invitar mucho a...
    -Ves? -dijo Victorine con aire triunfante.
    Jan y Margie se quedaron mirndola.
    Cannon se alej de la ventana con las manos dentro de los bolsillos del pantaln y se detuvo delante de Jan.
    -Puedes organizar una cena para veinte personas en una semana? -pregunt de sopetn. Su voz reflejaba claramente sus dudas.
    -Por supuesto -respondi Jan con una confianza arrolladora-. Si me das la lista con los nombres de los invitados, claro -sonri con picarda-. Incluso puedo sentarlos de tal manera que no se peleen por el postre.
    A Cannon se le escap una sonrisa y su aspecto cambi por completo.
    -De acuerdo.
    Jan se sonroj pero no baj la vista.
    -No te fallar, Cannon -prometi.
    
    

Diecisiete
    
    
    
    
    
    -Va a dejar que me ocupe de la fiesta! -exclam Jan una vez que Margie y ella llegaron a la cocina, donde nadie poda orlas, y abraz a su hermana con entusiasmo-. Por fin va a darme la oportunidad de demostrar lo que soy capaz de hacer! A que es genial?
    -Genial -repiti Margie con una sonrisa-. Cannon no sabe lo que acaba de hacer -aadi con picarda-. Con todas las fiestas que has organizado...
    Jan solt una risita.
    -Si as no logro convencerlo de mis habilidades sociales, lo dar por perdido -su sonrisa se desvaneci-. Aunque Andy y yo no vamos a cambiar de plan slo porque Cannon no apruebe la boda. Ay, Margie, no sabes lo que sent el otro da cuando Andy dijo que prefera perder la consideracin de Cannon antes que perderme a m.
    -Tienes suerte de que te quieran tanto.
    Su tono era triste, melanclico, y a Jan no se le escap aquello. Se acerc y pas un brazo por encima del hombro de su hermana mayor, que era ms alta que ella.
    -Las cosas se van a arreglar entre vosotros. No te has dado cuenta del aspecto que tena Cannon hace un momento?
    Margie se encogi de hombros.
    -Su aspecto y lo que siente son dos cosas distintas. No confi en m; ni siquiera me otorg el beneficio de la duda ni trat de entender mi punto de vista.
    -Y t has intentado entender el suyo? -fue la respuesta sosegada de Jan-. No tiene muchas razones para confiar en las mujeres, ya lo sabes. Igual que t tampoco las tienes para confiar en los hombres. Lleva tiempo.
    Margie fue a servirse una taza de caf con aire pensativo.
    -En cualquier caso, qu puedo ofrecerle yo? Notoriedad..., especialmente cuando se ruede la pelcula, una imagen llamativa y una fama de libertina que ni siquiera mis amigos ponen en duda... Eso no encaja con la imagen conservadora de su empresa. Te imaginas a los de la junta directiva en una fiesta al aire libre conmigo como anfitriona?
    Jan mir a su hermana y se fij en sus ojeras, dos sombras oscuras debajo de los ojos. Haca aos que vea as a Margie, y la inquietaba.
    -No creo que a un hombre como Cannon Van Dyne le importe mucho lo que diga la junta directiva. No si est enamorado.
    Slo con pensarlo, Margie se estremeci, pero saba muy bien lo que a Cannon le interesaba de ella, y no se trataba de amor. Se ri y sus ojos verdes brillaron.
    -No puedo imaginrmelo enamorado -murmur despus de dar un sorbo a su caf-. Me resulta muy raro, no?
    -A m no -murmur Jan-. Pero claro, yo no soy una vieja reportera como t, no soy observadora y no soy capaz de notar si un hombre est loco por una mujer. Por el amor de Dios, Margie, todos se dan cuenta, por qu t no eres capaz de verlo?
    -Ver qu? -pregunt Margie con afabilidad.
    Jan alz las manos en el aire.
    -No importa, no importa. Me voy arriba a planear una estrategia. Veamos, me harn falta un par de pistolas, unos cuantos caones...
    Margie se ri para sus adentros mientras vea cmo Jan sala de la cocina. Sera estupendo que Cannon cambiara de opinin sobre las capacidades de su hermana.
    Se termin el caf y estaba depositando la taza en el fregadero cuando la puerta se abri y entr Cannon con un cigarrillo en la mano. Se detuvo en el umbral y se recost en el marco de la puerta.
    -Quieres un caf? -pregunt ella. Su expresin no dejaba traslucir el tormento que senta.
    l no respondi inmediatamente. Sus ojos oscuros la estaban examinando, y encontraron seales de falta de sueo y exceso de trabajo. Los ojos de Margie descubrieron indicios de lo mismo en el rostro de Cannon.
    -De verdad es capaz Jan de organizar cenas? -pregunt sin prembulos.
    -S -respondi, y se enfrasc en la tarea de aclarar su taza y dejarla en el escurreplatos-. Ha organizado muchas ltimamente.
    -Margie...
    Se acerc hasta que ella not su calor en la espalda, casi como si la estuviera tocando. Luego le puso las manos encima de los hombros con mucha delicadeza. Margie se encogi, como si le quemaran.
    -No -gimi l, y sus manos se contrajeron-, no saltes as cuando te toco. No puedo soportarlo.
    Ella cerr los ojos, rindindose contra su voluntad, debilitada por el contacto delicioso de las manos de Cannon y el aroma a colonia y tabaco.
    -No he saltado -susurr-. Me... has asustado.
    La respiracin pesada de Cannon resonaba en la cocina vaca.
    -Tienes que entender lo que me pas. Para mi mujer, mentirme se convirti en una costumbre, hasta la noche que la encontr con su amante en nuestro dormitorio... No es una disculpa pero, maldita sea, las mujeres nunca me dicen la verdad. Yo pensaba que t eras una santa -concluy accidentadamente-, y te caste del pedestal, eso es todo. De santa a ninfa, cuesta un poco acostumbrarse, especialmente a un cnico como yo. Me sent como un idiota.
    -No cometas el error de creer lo que se dice de m -dijo con voz indiferente y fra-. Yo soy tan libertina como t victoriano. Pero sa es mi imagen pblica, y no puedo desmentirla ahora, igual que t no puedes salirte de tu esquema conservador. Adems -aadi con una carcajada alejndose de l-, hemos triunfado con esa imagen, cada cual con la suya. Y no son compatibles, Cannon, ni nunca lo sern. As funcionan las cosas.
    -No me gusta cmo suena lo que dices -observ l mirndola-. Eres demasiado joven para ser tan cnica.
    -Hice un curso intensivo -replic y cruz los brazos delante del pecho-. Mi vida no ha sido un lecho de rosas, pero me ha hecho fuerte. Y lo primero que aprend fue que si dejas que la gente se te acerque demasiado, puede hacerte dao. Se me haba olvidado ltimamente, pero no volver a pasar -aadi con una mirada elocuente y una sonrisa que no inclua sus ojos verdes, que brillaban con frialdad.
    -Lo nuestro ha sido muy especial -la voz de Cannon sonaba tranquila; su mirada era penetrante, intensa.
    -El sexo parece especial hasta que el encaprichamiento se pasa -replic ella.
    -No era sexo -la corrigi-. Tal vez t no conozcas la diferencia, pero yo s. Te deseaba de un modo que no tena nada que ver con tu precioso cuerpo.
    Ella se qued mirndolo. Su mente trataba de encontrar sentido a esas palabras, pero no lo lograba.
    -No es sensato confiar en los impulsos.
    -Esa noche, en Nueva York, estuviste bastante rato conmigo en la cama antes de que nos interrumpieran -replic l-. Te parece que fue slo un impulso?
    Ella not que sus mejillas se sonrojaban, pero no apart la mirada.
    -Haba bebido mucho -protest.
    -sa es la explicacin que te has dado a ti misma? -dijo pensativamente-. Que te emborrach y te llev por el mal camino? -hizo una pausa y fue a apagar el cigarrillo en el cenicero que haba en la mesa-. Voy a estar unos das fuera de Chicago, es un viaje de trabajo del que no puedo librarme. Tal vez sea lo mejor. Quiz incluso me eches de menos.
    Ella lo mir fijamente mientras l se inclinaba a apagar el cigarrillo. Amaba todos y cada uno de los rasgos fuertes de su cara, el modo en que el pelo se le rizaba un poco en la nuca, sus hombros tan anchos... Era tan masculino y ocupaba tanto espacio en su vida que no quera ni pensar en que habra das en que ni siquiera lo vera en la mesa a la hora de cenar o en el pasillo. Desde que haban ido a Chicago, Cannon haba cenado en casa todas las noches. Ella se haba acostumbrado a tenerlo cerca. Se le nubl la visin.
    l se dio la vuelta y, por un instante, le pareci entrever un brillo de tristeza en los ojos de Margie.
    -S? -pregunt y fue de nuevo hasta ella, la agarr por los brazos y la atrajo hacia s.
    -"S" qu? -murmur. Sus ojos slo vean la boca grande y sensual de Cannon. Apenas oa lo que deca.
    -Que si me echars de menos...
    Sin que ella se diera cuenta, sus labios se separaron. Tena las manos en el pecho de Cannon, pero no intentaba empujarlo.
    -Me imagino que me dars un beso de despedida -murmur l-. Por los viejos tiempos.
    -No nos conocemos desde hace tanto -le record ella sin aliento.
    -Yo te conozco desde siempre, Margie -dijo mientras sus labios rozaban los de ella con suavidad-. Te conozco desde hace centenares de aos, y te deseo desde el primer da... Bsame, por Dios!
    La bes y peg su cuerpo al de l, y ella gimi mientras se dejaba llevar por la magia del momento.
    Las manos de Margie se enredaron en el pelo de Cannon y retuvo su boca sobre la de ella mientras el beso se haca ms ntimo, ms exigente. Le temblaba todo el cuerpo y tema que las rodillas le fallaran.
    La lengua de Cannon penetraba en su boca con un ritmo palpitante, sugestivo, mientras las manos de ste iban de sus senos a sus nalgas y dirigan el movimiento lento y sensual de sus caderas contra l.
    Ella gimi de nuevo y se arque sinuosamente con el movimiento de sus caderas mientras le clavaba las uas en los hombros. Lo deseaba, y olvid todas las recriminaciones y reproches, arrastrada por la pasin que haca arder su cuerpo.
    -Estoy ardiendo por tu culpa -gimote sin darse cuenta bajo la boca exigente de Cannon.
    -Y cmo diablos crees que me siento yo? -se quej l.
    -S que me deseas -dijo ella, y le temblaba la voz. Lo mir con el deseo palpitando en su mirada.
    -Desearte -murmur l-. Qu palabra tan sosa para una escritora de novelas romnticas. Es lo mejor que se te ocurre?
    Ella se sinti repentinamente cmoda, confiada, y sonri de manera sensual.
    -Vas a hablar o vas a besarme?
    -Ser mejor para ti que siga hablando -dijo l, e hizo un visible esfuerzo para controlarse-. La mesa de la cocina no es el mejor sitio para hacer el amor, pero ahora mismo me est pareciendo bastante aceptable.
    Ella se ri.
    -Qu pcaro. Me pregunto si habr alguna novela donde los protagonistas acaben en la mesa de la cocina.
    -No sigas -y ella vio en sus ojos la antigua desconfianza-. S distinguir cundo me estn usando para un experimento.
    -Yo hara que lo dieras por bien empleado -prometi con voz seductora y haciendo batir las pestaas.
    l se ri con regocijo.
    -En serio? Qu excitante. Qu tal si te tumbas encima de esa mesa y charlamos de ello...
    -Cannon! -la voz de Andy en el pasillo rompi la frgil intimidad de la cocina.
    -Maldita sea -murmur Cannon-, me est esperando.
    -Menos mal -seal Margie-. Dios sabe cmo iba a poder trabajar con la espalda llena de astillas.
    l se ech a rer a carcajadas, y el sonido de su risa le pareci a Margie delicioso despus de tantos das de mal humor y caras largas. Se senta de nuevo feliz como una nia, y la alegra que la dominaba haca que su belleza resplandeciera. Cannon la mir y contuvo la respiracin.
    -Por qu has tenido que esperar tanto para sonrer -se quej- y ahora eliges justo el momento en que tengo que marcharme al aeropuerto?
    -A ver si aprendemos a coordinarnos mejor cuando vuelvas -dijo Margie, y sonri.
    l le toc la boca con un dedo.
    -Me echars de menos?
    -S -admiti ella, sin ocultar sus emociones.
    -Yo tambin a ti -dijo l sin dejar de mirarla a los ojos-. Hablaremos cuando regrese.
    Ella asinti.
    -De acuerdo.
    Cannon se march y fue como si lo que la rodeaba, la cocina, el mundo entero perdiera de pronto todo su brillo.
    
    

Dieciocho
    
    
    
    
    
    -Se supone que Cannon vuelve a casa hoy -murmur Victorine el viernes mientras levantaba la vista de las agujas de hacer punto.
    Margie intent disimular su emocin.
    -Estoy segura de que estar deseando que llegue la fiesta de esta noche -dijo con malicia-. Aunque slo sea para satisfacer su curiosidad sobre la capacidad organizativa de Jan.
    -Ha hecho un trabajo estupendo -confirm Victorine.
    Margie mir a la anciana con atencin.
    -Lo de ese da en Panama City, de verdad fue un amago de infarto? -hizo en voz alta la pregunta que llevaba repitindose a s misma desde haca una semana.
    Victorine levant la mirada. Sus rasgos delicados mostraban un asombro de lo ms inocente.
    -Infarto dices?
    Margie sonri.
    -No le da vergenza?
    -En absoluto, cario -dijo la anciana rindose-. Cannon estaba a punto de cometer uno de los mayores errores de su vida. Tena que hacer algo y, en ese momento, fue lo nico que se me ocurri. Por cierto, qu tal va el libro?
    -Todava llevo un captulo de retraso -suspir Margie-. No hago ms que aporrear el teclado, pero la fecha lmite es dentro de una semana.
    -Es culpa ma -se disculp Victorine-. Estoy segura de que venir aqu te habr retrasado considerablemente. Pero de una cosa estoy segura: la fiesta ser un xito y eso obligar a Cannon a dar su brazo a torcer. Aprobar la boda, ya lo vers.
    -Me gustara estar tan segura como usted -dijo Margie con una leve sonrisa-. Bueno, me voy. Espero que la paz y la tranquilidad del lago estimulen mi creatividad.
    -No necesitaras estimulacin suplementaria -murmur Victorine-, si l no fuera tan cabezota, inflexible e incapaz de admitir que es humano y, como tal, susceptible de cometer errores.
    Margie se ri. Se puso en pie, reuni los aparejos de pescar y se march a la orilla del lago.
    
    
    Cannon volvi a casa apenas media hora antes de la hora prevista para que empezaran a llegar los invitados. Pareca fatigado, sin vitalidad.
    En ese momento Margie estaba bajando la escalera. Llevaba el vestido plateado, el mismo de aquella noche mgica en Panama City. l estaba subiendo y, cuando levant la cabeza y la vio, se qued rgido y sus ojos se volvieron an ms negros.
    -Dios, ests guapsima -dijo con voz grave-. Elegante, equilibrada, radiante...
    Ella se humedeci los labios, que se le haban secado de repente.
    -Gracias -consigui decir.
    Cannon continu subiendo sin apartar la vista de ella y se detuvo un escaln por debajo. Ola a colonia y a tabaco, y Margie pens que el traje gris marengo que llevaba era bonito; haca resaltar su pelo negro y contrastaba con su cutis olivceo.
    -Casi... te pierdes la cena -tartamude. La pona nerviosa estar tan cerca de l.
    -He perdido el avin y he tenido que tomar el siguiente -respondi, pero miraba su cuerpo-. Es agradable estar en casa -murmur en voz ms baja. Le puso una mano en la nuca y la atrajo hacia s-. El lpiz de labios es de los que se corre? -susurr mientras acercaba su boca a la de ella.
    -No... no lo s -respondi con otro susurro.
    l abri la boca y la anim a hacer lo mismo para dejarlo entrar, lenta, delicadamente, para transmitirle su calor, para que aspirara su olor a colonia y tabaco. Su respiracin era tan acelerada como la de Margie y el corazn le golpeaba con fuerza el pecho sobre el que ella haba apoyado las manos en busca de equilibrio.
    -Te he echado de menos -consigui susurrar Cannon sin retirar la mano de la nuca de Margie-. Te he echado mucho de menos...
    Aquella fue la gota que colm el vaso. Margie alz los brazos alrededor de su cuello y oy el ruido sordo del maletn que llevaba en la otra mano cuando cay sobre la madera del escaln. Notaba su cuerpo pegado al de ella, los latidos de su corazn. Cannon la bes una y otra vez, y sigui besndola hasta que se convirti en lo nico que quedaba en pie de un mundo que se haba esfumado bajo las rodillas temblorosas de Margie.
    Pas bastante rato hasta que l levant su boca ardiente y ella pudo mirarlo con sus ojos verdes todava entrecerrados. Lo vea todo borroso.
    -Sabes hace cunto tiempo no puedo dormir? Sabes lo que es acostarse solo y desear a alguien tanto que acabas sintiendo como si te estuvieran cortando en dos con una sierra?
    -No funcionar -susurr Margie, casi temerosa de disfrutar de la felicidad que se abra ante ella.
    -Yo me encargar de que funcione -dijo l con un susurro estrangulado, y volvi a bajar su boca hacia la de ella-. Cario...
    Margie ech la cabeza hacia atrs y entreabri los labios para recibirlo. l se incorpor bruscamente; en sus ojos ardan el deseo y la frustracin.
    -Estis listos? -pregunt Jan, que surgi de pronto en el piso de arriba. Llevaba un vestido de chiffon rosa que favoreca su cutis y resaltaba su figura delgada-. Hola, Cannon! Bienvenido! -aadi, y vio cmo ste se apartaba de Margie con renuencia y recoga del suelo el maletn-. Los invitados empezarn a llegar en seguida.
    l dej escapar un suspiro ronco y consigui dirigir a Jan una sonrisa cansada.
    -Si te parece que as voy bien vestido, ir a dejar el maletn y en seguida bajo.
    -Ests estupendo as, verdad, Margie? -murmur Jan, y mir la cara ruborizada de su hermana, que haba girado la cabeza y miraba hacia lo alto de la escalera.
    -Estupendo -reconoci sta.
    -Tan slo deja que vaya a deshacerme de este maletn -murmur Cannon, sin molestarse en disimular el deseo que cubra su rostro.
    -Adelante -respondi Jan, y gui un ojo a Margie-. Yo me ocupar de todo -aadi cuando son el timbre de la puerta, y se apresur a bajar.
    Se abri otra puerta del piso superior y Andy apareci en el pasillo enderezndose la corbata con una mano. Sonri al cuadro que formaban Cannon y Margie, que seguan sin moverse en medio de la escalera.
    -Hola -salud-. Estis los dos estupendos. Jan ha bajado ya? Voy a buscarla, vens? -dijo por encima del hombro cuando ya estaba ms abajo que ellos.
    Cannon segua mirando a Margie, la cual no se haba movido ni un milmetro.
    -Dentro de un momento. Primero tenemos que dejar el maletn -respondi a su hermano.
    -Que tenis que qu? -pregunt Andy, boquiabierto.
    -Cario, han llegado los invitados -dijo Jan alegremente indicndole con la mano que se reuniera con ella.
    -Eh? Ah, s, claro! -se apresur a llegar abajo.
    -De-deberamos bajar -susurr Margie.
    Cannon neg con la cabeza.
    -Todava no. Ahora no. Te necesito.
    Ella intent encontrar una respuesta pero no saba qu responder.
    Otra puerta se abri y apareci Victorine con un vestido de color melocotn y escote Victoriano. Fue hasta ellos y levant una ceja mientras esbozaba una sonrisa maliciosa.
    -Estis bloqueando el paso! Por qu no vais a peinaros un poco antes de bajar?
    -Es una disculpa ms convincente que dejar el maletn? -pregunt Cannon cuando pas a su lado.
    -Tu padre y yo siempre la usbamos -asegur-. Te importa que vaya dando la enhorabuena a Jan por su prxima boda?
    l suspir al tiempo que vea cmo los invitados iban pasando por el vestbulo camino del saln.
    -Como t quieras -dijo, y tom a Margie de la mano-. Parece que lo ha organizado todo muy bien.
    -Y que lo digas -fue la respuesta satisfecha.
    Cannon apret la mano de Margie mientras la arrastraba escaleras arriba y hacia la puerta de su dormitorio. Ella era consciente de cmo el deseo la devoraba y corra para poder mantenerse al paso de Cannon.
    ste abri la puerta y la cerr tras ellos. Tir el maletn al suelo y la alz en brazos.
    Ella no se resisti, dej que l la pusiera encima de una mullida colcha de color crema. Al cabo de un instante, Cannon se tumb a su lado al tiempo que se quitaba la corbata y se desabrochaba la camisa.
    -Se te va a arrugar -murmur mientras lo ayudaba a despojarse de chaqueta y camisa.
    -Al cuerno las arrugas -dijo, y sus manos impacientes le bajaron el vestido hasta la cintura. A continuacin fundi su boca con la de ella.
    Margie apenas poda pensar cuando por fin l levant la cabeza. Tena la boca un poco hinchada por el feroz ardor de la de Cannon; el cuerpo, lnguido; las piernas, temblorosas.
    -Tan pronto paramos? -susurr.
    Los ojos de Cannon la devoraban, absorban todos los detalles, desde su preciosa melena negra despeinada hasta la maravillosa desnudez de su cuerpo de cintura para arriba.
    -Bueno -murmur con una ligera sonrisa-, tenemos que aparecer en algn momento.
    Ella se arque sinuosamente y sonri al ver el modo en que los ojos de Cannon se oscurecan mientras seguan ese movimiento.
    -Eres una bruja -gru, y llev la boca junto a la de ella hasta sentir que los labios de Margie temblaban y se separaban.
    Cuando el beso termin, ella le agarr la cabeza, la llev contra sus senos y lo bes en el pelo.
    -Te quiero -susurr.
    l levant la cabeza y la mir con cara angustiada.
    -Crea que haba matado tus sentimientos hacia m -admiti-. Te juro que no quera reaccionar as. Es que me obcequ y me dej llevar, y despus no haca ms que lamentarme. Quera pedirte disculpas, y lo intent antes de que nos marchramos de Florida, pero no me dejabas acercarme a ti -cerr los ojos-. Dios, pens que nunca me dejaras volver a acercarme a ti!
    Ella le acarici la boca con sus dedos suaves y lo mir con ojos llenos de adoracin.
    -Estaba asustada -admiti-. Tema que tu mundo y el mo fueran incompatibles.
    -Nosotros los haremos compatibles -prometi l, y roz con los labios su desnudez. Ella tembl-. Vamos a casarnos, Margie. Espero que ests de acuerdo, pero si no es as, te llevar al altar aunque sea a rastras, por mucho que grites y patalees. Saldramos en todos los peridicos, sera una gran publicidad para tu pelcula.
    -Pero destrozara tu imagen conservadora -le record ella-. Tu junta directiva...
    l tom su cara entre las manos y la oblig a mirarlo.
    -Te quiero -dijo en tono terminante y lleno de nfasis-. A usted, seora Silver, y a su famoso alter ego, y no hay nada ms importante en mi vida. Ni la empresa, ni mi cuenta bancaria. Nada.
    Ella notaba que las lgrimas rebasaban sus ojos.
    -No llores -susurr, secndole las lgrimas con sus labios, amorosos y clidos-. Todo va a salir de maravilla.
    -Pero casi se estropea -seal ella.
    -S -admiti-, pero afortunadamente tengo una madre con una mente retorcida y un gran corazn que me conoce mejor que yo mismo.
    Ella lo mir con la boca abierta.
    -Sabas que el ataque era fingido?
    l sonri.
    -Claro que s. Pero notars que le segu la corriente sin vacilar. Estaba an ms interesado que ella en que vinieras a Chicago.
    Margie hizo un puchero.
    -No veo por qu. Los primero das aqu, te pasabas la vida fuera de casa...
    -Porque quera que me echaras de menos al menos la mitad de lo que yo te echaba a ti -admiti con un susurro ronco-. Me conformaba con verte cuando volva a casa o cuando iba a espiarte al lago.
    -Me espiabas?
    -No tena ms remedio -confes pegndola a l, y la razn se poda leer en su rostro-. A veces senta una necesidad enorme de verte.
    -Ya lo s -susurr-. Cuando te enfadaste conmigo, la vida perdi de pronto todo su brillo...
    Antes de que pudiera seguir hablando, la boca de Cannon descendi sobre la suya con una ternura dolorosa. La apoy sobre las almohadas y su cuerpo cubri el de ella con un deseo enfebrecido.
    Margie le hundi los dedos en el pelo negro y le sujetaba la cabeza mientras el beso se prolongaba y se haca cada vez ms profundo. El cuerpo de Cannon la aplastaba contra el colchn.
    -Te necesito -dijo l con suavidad. Su respiracin estaba entremezclada con la de ella. Sus dedos le acariciaban los senos, la cintura, las caderas, saboreando la suavidad de su piel y la firmeza de sus msculos.
    -Nos van a echar en falta -consigui decir Margie, pero la fiebre la devoraba a ella tambin, y todo el deseo y el amor clamaba por expresarse y por alcanzar satisfaccin.
    Las manos de Cannon le enmarcaron la cara; sus ojos buscaron los de ella y la mir con intensidad.
    -Noto qu es lo que quieres -dijo con voz profunda, muy quieto-. Igual que t sientes qu es lo que deseo yo. No puedo ocultarlo. Puedo dejar que te levantes, pero me sentir como si me cortaran un brazo, y eso tampoco puedo ocultrtelo. Llevo mucho tiempo sin estar con una mujer y te deseo tanto que casi estoy temblando.
    Ella ya se haba dado cuenta. Y haca que se sintiera extraamente triunfante la conciencia de poder encender ese deseo que slo ella poda satisfacer. Quera a Cannon de un modo casi insoportable y, a pesar del ligero nerviosismo que le produca entregarse a un hombre sexualmente, no quera negarse.
    Se oblig a relajarse. Sus manos comenzaron a acariciarlo y su respiracin se hizo ms lenta y ms profunda.
    -Por favor, no tengas muchas expectativas -susurr, y una sonrisa tmida floreci en su boca-. Va a ser difcil, incluso siendo t.
    -Te quiero -dijo l con sencillez-. Concntrate en eso y recuerda que es una forma de expresar amor.
    Un calor dulce se fue apoderando lentamente del cuerpo de Margie segn l la tocaba. Los ojos de Cannon expresaban adoracin, su cara era pura ternura.
    -Aqu -murmur l, y rod y se tumb de espaldas en el colchn-. Tcame. De la manera que quieras, atrvete. Como si fueras una de tus heronas -aadi con picarda.
    Ella esboz una sonrisa mientras sus manos lo acariciaban.
    -Mis heronas estn siempre muy enamoradas -le record-, y slo hacen el amor con un hombre. No me gusta la promiscuidad.
    -Ya me he dado cuenta -murmur-. Al final, le una de tus novelas, y me dio esperanzas. Pens que si podas escribir escenas tan ardientes, seras capaz de vivir...
    -Cllate -susurr. Se inclin sobre l y lo bes. Pos su boca sobre la de l perezosamente y sonri cuando not que los labios de Cannon se movan, se abran y respondan con un beso profundo y satisfactorio.
    -Crea que ahora me tocaba a m -murmur.
    Las manos de Cannon fueron hasta su cintura. La levant y la hizo tumbarse sobre l.
    -Adelante -replic-. Slo estaba haciendo algunas... sugerencias -aadi con un brillo en la mirada mientras sus manos le agarraban las nalgas y las presionaban contra sus caderas.
    Ella gimi intensamente y las pupilas se le dilataron ante la repentina intimidad. Las bromas desaparecieron bruscamente. l le hundi los dedos en el pelo y atrap su boca al tiempo que la haca rodar hacia un lado y la tumbaba de espaldas. Se desliz sobre su cuerpo palpitante.
    -Ahora -le susurr junto a la boca-, te voy a demostrar lo que una mujer siente cuando est con su hombre. Te har temblar de deseo y luego lo satisfar. Voy a darte tanto placer que la idea de que las manos de otro hombre puedan llegar a tocarte te parecer inconcebible...
    -Cannon! -gimi mientras sus manos la tocaban de un modo desconocido para ella hasta entonces. El cuerpo de Cannon encenda el suyo como si fuera de madera seca, levantando chispas que la hacan arder.
    -Bsame as -susurr l, y su lengua la atrap en un ritmo sensual mientras retiraba las prendas que todava se interponan entre ambos.
    Ella not el repentino contacto de su carne desnuda como quien recibe una descarga de alto voltaje. Abri mucho los ojos y lo mir a travs de la nebulosa de placer que la envolva.
    -Esto es slo el principio -asegur Cannon. Sus manos la levantaron, la acariciaron... y sonri ante la reaccin que ley en la cara de Margie, en sus empaados ojos verdes-. As ser el resto de nuestras vidas. Djame ensearte.
    Ella retuvo la respiracin y trat de decirle cunto lo quera y que lo querra siempre, pero una oleada de placer la atraves, y lo nico que pudo hacer fue agarrarlo, gritar y temblar como una cuerda que vibra mientras l le enseaba cmo complacerlo a su vez. Ella gimi con desenfreno, con urgencia, y oy su propia voz como si fuera un eco del placer que su cuerpo estaba sintiendo, un placer plateado y exquisitamente dulce.
    -Esto es el amor -susurr Cannon junto a su boca, y fueron las ltimas palabras que penetraron en su mente antes de que su cuerpo se viera atrapado en un huracn de sensaciones, un frenes que la haca tensarse y luego se encrespaba, fuera de control.
    Ella grit con voz ronca y lo abraz para pegar su cuerpo al de Cannon tanto como fuera posible, y fue como si se extraviara en l por completo. Se volvieron uno solo, de un modo que muchas veces haba ledo pero no haba credo que fuera posible hasta ese momento. Y era amor. Total. Absoluto.
    -No lo saba -susurr, temblando entre sus brazos.
    l depositaba besos tiernos y delicados en su frente, sus prpados cerrados, sus pmulos, sus labios hinchados. El desenfrenado palpitar de sus corazones comenz a calmarse poco a poco, y l segua abrazndola con ternura, como si fuera un tesoro.
    -Yo tampoco, preciosa -susurr junto a su boca. Vio cmo ella abra los ojos y la mirada que intercambiaron fue tan ntima como el contacto entre sus cuerpos saciados-, porque nunca haba estado enamorado. Hasta ahora.
    Margie le toc la cara, maravillada, y l cerr los ojos para disfrutar de la caricia ms intensamente.
    -Te quiero -murmur ella, y esas palabras fueron ms sentidas que nunca-. Con todo mi corazn. En cuerpo y alma. Y quiero que tengamos muchos hijos.
    l abri los ojos. Le retir el pelo de los lados de la cara y los dedos le temblaron.
    -Nunca pens que pudiera amar de esta manera -confes-. Te necesito tanto como respirar, lo sabes?
    -Es recproco, cario -replic ella, y consigui esbozar una temblorosa sonrisa-. Quiero drtelo todo.
    -Ya lo has hecho -le record l, y una sonrisa suaviz su cara y su voz-. Y me imagino que esperars que me porte como un caballero y me case contigo.
    -Y arruinar una relacin tan bonita? -dijo, espantada.
    l la seal con la nariz y levant una ceja.
    -S que le gusta ser independiente, seora Novelista Famosa -dijo-, pero si no accedes a casarte conmigo ahora mismo, te llevar abajo y anunciar en ese saln lleno de invitados que ests embarazada.
    -Cannon! -exclam ella, horrorizada-. No sers capaz!
    -Ponme a prueba -desafi l-. Dios mo, eres un cmulo de contradicciones. Cuntos de tus lectores saben que tienes una mentalidad tan victoriana? A m no me importara contarlo todo. T, en cambio, te pones colorada slo de pensarlo.
    Margie se ri, avergonzada.
    -Y a ti te pasa al revs -seal-. Ay, Cannon, los de la junta directiva se van a quedar de piedra, no te das cuenta?
    -Al cuerno con la junta directiva, vas a casarte conmigo o no? -murmur cubrindola de besos-. Piensa lo perpleja que se quedara mi madre si le digo que a lo mejor ests embarazada... Y la verdad es que quiz lo ests ya -susurr en su boca, y apoy una mano en su vientre.
    -Un poco impaciente, no? -brome, pero la idea la haca estremecerse de emocin.
    -El mes que viene cumplir cuarenta -murmur l-. En serio te parece un poco prematuro? Si es as, puedo...
    -No, no me parece prematuro -respondi, y lo hizo callar con un beso-. Yo tambin quiero formar una familia. Y tengo un traje de cristianar de mi abuela...
    -Los Van Dyne tambin tenemos uno -replic l. Y sonri-. Quiero diez.
    -Diez? Ay! -exclam cuando las manos de Cannon se movieron.
    -Podemos regatear -se ri con ganas-. Cuntos quieres?
    La magia volva a tener efecto sobre ella.
    -Diez -dijo rindose-. Doce, quince... Los que quieras, pero bsame.
    l sonri con aire triunfante y su boca se pos amorosamente en la de Margie.
    
    
    Los invitados acababan de dar cuenta de la ensalada y se estaba sirviendo el primer plato cuando Cannon y Margie aparecieron en el comedor, tomados de la mano y agradecidos porque nadie hubiera advertido su llegada.
    Victorine se levant y fue hacia ellos.
    -Ya era hora -les espet, y luego sonri-. Pero miraos un poco, por favor...
    -Fue sugerencia tuya -le record Cannon con una sonrisa cmplice.
    -Estis ms despeinados que antes -replic su madre-. Slo os perdonar si decs la palabra mgica.
    l alz una de sus espesas cejas.
    -Boda? -sugiri concisamente.
    La anciana resplandeci y abraz a Margie con verdadero cario.
    -Te dije que mis hijos eran sensatos -se ri-. Cannon es capaz de reconocer lo bueno cuando lo tiene delante.
    -Bah, no se trata de eso -le confes Margie con una mirada pcara dirigida a Cannon-. Es que ha cedido a mis encantos y ahora tendr que casarme con l.
    Victorine frunci los labios mientras miraba a su hijo.
    -No te da vergenza? -pregunt-. Pensar que eres un hombre fcil!
    l se ech a rer y rode a su madre con un brazo y a Margie con el otro.
    -Pensarlo? Ya lo sabe -sonri a Margie y le gui un ojo-. Vamos a comer, estoy muerto de hambre!
    
Fin
